Sentido, comunicación y sensibilidad

Red.: Daniel Seseña
Foto: Bernardo Doral

Se llama Iñaki Gabilondo, nació en San Sebastián un 19 de octubre de 1942 y es uno de los grandes referentes del periodismo español. Más de cuarenta años comunicando no parecen haberle desgastado. De éso ya se ha encargado el “veneno político” en los últimos años de radio. Sin embargo, cuando muchos de su quinta llevan una década jubilados, él decide asumir el reto de capitanear ante las cámaras el informativo estrella de CUATRO. Mientras charlo con él, me siento como en una entrevista recíproca dentro de un programa de radio. ¿La verdad? Un placer. Pero no es fácil entrevistar a un maestro de las entrevistas. Y claro, qué ocurre, que cuando llega ese instante tan particular de lanzar la primera pregunta... uno se queda en blanco o se le pasa por la cabeza la pregunta más chorra [perdón por la expresión] posible. Disculpen, en mi caso ocurrió lo segundo.

¿Por qué Ramón Arangüena, cuando interpretaba a aquel periodista patoso, preguntaba a sus entrevistados: ¿Qué fue de su agria polémica con Iñaki Gabilondo? ¿Usted sabe por qué lanzaba esa pregunta?¿Estaba al tanto?

[Risas] Sí, claro. Él me avisó... ¿Qué ocurría? Pues que tus imágenes van acompañándote a lo largo de tu vida en función de la actividad que desarrolles. Durante una época tenía fama de de ser un tío muy serio y muy seco [cuando presentaba el Telediario]; luego hice un programa de temas más sociales [En famila], parecía la madre Teresa. Después tuve fama de nacionalista, luego de ser del PSOE, etc. Ramón Arangüena utilizó mi imagen para componer una especie de imposible metafísico, porque: ¡Quién iba a tener una ágria polémica con Teresa de Calcuta! Él suponía que nadie podía enfadarse conmigo...

Qué curiosa visión, ¿no?

Sí, sobre todo cuando hoy media España no ve esa imagen ni por asomo. Vamos, que hoy esa media España, si pudiera, me los cortaba... Y eso que soy el mismo, ¿eh?

Es que 20 años en un programa diario a primera hora de la mañana...

Hoy por hoy: Séis horas diarias en las que hablas de política, economía, sociedad, deportes, cultura, de la vida cotidiana, de todo... Ahí te presentas como eres. Muchas horas a diario. La gente que me ha conocido en esta etapa, me ha conocido. Yo soy como he sido en Hoy por hoy, para bien o para mal.

Y como tal, usted has creado una referencia única en el periodismo. Hay que ser consecuente...

Me siento un privilegiado por la experiencia vivida. He conocido a “todos” los escritores, músicos, políticos, médicos, etc. Es un lujo que muy pocos tienen a su alcance, soy consciente de ello y por ello lo primero que he exigido siempre a mi equipo es dar lo máximo y por debajo de eso: nada.

¿Alguna vez en tantos años, durante un programa, se ha olvidado de que estaba en la radio y ha dicho algo que no quería decir?

Nunca. Jamás se me ha olvidado que hay un oyente. Nuestro trabajo sólo se justifica en que nuestro destinatario se llama Mari Carmen tiene 34 años, tiene una cama, se levanta a las siete y nos escucha. Así evitamos que nos aturda toda esta especie de barullo paralelo: que si Polanco, que si el PSOE, que si la COPE, que si tal... A lo largo del día Mari Carmen se difumina, luego la recuperas. A esa persona le debes tu honestidad, tu mejor capacidad. Ésa siempre ha sido la obsesión compartida con mis compañeros de profesión.

Mucha responsabilidad

Muchísima. Todo lo que he dicho, a veces mal, pero siempre ha procedido sinceramente de mi punto de vista. Nunca se me ha escapado nada. Puede que haya estado torpe, que me haya dejado llevar por la ira en un momento dado; pero no hay un solo argumento que haya utilizado en Hoy por hoy sinceramente mío. Y me gustaría saber quién me ha pillado en una contradicción.

La seguridad con la que se expresa siempre es contundente ¿Nunca ha tenido momentos de duda? De esos en los que, ante un acontecimiento muy reciente, uno no sabe por dónde tirar.

Sí. En caso de dudas siempre salí por lo más progresista; por el terreno que más libere a las personas. Cuando por ejemplo se da el tema de los matrimonios homosexuales, la gente me decía: “Iñaki, es que tu eres muy moderno”. No, yo me he educado en la cultura que me tocó, a mí también me llama la atención, yo también vivo ese estupor; pero el problema no está en que yo tengo que aceptar esa realidad cuando supere mi estupor, sino que tengo que analizar y ver que es un asunto de justicia, y como tal es mi causa. No tengo que esperar a entenderlo. No soy negro y entiendo la causa de los negros en Sudáfrica; no soy mujer y entiendo la causa de las mujeres.

Entre las miles de noticias que contiene un día ¿cómo encuentran las que merecen la pena llevar hasta Mari Carmen?

[Risas] Con la mecánica profesional, con exigencia. Me siento un privilegiado. Muchas veces me he preguntado: ¿Qué me legitima a mí para estar aquí en lugar de estar oyendo? Este planteamiento me ha dado siempre una enorme exigencia. Por tanto los que trabajen conmigo tienen que dar el máximo de nuestra capacidad. Nuestro límite es nuestra capacidad. Ni un poco menos. Por tanto, el desarrollo durante años de esa actitud se convierte en una gimnasia y esa práctica te lleva a determinar qué tengo que contar.

Fernando Berlín, director de Radiocable.com, hoy es colaborador imprescindible en asuntos de sobre Internet en la SER... Repito el tono de la pregunta anterior: ¿Con tantos personajes que da la actualidad, cómo se descubre a talento como él?

Necesitamos saber qué está pasando cada día. Sólo hay un 8 de julio de 2006, por ejemplo. Cada día tiene su porqué, es único... Entonces, nuestro trabajo consiste en oler ese cambio, ese particular raso del día de hoy. Esto te obliga tener una alerta permanente ante las cosas, a tener imaginación. Nuestro equipo tenía por misión marcar un territorio concreto de la realidad. Yo puedo saber lo que preocupa al ámbito que yo marco, pero igual no sé lo que preocupa en el mundo rural. Teníamos en el programa gente que nos lo contaba... Un día llego a la redacción y pregunto ¿qué son tazos? Nadie lo sabía; yo tampoco, pero había leído que un periódico iba a repartirlos con el número de ese día. Resultó que eran unos artilugios para niños... me dije: “Acabamos de darnos cuenta de que el mundo de los niños que afecta a millones de personas no está recogido aquí. Necesitamos a gente en el equipo con niños”. Lo mismo me pasó con el mundo de Internet. Dije a mis chicos: Atención, quiero todas las antenas puestas, a ver qué pasa por ahí”. Un día me dicen que han encontrado a un chico que ha entrevistado a Felipe González en una conferencia, cuando en aquella época se escondía de los medios [año 97] y ni un medio daba con él; y lo ha hecho desde su casa a través de una emisora de radio por Internet. Y cuando lo encontré ¡Zas! [con gesto de abrazar - atrapar al mismo tiempo] ya no lo solté.

¿Alguna vez, observando el día que empezaba, has tenido de callar?

Sí. Siempre por la política, siempre por la tensión de la política. Siempre me ha gustado mucho hacer el programa entre las 9.30 y 12.30. El tramo anterior, muchas veces relacionado con la política no me ha gustado hacerlo.

Pero la política es “algo” que pasa

Bueno, me refiero al encabronamiento político, al juego sucio, el veneno político, las guerras que se desencadenan a tu alrededor, y uno se ve ahí en medio... Es la parte que me ha pesado más y por la que yo estaba deseando terminar. Por lo demás me hubiera tirado 20 años más. Al final, todos los domingos por la noche estaba angustiado. No es para eso para lo que yo madrugaba, no es para eso para lo que Mari Carmen ponía la radio y no es para eso para lo que yo estudio, me preparo, leo, vivo y reúno a mi gente.

¿Cómo se lleva internamente?

Muy mal. No estoy acostumbrado mentalmente. No me va tener tanto protagonismo en este capítulo, ni que me llamen los ministros a casa, ni los políticos... Es un mundo que conozco porque he vivido en él durante 20 años, pero no me va.

Sin embargo, consiguió que los espectadores viéramos una imagen insólita en su informativo de Cuatro: una conexión en directo con una ministra, siendo ella misma la que sostenía el micro mientras respondía a sus preguntas.

No puedo negar que tengo unas posibilidades de contacto muy buenas. Es una ventaja también el hecho que mucha gente que no se pone al teléfono con un redactor del equipo, sí lo hace si yo llamo. Bueno, por el momento todos me atienden. Mi vida profesional ha sido una gozada y ahora estoy teniendo la suerte de disfrutar en este nuevo proyecto.

De la radio a la tele ¿Qué cambia frente a la cámara de un informativo?

Quiero matizar una cosa antes: yo doy por concluída mi vida profesional. He dejado a buen recaudo una historia radiofónica muy brillante y ahora me permito durante un año o dos ayudar, en la medida de mis posibilidades, a desarrollar un proyecto nuevo. Pero yo no he empezado de nuevo una carrera profesional en la televisión. No tengo un objetivo de construírme un camino en tv. Es un regalo que a mi edad me ofrezcan esta oportunidad. Tengo la posibilidad de aprender, de divertirme y quiero aprovecharla.

¿Y se divierte?

Digamos que de momento, por una cuestión técnica, me descoloca. Tengo que interpretar ahora mi papel de comunicador y antes no tenía que interpretar nada. Por eso la comunicación radifónica es más directa; la comunicación visual parece que es más completa, pero es más incompleta. Por ejemplo, si mañana yo le digo a los espectadores que tengo una exclusiva porque Dios me ha contado a qué hora va a ser el fin del mundo, y estoy yo con la bragueta abierta... [risas]. En resumen, los elementos visuales en lugar de completar la comunicación, la dispersan.

Ha dicho “un año o dos” ¿y después? No es que quiera agobiarle, pero eso de no dejar de aprender...

Efectivamente, cuando termine aquí me iré a la universidad a estudiar otra cosa, que me dé la oportunidad de estar con gente joven, que es lo que hecho toda mi vida. En la radio, la gente de mi edad estaba jubilada diez años antes.

¿Qué es el silencio?

Lo que todos los muy locuaces practicamos mucho. Soy muy hablador, pero puedo tirarme días sin abrir la boca. Es una necesidad y se ha descubierto que es algo que muy poca gente se atreve a afrontar. Por eso Luis del Val y yo creamos la asociación de enemigos de la música de fondo. Porque el hórror vacui [horror al vacío] hace que en los ascensores pongan música de fondo ¿Por qué? El silencio da pánico.

¿Qué noticia te gustaría contar por encima de todas?

El fin de la violencia de ETA. Yo he conocido Euskadi sin terrorismo. El terrorismo lo empezó la gente de mi generación, soy vasco, de San Sebastián, he asistido a ese fenómeno, a esa degradación... El final del terrorismo forma parte de mi deseo vital. Daría cosas muy importantes por ello, pero muy importantes. Sinceramente, en mí, en mi vida, en mi mundo, en mi personalidad, es la noticia más importante que quisiera dar. Soy consciente de que es tan tópica que la podría decir cualquiera, pero te juro que en mi caso responde a algo muy profundo.

Un titular: ¿Qué es España?

España es un abrazo pendiente.

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