Ir al contenido principal

LA ÚLTIMA COPA

Se olvidó de matar la última copa y eso, dicen, trae mala suerte. Él, Jacinto Habitual, no es supersticioso, y sí muy dado a abandonar la 'escena del crimen'. En esta ocasión, sus dos acompañantes de secuencia son Merina Faena y Renato Absorto. Los tres hablan de lo sucedido mientras no dejan que las copas queden huecas en ningún momento; ¡Huérfanas de buen caldo! exclama Faena.

Pero todo este escenario es otra historia. Lo que me atrae de los hechos es lo que ocurrió después de que Habitual no matara la copa. Y ocurrió que abandonó la escena y llegó a su casa, 1.000 m2 entre él y él. Empezó a escribir, cuerpo a tierra, unas palabras en cuerpo de mail. Le gustaba sentir el calor de la calefacción del suelo. Y sin darse cuenta, dos horas más tarde, se envió el mail a sí mismo. Su destinatario original era un tal Solto Gerardo, pero acabó volviendo...

Entonces, al entrar en su bandeja un mensaje con su propio nombre se sorprendió y lo leyó. Y leyó con la mente transformada en mente lectora en lugar de mente escritora. Eran las mismas palabras que había escrito él transformadas por el hecho de leerlas con otra postura. Al terminar la lectura, subió a la cocina (ubicada en el desván), abrió su mejor vino y mató la última copa.

-----------------------------
*La imagen se titula Frágil (copa rota) y la he tomado prestada la imagen del blog Mi Última obra.

Comentarios

Juana ha dicho que…
Siempre hay una segunda oportunidad .... para escribir, para leer, para beber .... para vivir ....
Anónimo ha dicho que…
Encontrar la postura para leerse a uno mismo con distancia es vital pero difícil de cojones. Creo que por eso soy más de romper que de matar copas. Se me acaban cayendo en cada intento.

Y brindo por Habitual, aunque sea con mi copa rota.

grp(aunque hoy un poquito menos :))
CYBRGHOST ha dicho que…
Ahí está haciendose una relectura y apurando una copa más, que seguro que no será la última. Brindemos por las reinterpretaciones propias y ajenas.

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza.

El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- el co…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…