Fea como pocos y pocas, portadora de malas maneras y con una prometedora sonrisa oculta, Parqués se levantó en pie de guerra entonando el son de paz. Se calzó su dentadura especial, se pasó el hilo dental por los dedos de los pies y lavó sus gestos con esmero. Después se desnudó y se miró en uno de los 1.000 espejos que alberga en su castillo. Sintió una ligera náusea, pero se sobrepuso y al segundo vistazo se vio mejor.
Pasada la prueba del espejo solo faltaba la última: Comerse una mazorca en sentido contrario a las agujas del reloj. No la superó, porque vomitó lo que había retenido frente al espejo. Aún así continuó en su empeño de no abandonarse; finalmente se soportó. Ahora sólo le queda la mitad de su vida por delante; con todas las tentaciones de afearse amenazando cada día. Un reto que no es moco de pavo.
*Ilustración: Mademoiselle Tamara dans son fauteuil, Antonio Saura, 1967.
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3 comentarios:
Si se activa, vamos bien .... el reto sigue, que no se abandone.
Qué grande Saura.
Y vos también, y vos también...
Mira que cuesta aceptarse a uno mismo como es eh!. Hay que hacer cosas increíbles a veces para conseguirlo. Y eso cuando se consigue.
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