Ir al contenido principal

MERECE LA PENA SABER PERDER

Como ya comenté en algún post anterior, hasta ayer estaba con Saber perder (David Trueba). La aventura se terminó ayer y en una primera valoración sobre la novela sólo puedo decir que me ha encantado. Son quinientas y pico páginas que se hacen cortas y que paradójicamente no necesitan la compañía de otra más. Cuatro historias magníficamente hiladas a través del vínculo familiar que tienen en común. Una catarsis permanente en un mundo que los personajes hacen crudo -y algo tierno- desde sendos fueros internos… El exterior sólo es el panorama, que aprieta mucho, pero son los lastres emocionales los que castigan hígados, cerebros y otros instrumentos.

Es un libro, pero es una película. Es una película, pero te recreas en ella como sólo lo puedes hacer con un libro entre las manos. La habilidad de David Trueba es saber aplicar la inteligencia propia a la hora de contarnos –desde su punto de vista- a los lectores cómo muchos tienen que aprender a saber perder. Saber perder es muchas cosas. Hay que saber perder ante una derrota; hay que saber perder la fantasía de que el tiempo no pasa; hay que saber perder la dignidad para recuperarla después; hay que saber perder a un ser querido… son muchas pérdidas las que se nos presentan (me niego a hacer el chiste que podría venir a continuación para desdramatizar, está entre y sobre líneas, no?).

No digo más, sólo recomiendo acercarse a la tienda más cercana y hacerse con esta joya de David Trueba. Lo disfrutaréis.

¡Salud!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

El recorte tendido

Cuando Carlos se levantó todo estaba en su sitio, menos él, que se sentía de vuelta y media. Echó de menos el recorte de periódico que la noche anterior había tendido en la cuerda de las historias pendientes; junto a la ropa que no usa pero lava. Con el ritual del desayuno tuvo que combinar tostadas con hipótesis. La primera consistía en cuestionar la existencia del recorte, ¿habría sido parte de un sueño? La segunda, en desestimar la primera duda, ya que recordó que había escrito una nota en su móvil que aludía a la historia recortada. Tercera, pensó que se había levantado de madrugada y en un acto surrealista se la había ocultado a sí mismo. Y en la cuarta se preguntaba, si se lo había ocultado, ¿por qué lo había hecho?

Concluido el ritual y el desayuno, la respuesta llegó de forma natural. Sentado en el inodoro observó la posible escena delante de él. Se veía a sí mismo levantado de madrugada. Leía la historia del recorte entre la consciencia y el sueño. Su cara reflejaba dolor, rab…