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EL SECRETO CON CABEZA DE DIAMANTE

Estaba esta mañana cantando en la ducha la canción de Migraña tiene tres verbos y lógicamente rescaté a Rubén el mago del subconsciente. La noche anterior me había visto seis capítulos seguidos de En Terapia (In tratament) y me imagino que por aquello de rebuscar entre hipotálamos emergió a la luz el mentalista indigente de mi barrio.

Hace mucho que no le veo el pelo. La última vez que topé con él, volvió a dejarme en el sitio con uno de sus trucos geniales. Salía yo de la ferretería, necesitaba urgentemente una broca de 0'5 mm con cabeza de diamante para taladrar una pared más terca de una mula de carga (como los muros), y salí con la varita mágica perforadora, encantado de la vida.

Rubén estaba haciendo de las suyas, sin público como siempre, subido a un cajón de cervezas. Su chaqueta de impoluta mugre era la misa de siempre. Acércate, me dijo. La misma barba, idénticas botas de montaña, el mismo olor a 4711.Piensa en algo y no me lo cuentes. Asentí y pensé. ¿Lo tienes? Lo tengo. Ahora bájate, apóyate en ese coche y no pierdas de vista mis manos... Expectante, obedecí.

Se le pusieron los ojos en negro, después en verde, pasaron a gris y después a blanco roto. Pensé en el tiempo que llevaba sin comprar secreto ibérico en la carnicería de Pilar Dedal Milésima. Sí, no me salió otro pensamiento, era lo más alejado que pude estar del deseo de taladrar mi obstinada pared. De pronto, Rubén paró... Levitó y al volver a poner los pies en el cajón resolvió.

¡Tú lo llevas! Después se abrió la chaqueta y de ella extrajo un viejo papel en blanco. ¿Yo lo llevo? Sí, un secreto es un secreto... no puedo desvelártelo. Y se puso a cantar: Migraña tiene tres verbos, tres verbos tiene migraña. Ya sabéis, su recurso prestidigitador poético. Me dio el papel. Y antes de recoger sus cosas, cajón incluído, sentenció: toma el papel, arrúgalo y tíralo lejos del contenedor de reciclaje... a ver qué pasa.

Me alejé de todo elemento de reciclaje y lo lancé como un globo al cielo. Al caer, el papel estaba más arrugado. Lo abrí y en él había escrito un texto. Tú no quieres secreto ibérico, quieres entender lo que se esconde tras esa pared que tanto te cuesta agujerear. Firmado: Rubén. ¡Toma ya, el mago indigente! Confuso me fui al local de Pilar Dedal, a ver qué tiene que contarme.

Al salir de la ducha me acuerdé de que al final, renuncié a taladrar el muro. Ahí está la broca, con su cabeza de diamante... esperándo e intimidando.

Salud!

Comentarios

juan ha dicho que…
Admiro el cajón de juguetes que algunos llevan en su cabeza.
¡Tu lo llevas!, genial!

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