Ir al contenido principal

EL MURO SOTERRADO

Por Fabio Carabeo
Llevaban un buen rato discutiendo. Línea 6 del Metro de Madrid, hora punta. Uno parecía ser el padre y el otro el hijo. Padre e hijo discutiendo acaloradamente. Hijo evita agachar la cabeza, padre obsesionado por no perder la autoridad. Aproveché una parada para acercarme a escuchar. Llegué en el mejor momento. Justo cuando padre le dice a hijo que para ser un hombre ha de consumar tres cosas: irse de putas al menos una vez, ser infiel a sus novias (al menos dos veces) y por supuesto ponerse los cuernos a sí mismo.

En la confluencia entre Príncipe Pío y Puerta del Ángel, se bajaron. Hijo cabizbajo y padre enaltecido. Y un servidor, con pena. Acababa de asistir a la ruptura de una relación que un día fue estrecha. El padre con un muro opaco ante sí y el hijo incapaz de al menos de darle un toque translúcido al bloque, caminaban hacia la distancia total. Pero se me quitó la pena en la siguiente confluencia... Entró un imitador nefasto intentando hacernos creer a los pasajeros que era un conejo superdotado con afinación abierta. Bailó y cantó como pudo y al final puso un punto final a su actuación en alto. Después llegó mi parada y me dejé caer.

Comentarios

copifate ha dicho que…
Un padre cabizalto es una lata, un problema.
Anónimo ha dicho que…
Este tipo de relaciones "estrechas" siempre acaban con obras inaguantables para construir nuevas estaciones, en las que subirse o bajarse sea decisión propia y no paterna.
Marian
Anónimo ha dicho que…
Como en el de la foto, siempre queda algún resquicio en los muros soterrados por donde a veces, con suerte, entra algo de luz. isa

"Cabizalto", qué gran palabra Copifate. Me la apunto desde aquí abajo.

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

Un cruce figurado

Bloqueado, sin respuestas ni preguntas, con vista cansada y voz sin fuerza, como un fundido a negro (como se diría en modo audiovisual) y sin opción de empezar de cero en otra pantalla. Más o menos es el atuendo emocional con el que esa mañana se levantó Alexander. Y eso que el día anterior había sido de esos que enriquecen y dejan recursos para una larga temporada. Por ejemplo había vendido su última novela (El crimen y la gestión aparte) a su editora; la película de North, su mujer, titulada Sabias con más de un tema, estaba triunfando entre crítica y taquilla; la gotera del salón se había convertido en agua pasada; y por fin había llegado la lámpara alemana de los años 30 que compró a una "retroanticuaria" virtual. Pero la mente manda, con sus normas y tiempos.

North había salido temprano a una rueda de prensa y él tenía que terminar un artículo sobre ironía de la vida. Así que asumido el bloqueo bajó al Nitty a desayunar. En el fondo de un charco se encontró …