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PARA PALABRA, LA TUYA

Madrid, última semana de agosto: la semana (para algunos) de la cita pospuesta con el dentista, exposiciones pendientes, paseos tranquilos por rincones ahora explorables libres de gentío, último desahogo antes de volver al tajo, la semana de las siestas interminables, pero sobre todo, para mí: la semana del cine. Vayas a la sesión que vayas, entre semana, estás casi solo en la sala. Y eso es un lujo. Alejado de las palomitas, de los que no callan ni debajo de la pantalla y de los absorberefrescos inagotables... una película se disfruta el doble. ¿O no?

Así que me metí a ver Una palabra tuya (Ángeles González-Sinde). Muy cerca estaba Carlos Boyero, por cierto. Pero para críticas la de Clara Sánchez (El País) ... Totalmente de acuerdo con cada... palabra. Se trata de una peli difícil, sin adornos, muy alejada de florituras (muy recurridas por muchos ante argumentos parecidos al que plantea la directora; por el contrario, es correctísima, sobria y profundamente austera. En ocasiones asfixia, pero también alivia. Alivia saber que aunque estamos solos (como en el cine), somos capaces tirar para adelante, previo autoentierro –eso sí- de ‘muertos’ propios y ajenos, fantasmas de nuestro pasado y de nuestro coco (tan propio).

Las protagonistas (Malena Alterio , Esperanza Pedreño y María Alfonsa Rosso) miran al futuro, pero pasado y presente ahogan –de un modo muy similar al que retrataba Gracia Querejeta en Siete mesas...- y mucho. Los actores interpretan a la perfección aquello por lo que la gran mayoría de los mortales, creo yo, pasamos cuando entramos en la treintena (e incluso la sobrepasamos hasta aproximarnos a los 40). La vida sigue (con o sin tu aprobación; contigo o sin ti). Y decenas de matices más que la película dibuja con gran inteligencia.

Me quedo con el arranque y con las miradas al pasado de las protagonistas a lo largo del filme. Me quedo también con la frase de Morsa (Antonio de la Torre) “Yo quiero dejar de ser hijo... yo creo que ya es hora de que presidamos la mesa”; y por supuesto con la conversación que mantienen Malena Alterio y el cura del barrio (más freudiano que cristiano). Son sólo pequeños ejemplos de la inteligencia de los diálogos. Y sobre todo, me quedo con el conjunto, en cuyo fondo siempre presente flota la maestría de Elvira Lindo. No dejéis de verla. ¡Salud!

Comentarios

Hache ha dicho que…
Uff .. estoy pensando ir al cine esta misma tarde. Sin palomiteros (lo siento pero no lo soporto) y sin gente que no recuerda donde está ... suena muy bien.

Leí el libro hace no mucho. Es una historia dura, real .. con unos personajes fuertes, aunque se tambaleen en ocasiones, son fuertes. Es un canto a la ilusión, al tirar "pa'lante". Me gustó mucho. Me llegó.

Cuando vi que se había llevado al cine ya quise verla.

Iré, ya te contaré.

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