Ir al contenido principal

DISTANCIA 'EMOFOCAL'

Estaba escribiendo un post, en mitad de mi trayecto hacia la tele, sobre la entrevista - rodaje que le hice a JJ. Moltó, o mejor dicho, a Kurioso. Pero un 'diálogo', cuanto menos, curioso me distrajo por completo. Así que... El siguiente intercambio de frases tuvo lugar hace un rato en el Metro de Madrid, en algún punto entra las estaciones de San Bernardo y Metafórico Sebastopol :

-Me encanta cuando te pones escatólogico.
-Y a mí tú tan cerda
.

Iba yo pegado a la joven pareja (parecían, por cierto, un anuncio de Chándal marca Puma); no pude evitar oír y escuchar. Lo que vino después, la verdad, quedó sepultado por todo el arsenal de imágenes e interpretaciones que me vino a la cabeza. Seguían hablando entre morreos y lenguetazos indiscriminados, seguramente, con mezcla de sabores a alientos mañaneros, cichles circunstanciales y restos de tabaco. Pero yo ya había desconectado... Y empecé a conectar elucubraciones.

Sin embargo, antes de llegar a ninguna conclusión y bien entrados en la estación López y Urea, vino el desenlace: Un chico con la misma estética que ellos, pero con dotes de realizador estirado, surgió del fondo del vagón con una Sony HDV y una gorra con la visera hacia atrás; trás de él, le seguía un chico aún más joven que parecía el ayudante o eterno aprendiz de nada. El primero gritaba: No, no, no... tenéis que sobaros más, lo dice el contrato. Pararon el rodaje y empezaron a mirarse mal entre todos; menos el aprendiz, que no sabía dónde mirar. Me bajé y me puse a escribir. No quise saber más y preferí dejar el asunto aquí, en este post... En una discreta distancia 'emofocal' con la realidad con la realidad.

Salud!

Comentarios

Juana ha dicho que…
Estoy empezando a tener miedo de centrarme en conversaciones de metro, es que a veces no se mantener la debida distancia "emofocal" y me choco, lo peor es no se con que ....
Daniel Seseña ha dicho que…
Eso ocurre, lo importante es que sepas que es tu propia película y no la de otro con visera en sentido contrario a tu propio trayecto.
Anónimo ha dicho que…
Qué bueno ese emofocal!. Me encanta.
El metro, ese gran lugar en el que fijarse en películas ajenas para luego montarse una propia. Eso sí, siempre manteniendo la distancia adecuada, no vaya a ser.
lully desnuda ha dicho que…
Emofocal, primera vez que escucho ese término pero vale según el contexto.

Besitos amistosos nocturno y no a lenguatazos, sonrío.

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza.

El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- el co…