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DEL HOTEL EXISTENCIA A MI COSECHA

Será que los fines de semana invitan a pensar en nuestro espacio. Es posible que tras la vorágine de la semana, el “Viernes - Domingo” se convierta en el pequeño resquicio personal hacia la autonomía. Y seguramente cuando llega el lunes, ya hemos dado un paso más en nuestra lucha por conquistar (y/o consolidar) nuestro lugar. Pero queda mucho por recorrer.

Entre tanto quiero hospedarme un rato en el Hotel Existencia. Ese espacio inventado por Paul Auster para Nathan en Brooklyn Follies; el sitio en el que todos querríamos estar, se llame como se llame. Como ocurre con Cicely, el Hotel se convierte en un lugar utópico para vivir y sobrevivir. Es ese chiringuito que querríamos montarnos en la playa no turística; el proyecto rural que te permita abandonar la ciudad; la excusa para romper con los convencionalismos y por fin, invertir en uno mismo... ¡Pero de verdad!

Cuántas veces lo hemos dicho, cuántas palabras han volado por los aires (en ambos sentidos lo expreso) sin destino alguno. Cuántos negocios de éxito nos hemos inventado. Cuántas productoras hemos ideado. Cuántos formatos geniales hemos desarrollado. ¡¡¡¡Miles!!!! Joder, si es que somos unos putos genios. El problema es que la genialidad no es nada sin alguien que se enamore de ella y la... patrocine.

Lo que más me mosquea es pensar en aquella palabra del “Apache” (mi profesor de lengua en 3º de BUP), que tras un rato de cachondeo nos decía: “Ay, qué graciosos sois, qué fuertes os sentís... Pero la vida pasa muy rápido”. Vamos, lo que hemos escuchado tantas veces o leído en tantos libros en boca de tantos personajes. Pero es que es verdad. Yo ya sé que no me voy a forrar con una ida genial, ni voy a dar con el negocio del siglo, ni me van a dar la palmadita en la espalda que me lleve hasta lo más alto... Así es, lo sé y lo mejor: no me importa.

Y aquí es donde me encuentro con Cicely o Existencia. Son ese punto en la vida en el que tras mucho recorrido tomas consciencia de que tu retina percibe los grises. Lo absoluto por fin pasa a un segundo – tercer plano. Que pasen los que vengan con prisa. Mi meta ahora es, no un hotel, pero sí una habitación con vistas a la “Bahía de mi cosecha”.

*La foto pertenece a El Rincón del Alde

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Recomiendo el íncisivo comentario de Elvira Lindo en Elpais de ayer sobre las "tribulaciones" de Ph. Roth en su vejez.
TP

Al "caminante no hay camino, se hace camino al andar" de Machado, podriamos añadir "Bloguero, no hay destino, tu destino es su búsqueda."
Daniel Seseña ha dicho que…
TP, ayer lo leí y gracias por relacionarlo con este post. Es un placer y da sentido a este tinglado blogosférico el hecho de que lectores como tú comentéis los artículos.
Yak ha dicho que…
Quién no sueña con la gran idea?? Yo creo que todos la tenemos, lo que pasa es que no sabemos reconocerla...

Un saludo,


Yak
El Alde ha dicho que…
He visto tu enlace a mi página en el blog de technorati y he entrado al post. No sé si leerás el comentario porque es de hace mucho tiempo pero bueno, ahí voy.
Primero aclararte que la foto no es mía, el autor se llama Von Frank aus H. y la foto se llama Brooklyn Washington Str., más que nada para que no tengas problemas con los derechos de autor. Si se pone el puntero sobre la foto, en mi blog, aparece la información.

Y segundo, me ha gustado mucho la entrada que has escrito. Brooklyn Follies es el libro de Auster más optimista de los que he leído, además de que me ayudó mucho en un momento de mi vida un poco de crisis existencial, lo que me vino bien para salir un poco adelante. Ahora recuerdo esa época como un período de muy serias reflexiones que me han llevado a estar como estoy.
Vendré de vez en cuando a visitarte, a ver si te enlazo.

Un saludo

El Alde
Daniel Seseña ha dicho que…
Gracias por la aclaración, Aldebarán. Normalmente pongo de dónde he sacado las fotos que cuelgo. Independientemente del autor. Pero está bien que me lo digas, no conocía a Von Frank... "Nunca te acostarás sin leer en un comentario una cosas más".

Felices fiestas y me alegra que compartamos entusiasmo por Brooklyn Follies. Yo también lo leí en un periodo... intenso y fue un bálsamo buenísimo.

Salud!

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