Ir al contenido principal

TRÁFICO DENSO DIRECCIÓN DIÓGENES

Toca pasar la ITV y aunque no soy de los que utilizan mucho el coche, no puedo evitar estos días fijarme en los turismos ajenos. Concretamente en sus parabrisas y en sus asientos delanteros. Por qué, porque después de un paseo largo, me fijé en que muchos parecen profesar una religión pro ITV que no termino de comprender. Ahí lo veis... Ristras de pegatinas caducadas. Me fui a bucear por la normativa y según ésta –les digo a los coleccionistas de años pasados- podéis estar tranquilos: ¡no es obligatorio apilar fechas, vale con que dejéis visible la última! Lo digo por si no lo sabíais.

De igual modo, también podéis quitar los chalecos fosforitos de los asientos delanteros. En efecto, tampoco la Ley os obliga a ponerlos como camisetas en los respaldos. Veo que unos cuantos se han tomado muy enserio aquello de llevarlos a mano en el coche. En fin. Que no pasa nada por dejarlos plegados en la guantera, eh? No se inflan como los de los aviones...

Volviendo en dirección pegatas de colores, digo yo que igual es un reflejo de lo que cuesta desprenderse a veces de elementos del pasado, de recuerdos, de cosas que han significado algo en épocas anteriores. Recomiendo un paseo –con mirada cínica- por la wiki de Diógenes Laercio. Aboguemos por la catarsis doméstica, material, tiremos cosas de una vez y centrémonos en lo que hay y como consecuencia, lo que vendrá. Pero sin pasarse con extrema atención a futuros, porque como decía el maestro Lennon: El presente es aquello que se pierde mientras miramos al futuro. Y añado: también nos lo podemos cepillar -el presente- si le damos demasiada bola a lo vivido en pretéritos perfectos.

*La imagen superior pertenece a bp3.blogspot.com

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Mañana comento algo sobre lo que escribes hoy. Es sugerente, vaya si lo es.....
Alejandro M.

Entradas populares de este blog

Un cruce figurado

Bloqueado, sin respuestas ni preguntas, con vista cansada y voz sin fuerza, como un fundido a negro (como se diría en modo audiovisual) y sin opción de empezar de cero en otra pantalla. Más o menos es el atuendo emocional con el que esa mañana se levantó Alexander. Y eso que el día anterior había sido de esos que enriquecen y dejan recursos para una larga temporada. Por ejemplo había vendido su última novela (El crimen y la gestión aparte) a su editora; la película de North, su mujer, titulada Sabias con más de un tema, estaba triunfando entre crítica y taquilla; la gotera del salón se había convertido en agua pasada; y por fin había llegado la lámpara alemana de los años 30 que compró a una "retroanticuaria" virtual. Pero la mente manda, con sus normas y tiempos.

North había salido temprano a una rueda de prensa y él tenía que terminar un artículo sobre ironía de la vida. Así que asumido el bloqueo bajó al Nitty a desayunar. En el fondo de un charco se encontró …

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…