Ir al contenido principal

ECOS POR VENIR

Le ha salido un pareado, pero eso no le va a salvar de su despido inmediato. A Tomás Rizo sólo le queda resignarse ante los hechos inevitables. Despedido de su propio monopolio, apestado en su propio infierno, cautivado por su peor amigo/enemigo, rechazado por las normas que él mismo impuso. Así está Tomás sin él. Porque sin él, Tomás ya no es Tomás sino lo que no sabe que es; esto es lo que esté por venir.

Sus rimas y sus ecos le llevaron hasta la perdición. Entendiendo 'perdición' desde el punto de vista de un empresario voraz. Pero alivio desde el punto de vista de un tipo tranquilo; que hasta la fecha es lo único que sabe de sí mismo. Eso sí, está sin un duro y la gente le odia. Porque esa 'gente' son los amigos y compañeros que él sembró durante 50 años.

Solo, empieza a darse su primer paseo por calles, vacías y llenas de ciudadanos con expresiones congeladas. Todo es nuevo. O un reflejo de algo que conoce sólo por las sombras que se dibujaban en su hermético despacho de Gran Vía. Todo está por venir.

Comentarios

Juana ha dicho que…
No se porque me he acordado de Llongueras leyendo esto .... es que la noticia de su despido me llamó la atención.
La Vida suele colocar todo en su sitio antes o después ....
isa ha dicho que…
A pesar de lo extraño, inquietante,un poco amargo… me gusta eso de “así está él sin él” porque me hace pensar en cómo estaría yo sin mí. Quizás también andaría tranquila aunque perdida entre esos “reflejos de algo que conoce sólo por las sombras que se dibujaban”.
CYBRGHOST ha dicho que…
A mi, como a Juana, me vino a la cabeza Llongueras. Supongo que le resultará toda una novedad tener que enfrentarse al mundo real de tantos después de tanto tiempo encerrado en su mundo privado, igual de cruel pero con mucho más lujo y estilo.

Entradas populares de este blog

Un cruce figurado

Bloqueado, sin respuestas ni preguntas, con vista cansada y voz sin fuerza, como un fundido a negro (como se diría en modo audiovisual) y sin opción de empezar de cero en otra pantalla. Más o menos es el atuendo emocional con el que esa mañana se levantó Alexander. Y eso que el día anterior había sido de esos que enriquecen y dejan recursos para una larga temporada. Por ejemplo había vendido su última novela (El crimen y la gestión aparte) a su editora; la película de North, su mujer, titulada Sabias con más de un tema, estaba triunfando entre crítica y taquilla; la gotera del salón se había convertido en agua pasada; y por fin había llegado la lámpara alemana de los años 30 que compró a una "retroanticuaria" virtual. Pero la mente manda, con sus normas y tiempos.

North había salido temprano a una rueda de prensa y él tenía que terminar un artículo sobre ironía de la vida. Así que asumido el bloqueo bajó al Nitty a desayunar. En el fondo de un charco se encontró …

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…