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Coma empírico. Una letra de fondo

Las ideas saltaron por los aires. Llevaba tiempo cebando una bomba de relojería en su cabeza. Ocurrió una noche de junio, cerca del solsticio. Se había acostado con la convicción de que no pegaría ojo y fue el ojo derecho quien le pegó a él. El interior del párpado estaba tatuado con muchos asuntos pendientes. 
En un momento dado, sin saber cómo, se durmió. Entonces volvió a ocurrir. Su ‘bocadillo’ (ese que sirve para poner palabras en las viñetas) estalló. Literal. Como sucede con una tubería cuando revienta, el caudal de imaginación y textos escritos en mente, paralelos a lo dicho, era imparable y abundante. El Sr. Dado, su vecino, le encontró en el suelo, en un charco de palabras, ocurrencias, expresiones, anotaciones, genialidades, puntos y giros. 
Ya en la unidad de cuidados cognitivos la doctora Quicio se encargó de su “Coma empírico”. Un término que ella acuñó por ser el segundo que sufría Pol en dos meses. Tenía sentido. Ambos provocados por idéntica causa, un enfrentamiento dir…

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