DE FEMINISTAS Y SUGAR DADDY’S


Por Candela Guevara


Vaya, ¡cómo está el mundo! El femenino sobre todo. Y es que sinceramente, no hay quien nos entienda, a las mujeres, claro. Tengo una amiga... que siempre ha militado como feminista y últimamente me tiene preocupada: se confiesa cansada, así en general, cansada de la vida, de la lucha de cada día, de demostrar cada segundo ante los demás y sobre todo ante sí misma que “las mujeres podemos”, pero me decía ella con cara compungida: “y qué pasa si no podemos más, ¿qué pasa si nos cansamos de poder con todo?”. No pude responderle en ese momento, más que nada porque yo hacía ya un tiempo que me sentía igual: abrumada, cuanto menos, por el hecho de ser mujer en una época donde no se hace nada más que reivindicar el derecho a la igualdad. ¿Contradictorio? Sí, desde luego. Pero no deja por ello de ser cierto.

Las mujeres hemos conseguido mucho en estos últimos años y todavía nos queda un largo camino que recorrer, tanto personal como colectivamente; y una, hay veces, que ya se cansa de llevar para este camino la maleta tan cargada, los zapatos inapropiados y, sobre todo, de no verle fin al jodio caminito. Y me pregunto yo, ¿es tan malo desear que aparezca un hombretón que la retire a una pero bien retirada? Y nada de medias tintas: un retiro en toda regla. ¿Es este pensamiento inmoral o incompatible con el hecho de defender los derechos de mi propio sexo? ¿Está mal desear dejarse cuidar? ¿Mimar? ¿Consentir? ¿Está mal sentirse cansada de luchar? ¿Es malo querer cambiar el modelito de Superwoman por uno de Prada? Si yo voy a ser la misma, pero mejor, vamos, mucho mejor...

Y lo peor, no son estos pensamientos que invaden mi cabeza cada tarde cuando llego a casa, cada mañana cuando suena el despertador y no atino a pagarlo, y cada fin de mes... Lo peor es que se ha convertido en uno de mis “mantras”, que yo ya cuando voy a yoga no digo ‘OMMM’ me repito a mi misma: ‘Sugar Daddy aparece, por favooooor’. Mi abuela que era muy refranera decía, “cuidado niña con lo que deseas porque se puede hacer realidad”. ¡Dios te oiga abuela! Y que me perdonen el resto de mujeres que nunca se hayan sentido así, las feministas, las infatigables luchadoras y la Madre Teresa de Calcuta. Puede que esto sea como una epidemia moderna del siglo XXI o enajenación hormonal transitoria, no lo sé, pero tal vez, mi amiga y yo no seamos las únicas en tener tan “inconfesable” deseo. Y si fuera así, por qué negarlo.

Harta de ser autosuficiente y de mi propio cansancio, me he abanderado como la “futura consentida” de un ‘SUGAR DADDY’, así en mayúsculas. Quiero sentir la placidez espiritual que otorga el dinero [más bien el gasto totalmente superfluo], y además que no sea mio, no sé le confiere hasta algo obsceno que no deja de inquietarme... Dónde estarán esos hombres rumbosos, que están dispuestos a complacerte a golpe de talón. Y no hablo de esos que te llevan de compras y dicen hinchándoseles el buche como a palomos: “nena, cómprate lo que quieras que te lo regalo yo” [acompañando la frase, palmadita en el culito, claro, si no, no es lo mismo]. Pero bueno, ¿cómo se atreven? ¡Si resulta que estas en Zara y son las rebajas!!! Esos si que ofenden al género femenino. Yo hablo de los otros, del que le regaló los diamantes a Marilyn, del que te lleva a cenar a París en su jet privado, a la Ópera en Milan, a tomar el sol en su yate... y encima son tan sumamente ideales que terminan su frase diciendo: “bueno... si quieres”. Pero, ¡cómo no voy a querer! Si estoy como loca por ser una ‘Sugar Babe’.

Habrá alguien que piense que todo esto es hasta ofensivo, ¿lo sería menos si el Sugar Daddy fuese mujer? Dejémonos de hipocresías. Lo hemos pensado todas al menos una vez al mes, cada vez que... e hinchada, dolorida y hasta arriba de calmantes ha sonado el despertador y te das cuenta que tan sólo es martes, que hace frío [y más que va a hacer], que es fin de mes, y que todavía te queda: miércoles, jueves y viernes, y ¡Alá guapa, otra vez a empezar!

Cuando acaban estos momentos de posesión pseudo demoniaca, petarda y superficial dignos del más grande de los exorcismos, me miro en el mismo espejo que Joan Collins en Dinastía y no sé si me gusta lo que veo y me pregunto: realmente, nena, ¿es eso lo que quieres? Después de todo lo que nos ha costado llegar hasta donde estamos, de lo orgullosa que esta tu madre de ti, tus amigas, tu conciencia, ahora ¿lo tiramos todo por la borda? Y en lo más profundo de mi ser, sé que no, que al final triunfaría la razón sobre el dinero, la conciencia sobre la visa platino, la lucha cotidiana frente al jet y el yate, el traje de superwoman frente al de Prada o Gucci... No, no y no, yo no soy así... O bueno, tal vez, sólo tal vez, sí.

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