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ABISMOS, LA TOSCANA Y EL AGUACATE

Ella había salido de un abismo brutal, él estaba dentro de otro… No se conocían, pero un kiosko de Madrid les unió. Los dos se agacharon a por la misma revista. No se golpearon la cabeza, pero sólo quedaba un ejemplar. A ambos les interesaba el mismo reportaje: la Toscana, el vino y los tiempos revueltos. El kioskero “Paquito” les propuso: jugad unos chinos. Él renunció, ella también. No sé si se gustaron, pero sí les gustó comprobar que otro compartía la misma neura.

Creo que ambos hicieron por prolongar la duda. Paquito se reía.

Ella había pasado por un infierno, él estaba en plena hoguera. Sendos trabajos les estaba pasando factura. Los dos eran periodistas puteados por artimañas ajenas. Los dos habían llegado a un punto de descreimiento insoportable. El objetivo era el verano en la Toscana. Desaparecer. Desconectar. Cambiar de vida. Romper con todo y con todos. Dos personas sin conocerse con problemas similares coincidían en un punto cualquiera de Madrid.

Ella se fue. Renunció a la revista. Se la dejó a él en sus manos. Él se quedó en blanco. Paquito atendía a una señora que pedía la colección de figuras de porcelana. Ella se alejaba dirección el metro. Él reaccionó; se fue tras ella. Se llevó el ejemplar sin pagarlo. Paquito hizo la vista gorda. Ella caminaba y sonreía; él no… le temblaba hasta el lobanillo que le había salido en la cabeza días antes.

Perdona, perdona… gritó él. Nada, nada, respondió ella. Toma, de verdad, quédatela tú. Gracias, pero puedo comprarla en otro kiosko. No creo, está agotada en todo Madrid. Jajajaja. Por qué te ríes. Por nada. Es cierto. No lo es, pero no me importa. Bueno. ¿Y ahora? Pues sólo se me ocurre preguntarte “por qué La Toscana”. ¿Y tú? No sé, me encanta la zona. A mí también. ¿Nos tomamos algo? Vale y después nos vamos a la Toscana. Venga.

Ella y él llevan juntos en Florencia 3 años. Se montaron un blog y colaboran para varios medios españoles e italianos. Plantaron un aguacate, hoy mide dos metros.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Ella estaba perdida en una nueva vida, él quizá nunca se hubiese encontrado. Ambos coincidieron, se miraron como nunca antes lo habían hecho con nadie. Estaba escrito, no podía ser de otra forma. Sus vidas se unieron y germinaron como sólo en contadas ocasiones lo hace un hueso de aguacate casero en una maceta para plantas de compañía. Ella se desnudó el alma y por fin, se dejó mecer suavemente por un viento del norte, fresco y limpio. Él maduró como el fruto de su amor y se hizo robusto y así el viento no lograría sacudirle como lo había hecho hasta entonces.
Entre vientos y vendavales, descubrieron una nueva forma de amar, de sentir, de pensar, de vivir. Si esto fuera la historia de La princesa prometida, descubrieron 'el amor verdadero'. Por cierto, para cuándo ese viaje a la Toscana?
Daniel Seseña ha dicho que…
Eso sí que es un comentario-prolongación del post. Muchas gracias "Anónimo" por molestarte en completar esta historia tan particular.

¿el viaje a la Toscana? Tengo que hablar con "él" para que me cuente... Pero por lo que sé creo que en el fondo siempre han estado en la Toscana. Y el viaje es indefinido y sólo de ida. Lo que hace que crezca son los destinos que van descubriendo a medida que pasan los días. Y son muchos, variados y extraordinarios.

¡Salud!
Anónimo ha dicho que…
Poesía, sensibilidad, imaginación, literatura, inteligencia, ironía, humor.
La clave: "Paquito hizo la vista gorda..."
He puesto riego automático en mi terraza para que no le falte agua a un aguacate que me regaló un hijo antes de irse a la Toscana.

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