Ir al contenido principal

ELOGIO Y REFUTACIÓN DEL EUGENIO

La siguiente historia transcurre -hace no mucho- entre las 17 y las 17:11 horas. Y sin embargo... aún no ha transcurrido.

Habla Pedro:
Es que es gilipollas. No puedo con él, tio. Te juro que lo intento, pero es superior a mis fuerzas. Se me queda mirando fijamente de repente, me sonríe como si estuviera ido, sin decir nada. Sólo mira y sonríe. No puedo con él, Jacobo, no puedo. La gente le quiere, todo el mundo destaca lo listo y buena gente que es, pero yo te juro que es un bicho. Le vi un día hablar por teléfono sin testigos, sin su público... Y era otro! Además, me estaba poniendo a caldo, de vuelta y media.

Habla Jacobo:
¿Así te ves? Es fuerte, eh? Pero bueno, al menos sabes que eres un enfermo. Yo, en cambio, soy un maldito hijo de puta, pero no lo sé a ciencia cierta. Es más, cuando me alaba tanto la gente y me hacen tanto regalo, pienso: Joder, qué grande soy. De hecho, lo soy y tú no eres más que escoria.

Habla Mario, el celador:
Muy bien, Francis Eugenio. Te lo has comido todo. Ya puedes volver a tu habitación. Mañana viene a verte tu familia y tienes que estar amable y aseado con ellos. ¿Me has entendido? ¡Claro que sí, grandullón, si eres un tipo muy listo!

Hablan Jacobo, Francis y Pedro a la vez por dentro:
Que te follen y que te vista tu puta madre... Mi caos es mi elegancia y tu eres un maldito celador muerto de hambre.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Un "yo" piensa que Francis parece tener resuelto lo de la familia sin necesidad de que nadie vaya a verle. Y otro yo piensa que Mario era celador antes y después de convertirse en Jacobo o Pedro, vamos, que también es de la familia. Un tercer yo me dice, cállate, no tienes ni idea, no has entendido nada!

Fdo: yo
Anónimo ha dicho que…
Qué difícil, Mister Vértigo!!!!!Mañana lo intento de nuevo pero porque es sugerente.....veremos a la luz del día.
Eva
CYBRGHOST ha dicho que…
jaja Mister Vértigo en estado puro.

Entradas populares de este blog

Un cruce figurado

Bloqueado, sin respuestas ni preguntas, con vista cansada y voz sin fuerza, como un fundido a negro (como se diría en modo audiovisual) y sin opción de empezar de cero en otra pantalla. Más o menos es el atuendo emocional con el que esa mañana se levantó Alexander. Y eso que el día anterior había sido de esos que enriquecen y dejan recursos para una larga temporada. Por ejemplo había vendido su última novela (El crimen y la gestión aparte) a su editora; la película de North, su mujer, titulada Sabias con más de un tema, estaba triunfando entre crítica y taquilla; la gotera del salón se había convertido en agua pasada; y por fin había llegado la lámpara alemana de los años 30 que compró a una "retroanticuaria" virtual. Pero la mente manda, con sus normas y tiempos.

North había salido temprano a una rueda de prensa y él tenía que terminar un artículo sobre ironía de la vida. Así que asumido el bloqueo bajó al Nitty a desayunar. En el fondo de un charco se encontró …

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Sin estridencias

En mitad de la carretera, a pie de asfalto... Ya no pincha, ni mucho menos corta. Pero toma postura y digiere la curva peligrosa.