Ir al contenido principal

ELEVADO MONTESCO RESURGE

Montesco Colorido nada tiene que ver con Mancuerna ni con Guisante (los protagonistas del post anterior), pero ayer se elevó sin querer,voló hasta los 159 metros, flotó sin complejos, nadó por los aires. No sabía qué le estaba pasando, sin embargo podía disfrutar a tiempo real sin pensar ni en el qué ni en el porqué... El problema -y ahí está la asociación con Mancuerna y Guisante- es que ascendió tanto que tomó demasiada distancia de sí mismo...

...Tanta que al llegar a la cumbre se le ocurrió mirar bajo sus pies y no era miope, precisamente. ¿Y qué descubrió? Un colosal círculo vicioso a su alrededor de casi ilimitado diámetro. Y de la intersección salía una arista que llegaba hasta la elevada suela de su zapato. En menos de un segundo se dio cuenta de que llevaba toda su mísera vida comíendose la cola como la más genuina de las pescadillas. Jamás había sido consciente de su cojera.

Cayó de golpe y se mató, pero como estamos en Semana Santa ha resucitado con las vestiduras algo rasgadas. Cada uno es de su padre y de su madre, pero Montesco siempre ha vivido con medio pie fuera y el otro repicando a golpe de talón y punta. La escoliosis
emoocional que arrastra de base se ha corregido con el batacazo. Ha convocado una reunión urgente, un gabinete de crisis. Delante de su espejo se ha comprometido a decidir. El vapor esta vez, parece, no le ha nublado...

*La imagen pertenece a El Principito (
Antoine de Saint-Exupéry). ¿Sombrero o una serpiente que se ha comido un elefante?

Salud!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¡Dani, eres una máquina! Sólo con las secuelas de cada historia que te sacas de la manga, tendrías para 200 trilogías.

No me pierdo una.
Guisante
Anónimo ha dicho que…
pues habrá que aprovechar que parece que las hostias en Semana Santa no sólo arreglan escoliosis emocionales sino que resucitan a los muertos. Me lo apunto.

isabel

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza.

El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- el co…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…