Ir al contenido principal

EL MAL NO CONTAGIA, SÓLO CALA

Duliente Garrafal ha hecho las paces con su homólogo satánico, Román Quemado. A base de pinchazos con tridente, arañazos inconexos y vómitos sin inteligencia emocional han terminado fundidos en un abrazo sin brazos, pero a pecho encubierto. Cada uno hacía lo suyo -el mal, lo llaman- por su cuenta; previo plan establecido en convenio colectivo de introducción maligna.

El problema entre ellos empezó cuando Quemado intentó arreglar una nota destructiva que había tirado en territorio de Garrafal. Si lo hubiera dejado pasar... Porque, al intentar remediar: remedió y ese brote empezó a construír. Se fue contagiando, lo negativo se iba tiñendo de positivo y así hasta que el malo oficial, éste es el párroco terminó aceptando repartir condones en su iglesia ¡Por Dios!

Si todo hubiera quedado en una nota mal tirada, como la peor de las cervezas... Pero no, Quemado quiso remediar, quiso arreglar, exploró en sus herramientas -hasta entonces dormidas-. Y no hay peor remedio que el de un 'cabrón' que trata de no serlo, aunque sea por un instante. Y ahora, que encima han hecho las paces a pecho encubierto, ni os cuento. Garrafal está infectado hasta en las cejas puntiagudas... A ver qué pasa ahora. ¡Por Dios!

Comentarios

Juana ha dicho que…
Es lo que tienen las mezclas, a la que te descuidas te salen los cuernos, te sale el rabo, te salen las alas blancas, el arito y .... ya no sabes ni a que tribu perteneces .... te conviertes en una especie de angel-endemoniado con pinta de budista-hinduista y medio judio venido a menos .... lo de las cejas es por la edad ....
¡Por Dios!¡Por Dios!¡Por Dios!
CYBRGHOST ha dicho que…
Si es que cada uno tiene que centrarse en lo suyo, que luego la armamos.
(Opinión peregrina de alguien sin ni idea)

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

El recorte tendido

Cuando Carlos se levantó todo estaba en su sitio, menos él, que se sentía de vuelta y media. Echó de menos el recorte de periódico que la noche anterior había tendido en la cuerda de las historias pendientes; junto a la ropa que no usa pero lava. Con el ritual del desayuno tuvo que combinar tostadas con hipótesis. La primera consistía en cuestionar la existencia del recorte, ¿habría sido parte de un sueño? La segunda, en desestimar la primera duda, ya que recordó que había escrito una nota en su móvil que aludía a la historia recortada. Tercera, pensó que se había levantado de madrugada y en un acto surrealista se la había ocultado a sí mismo. Y en la cuarta se preguntaba, si se lo había ocultado, ¿por qué lo había hecho?

Concluido el ritual y el desayuno, la respuesta llegó de forma natural. Sentado en el inodoro observó la posible escena delante de él. Se veía a sí mismo levantado de madrugada. Leía la historia del recorte entre la consciencia y el sueño. Su cara reflejaba dolor, rab…