Por Candela GuevaraEl otro día mi chico y yo alquilamos a la desesperada una película para pasar la velada del viernes noche. Terminamos con ‘Instinto Básico 2’, no me pregunten por qué... Sinceramente es una de las películas más malas que he visto últimamente, sobran hasta los comentarios. Lo cierto y verdad (como diría Iker Jiménez al hablar de un fenómeno paranormal) es que me hizo reflexionar, no sobre nada profundo y trascendental, qué va. Allá que voy con mi reflexión: ¿Será posible que haya mujeres tan perversamente sexys y seguras de sí mismas las 24 horas del día, como el papel que interpreta la Stone (por cierto, está estupenda, de guapa digo)? Pues no crean que han pasado los días y me lo sigo preguntando.
Bueno, pues ahí estuve yo, pensando en lo complicado y sobre todo cansado que resultaría ser arrebatadoramente sensual cada segundo del día. A mi chico le resultaría igual de cansado porque a los cinco minutos de metraje ya estaba dando cabezadas... Con lo cual me llevó a otra reflexión: ¿Realmente a los hombres les gusta una mujer tan segura de sí misma, de sus encantos y con ese manejo tan abrumador de su sensualidad?? Vaya, parece que por los ronquidos que emitía, al mío por lo menos le puede llegar a parecer hasta aburrido. ¡¡Uff, qué alivio!!
Y es que, sinceramente para ser tan sexy hay que tener tiempo. No me creo que nazca nadie con semejante control de poses. Vale, puedes resultar tremendamente sensual, dar morbillo (que dirían otros), pero esa seguridad sobre ti tan abrumadora, esa confianza en que todo el mundo quiere acostarse contigo porque realmente eres una fábrica de hormonas sexuales ambulante y las emanas y controlas su intensidad a tu antojo. Eso, hombre, tiene que ser mentira. Y yo me pregunto: ¿Y dónde queda la naturalidad en estos casos? Debe quedar donde acaban sus afiladísimos tacones.
¡Ay si solamente con pensar en un día dedicado a ser sexy, me agota! Repasemos de lunes a viernes, me tengo que olvidar del tema, no tengo tiempo. A ver: diez horas en la ofi (en el mejor de los casos), más el transporte, paso de las 11 h. Llego a casa: saco a la perra (como me da pena que esté sólo todo el día, le doy un buen paseo, mínimo 30 mn. ¡¡Pobrecita!!!). Estoy agotada: no bajo al gim. Mi chico me llama: se retrasa. Preparo la cena. Hago unas llamadas (la conversación con mi madre me deja prácticamente sin fuerzas). En el sofá: seguro que me duermo viendo alguna serie. Antes, unos minutos dedicados a pensar en: tengo 35 años, en algún momento tengo que decidirme a tener hijos... ¡¡¡Ufff, esto es muy poco sexy!!! Instintivamente cruzo las piernas más de manera defensiva que a lo Sharon Stone.
Bueno, pues ahí estuve yo, pensando en lo complicado y sobre todo cansado que resultaría ser arrebatadoramente sensual cada segundo del día. A mi chico le resultaría igual de cansado porque a los cinco minutos de metraje ya estaba dando cabezadas... Con lo cual me llevó a otra reflexión: ¿Realmente a los hombres les gusta una mujer tan segura de sí misma, de sus encantos y con ese manejo tan abrumador de su sensualidad?? Vaya, parece que por los ronquidos que emitía, al mío por lo menos le puede llegar a parecer hasta aburrido. ¡¡Uff, qué alivio!!
Y es que, sinceramente para ser tan sexy hay que tener tiempo. No me creo que nazca nadie con semejante control de poses. Vale, puedes resultar tremendamente sensual, dar morbillo (que dirían otros), pero esa seguridad sobre ti tan abrumadora, esa confianza en que todo el mundo quiere acostarse contigo porque realmente eres una fábrica de hormonas sexuales ambulante y las emanas y controlas su intensidad a tu antojo. Eso, hombre, tiene que ser mentira. Y yo me pregunto: ¿Y dónde queda la naturalidad en estos casos? Debe quedar donde acaban sus afiladísimos tacones.
¡Ay si solamente con pensar en un día dedicado a ser sexy, me agota! Repasemos de lunes a viernes, me tengo que olvidar del tema, no tengo tiempo. A ver: diez horas en la ofi (en el mejor de los casos), más el transporte, paso de las 11 h. Llego a casa: saco a la perra (como me da pena que esté sólo todo el día, le doy un buen paseo, mínimo 30 mn. ¡¡Pobrecita!!!). Estoy agotada: no bajo al gim. Mi chico me llama: se retrasa. Preparo la cena. Hago unas llamadas (la conversación con mi madre me deja prácticamente sin fuerzas). En el sofá: seguro que me duermo viendo alguna serie. Antes, unos minutos dedicados a pensar en: tengo 35 años, en algún momento tengo que decidirme a tener hijos... ¡¡¡Ufff, esto es muy poco sexy!!! Instintivamente cruzo las piernas más de manera defensiva que a lo Sharon Stone.
Antes de acostarme, un poco más de agobio pensando en que es martes y me queda más de la mitad de la semana, y lista para... ¡¡¡Dormir!!! No se crean, la situación el viernes (por ser fin de semana) no mejora, estoy más cansada. Los viernes lejos de arreglarme más, me pongo mis vaqueros más viejos y me voy con mi chico a tomarnos unos vinitos, a cualquier sitio cerca de casa. Luego nos dormimos abrazaditos, poco sexys los dos, eso sí, pero agustito pensando en los dos días que tenemos por delante.
Sábado y domingo: la semanita se materializa físicamente de golpe, más que parecer sexys parece que nos hemos quedado medio tontos (hay veces que hasta de baba). El cuerpo no da para más: un poco de relajación, marujeo doméstico y algún que otro compromiso con parejas tan poco sexys como nosotros y de concedernos licencias gastronómicas exculpadas por lo mucho que te las mereces, y claro el sentimiento de culpa posterior no ayuda a sentirse sexy.
Domingo por la noche: síndrome vuelta al cole (no hay palabras) y vuelta a empezar. Esto se parece más ‘al día de la marmota’ que a ‘Instinto básico 2’. Menos mal.

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