Entradas

Mostrando entradas de 2011

El secreto

Imagen
Había logrado que la escuchasen en el súper. El charcutero era su última esperanza, sólo éste podría llevarle hasta la bodega donde se escondía el secreto mejor guardado de su historia. Eulalia le contó con todo detalle en qué consistía su argumento. Pero hasta entonces la tomaron por loca el pescadero, la ferretera, la verdulera, la responsable de los emparedados y el domador de carne picada con el mundo. Luis Lombía, el charcutero, tenía un punto de sensibilidad por encima de la media. Un día decidió aprovechar los lapsos (entre corte y corte, entre las múltiples impertinencias y caprichos de los clientes) y rasgar un poco más en las ideas que se le pasaban por la cabeza superficialmente para ver hasta dónde le llevaban. Además, esta práctica le servía para detectar a los auténticos listos y listas de la compra. Eulalia era una de ellas.
Eulalia Santadealta se llama. Y junto a su pensión y otros seguros de vida, sabía que su familia tenía un secreto a voces que terminaron ocultando.…

El charco de Benet (existente o borrador)

Viene de Benet el mafioso y la entrevista ficción 1001...

...El principio de la historia de Benet se encuentra en un charco. Me cuenta que cuando abrió el ojo izquierdo no tardó en comprobar que su ojito derecho le había abandonado. Estaba tirado en aquel charco, rodeado de despropósitos propios y un montón de años perdidos. Algunos emprendedores se encomiendan a un mecenas para sacar adelante su proyecto. Otros buscan muchos inversores para no depender de ninguno. Mario Benet apoyó su vida en un escudero llamado Javier Retablo.
Le pagaba bien y a cambio hacía del hijo que nunca tuvo y acometía para él pequeñas y comprometidas gestiones mafiosas de barrio. Una extorsión por aquí, un cobro extra por allá, sutiles intimidaciones y algún que otro artículo escrito para un par de periodistas corruptos. El pequeño Javier valía para todo. Las arcas de Benet lo notaron desde que le rescató de aquel centro juvenil de mala muerte. Eran como Sonny y Calogero en Una historia del Bronx (Robert D…

Benet el mafioso y la entrevista ficción 1001

Hoy he hecho mi entrevista número 1001 como periodista ficción. Se la he realizado a Mario Benet, un mafiosillo de barrio que ha decidido cantar. Su época de esplendor tuvo lugar entre finales de los 70 y mediados de los 90. Dio conmigo a través de una voz perdida que procedía de un teléfono ajeno en "el 52" (autobús regular de la EMT). Aquella voz hablaba de mi supuesta hablilidad para cominicarme con personajes borrados o directamente inexistentes. "No, no está loco, ni es un medium; sencillamente se interesa por ellos y después ellos le hablan, le putean o le presentan a terceros", decía aquel... tercero. Aquello conectó a Benet con la conversación. Después, a pesar de su tercera edad, Benet recordó su agilidad en el arte de la sustracción y se apropió de aquel 'móvil' para llamarme.

Acostumbrado a dicha costumbre no me sorprendió su llamada. Desde el principio me interesó su historia. Hablaba de decadencia; de buenos momentos; de reflexiones mafiosas mez…

Raúl y el 600 verde

Imagen
Se llamaba Raúl, mi amigo durante 3º y 4º de EGB, allá por los 80s. Como muchos compañeros dejaron aquel colegio, el San Juan Bautista, para entrar en las filas educativas de otro centro. No tengo un recuerdo muy nítido de aquellos años, pero sí sé que Raúl siempre ha ocupado un lugar especial en mi cabeza. Entrañable, simpático, compañero, generoso, educado, rápido, listo, llevaba adjuntos estos y muchos más adejetivos, y muchos más que amplificó con los años. 
No hablaba con él desde 6º de EGB hasta que un buen día, tras colarse en un recuerdo y pasar a protagonizar un post en Periofismo ficción después, Facebook nos volvió a juntar. Así son las cosas, de pronto se te cruzan los cables, rescatas un nombre y al instante te ves charlando (en formato adulto pero con las estructuras de la infancia) con tu amigo de entonces. Le busqué después de escribir aquella entrada (que no consigo encontrar), la foto de su avatar no dejaba lugar a dudas. Era él, la misma cara pero con el gesto de lle…

El papel tras el buzón con voz

Imagen
Llego cansado (muerto) después de una semana muy intensa. Cuando abro el buzón (el de siempre, el que alberga cartas en sobres de papel y panfletos publicitarios) una voz sale del fondo. Impostada, tenebrosa, pero conciliadora. Me invita a palpar bien el interior del buzón, porque hay mensajes sin leer; correspondencia que no ha sido correspondida. Me quito los guantes y meto la mano hasta el fondo. Descubro una compuerta que jamás había visto. Apenas llevo unos meses en mi piso, es viejo y paso poco tiempo en él. Y francamente, hace mucho que he abandonado la costumbre de abrir el buzón. Desconocía la existencia de esa entrada profunda.
Como si me poseyera el mismo Inspector Gadget, alargo el brazo hasta una distancia que jamás habría alcanzado sin no es por esa intriga que tanto estira. Abro la puertecilla y paso. No sé cómo, pero logro entrar; seguramente me he convertido para la transición en agua (my friend). Entonces salgo de mí... "para volver en sí", sugiere la voz…

Vínculos oculares

La siguiente historia que procede a continuación tuvo lugar un lunes de noviembre de 1991:
Millán y Lucía, dos desconocidos, a la altura del 9 de la calle Maestrillo Valle, se enganchan con la mirada y desde ese momento, las 10:30 horas, pasan tres días hasta que un cuerpo especializado en vínculos logra separarlos.
Al principio la gente pasa a su alrededor sin percatarse de lo que sucede. Pero como siempre hay alguien que vuelve y vecinos que pasan más de una vez por el mismo lugar, la imagen de dos personas (congeladas), mirándose sin moverse del sitio con expresión de angustia empieza a llamar la atención. Sin embargo, pasa un buen rato hasta que alguien se interesa por la situación. 
Mientras, extenuados por la... prisión ocular, Millán y Lucía apenas pueden pronunciar palabra. Es Lucía quien rompe el hielo sin inquietar la mirada. ¿Qué ha pasado? No lo sé ¿Nos conocemos? Creo que no ¿Puedes parpadear? No. Yo tampoco ¿Qué hacemos? Ni idea, nunca me ha pasado algo así, pero sigamos h…

REC

Aquella noche se dejó la cámara grabando y al día siguiente descubrió que actúa hasta cuando cree no actuar. Cuando piensa, cuando habla por teléfono, cuando se atusa el bigote, cuando se queda en blanco, cuando se pelea consigo mismo, incluso cuando todo se la suda. Siempre actúa. Desde ese día Raimundo Terrón no cierra una puerta por miedo a quedar 'al otro lado'; evita abrir las ventanas de par en par y sólo lo hace en días impares; y mete su cámara dentro de un cajón vacío.
El problema es que la cámara sigue grabando esté encendida, apagada o condenada en el fondo de un mueble bar. Cuando se la compró a Yan Chi Tao, 'el telonero de fondo' (quien tiene historia aparte), actuó sin conocer el papel que interpretaba en aquel momento. "Esta cámara lo glaba todo", aseguró Yan Chi, y Raimundo se limitó a pagar... Y a contestar sin pensar: "Justo lo que necesito". El miedo a quedar al otro lado, al par de las ventanas o a no mirar al objetivo le están pa…

Una resonancia patética

Cuando se lo pensó la tercera vez supo que había perdido el tiempo con las dos primeras. La inicial por no prestar atención a las palabras que no decía y la segunda por decir lo que no debía. Sin embargo, Elisa Detierra, tuvo la astucia de proporcionarse una tercera oportunidad. Se había cortado un dedo antes que un pelo, lo que le sirvió de trampolín para saltar a su propio abismo de ignorancia. Lo hizo de noche, en mitad de una dulce venganza ejecutada dentro de pesadilla; y tras pensarlo tres veces. Saltó, sin miedo, sin tapaderas, sin protecciones, libre de complejos y con los ojos abiertos.
El golpe fue considerable. De una herida no brotó sangre, sino animadversiones en forma de lascas talladas con traumas indelebles. Por un momento creyó arrepentirse, pero estaba tan aferrada a esa tercera oportunidad, tan convencida de su último/único recurso, que ni siquiera pensó en el torniquete... Al contrario, sabía que su propia naturaleza cortaría la hemorragia en el momento preciso.No…

Pormenores de un final que no empieza

Empezó por el final, como de costumbre, para tardar más en comenzar de nuevo. Así se plantea la vida Benigno Ronda, como un libro que no termina de empezar sin entregar un final a cambio. Cuando le conocí, por casualidad, yo acababa de hacer mi foto número 1000 sobre las consecuencias de tirar al suelo un adjetivo mal sustantivado. ¡Menudo coñazo! Exclamó Benigno y añadió: Así sólo vas a conseguir un ejército de exabruptos contra su propia calavera. Yo lo haría mejor... Por entonces yo andaba bajo la influencia unas agujas de acupuntura para la indiferencia; así que me lo tomé como una crítica constructiva sin apenas remover mi mala hostia.
Benigno Ronda recibió varios golpes a su estado infantil con apenas 7 años. Uno de su padre Colmo, negándole mendrugos de pan por soñar con profesiones inexistentes; como la de encofrador ideas táctiles en cabezas esquivas. Otro de su madre Bendita, cuando de bebé le negó una teta por ansioso. Uno más de su tío Casco, al negarle la entrada a una com…

El cruce

La noche terminó con un glorioso: "Hijo, yo soy tu padre" y unas risas auténticas llenas de sentimiento. Muertos de risa padre e hijo dibujaron los pasos avanzados hasta llegar al punto de partida. Ahí se despidieron hasta otra. En el semáforo se encontraron por casualidad en una ciudad llena de gente y restos (de todo) sin apego a nada. Poco antes de despedirse habían dado un paso más, cada uno en su fuero interno pero también de cara al exterior, en la aceptación de que el tiempo (aunque no llueva) cada vez se desliza más rápido por las aceras y el asfalto. 
Eso fue con el último brindis. El anterior, marcado por un ribera llamado Terrible que estaba terriblemente rico, sirvió para llorar de emoción y reír de pena por los tiempos pasados; la ausencia de reproches, y los fuertes sentimientos del presente. Aquí, en este paso, hubo muchas palabras, ninguna vacía, que pedían ser escuchadas y saboreadas paralelamente al goce que se estaban dando sendos paladares. Así lo hicieron…

El núcleo que todo lo tapa

Imagen
A Robin Pascual últimamente le caían más chuzos que nunca; sin punta, pero que joden igualmente. No parecía haber cambiado nada en su vida. Seguía siendo el mismo tipo discreto que factura varios miles de euros al mes por analizar mutaciones en el sistema orgánico del rencor ajeno. Sin embargo, el entorno empezó a reaccionar contra él. Primero fue Eugenio el radical (el de la tienda de ultramarinos), cuando por las bravas y tras una discusión con Juani (su amante invidente vidente) volcó su ira contra Robin a través de un pavo trufado de fracasos...
...Al día siguiente Madariaga (el párroco buceador sin empleo que emplea su tiempo en hacer de zahorí urbanita) le denunció por robarle el sueño "aquella" noche de marzo. Antes, Sandra Sacristía (la presidenta de Elásticos Carburos SA), sin más, le daba una patada en el gemelo derecho mientras le reprochaba algo en Japonés. Ya por la noche, dolorido, empezó a repasar los hechos. En mitad del proceso tropezó con una idea que le r…

El eje se oxida

Imagen
Volvía a casa, en modo desescombro propio, cuando a la altura del betún hallé el contenedor de la foto. Entonces empecé a pensar en lo mucho que están cambiado las radiografías de los pisos (y no hablo de los desahuciados). Yo, a pesar de vivir con medio cuerpo en internet, sigo empezando la casa por el tejado y el salón por la tele. No tengo todavía la estructura interna de la generación mutante, la pulgarcita*.

Es cierto que leo más y profundizo menos (menos en lo importante); es cierto que veo más series que cine; es cierto que hace mucho que no me compro un CD; es cierto que veo más marcadores deportivos a tiempo real y/o resultados a través de mi iPhone que los partidos en sí (salvo por Nadal y el reparto de juego de Xabi Alonso, el deporte me empieza a aburrir); es cierto que cada vez me gusta menos ir al cine por que no soporto a la gente que me mastica al lado (que suelen ser los mismos que no saben callarse durante un ratito) y termino minimizando -y ajustando- este arte a la…

Flan, el copiador de interiores

Se llama Joaquín Flan, no recuerda dónde nació, tiene media edad, un vaso por llenar y ha desarrollado una extraordinaria habilidad. De lejos los más cercanos a él no salen de su asombro. Es capaz de extraer una copia de una parte interior de alguien e incorporarla a sí mismo... Cuantas veces como quiera y sin reparar en efectos secundarios para los demás. Por ejemplo, hace una semana decidió adquirir: los deseos realizados de Bruno Maraña, el ingeniero parado del barrio; o lo aprendido por Rosa Dada (la lista) durante el último año en la Escuela Utópica de Estrategias prototípicas.

Ni Dada ni Maraña notaron nada en un principio, pero poco después, comenzaron a sufrir extrañas réplicas internas procedentes de la cara (dura) del estómago. Réplicas contra aseveraciones propias. A la semana, se habían convertido en personas disconformes con todo lo que venía de dentro; contradictorios crónicos. Evidentemente, Flan, que en el fondo es un buen tipo, no sabe nada. Él disfruta de la diversida…

Tu link me lleva a mi sueño

Imagen
Nacho es un experto en enlazar sueños de otros a través de su blog. De repente estás hablando con tu amigo o enemigo de turno en mitad de tu mente dormida y te despiertas vagando en una web completemente ajena a todo. Reconozco que a veces me ha jodido grandes momentos, pero también me ha regalado situaciones irrepetibles. Una vez, salté de una pesadilla en la que Chanquetese travestía en mitad del lado oscuro de la fuerza y confesaba ser mi padre, a un blog especializado en orillas de mar sin bordes en el horizonte. Pero hay más personajes...

A mi amiga Natalia por ejemplo, en una ocasión Nacho le dejó en manos de unos expertos en 'lo suyo' cuando estaba a punto de 'hacérselo' con Johnny Weissmülleren modo Tarzán. Su vida, la de Natalia, cambió radicalmente al despertar. Supo sin ambigüedades que necesitaba estudiar/examinar más en profundidad el terreno propio, con o sin expertos, más allá de junglas personales.

Rofolfo, el primo de alguien que nada tiene de tonto, ac…

El gusano de Schudger y el cobaya

Imagen
Por Augusto Segundo

Se llama David Schudger y una empresa (muy grande) le tenía atado por contrato desde 1999. Su misión era idear, diseñar, desarrollar y propagar los virus más dañinos -y retorcidos- por la Red. Pero su 'contrato de permanencia' ha caducado y no ha habido renovación. Desconozco los detalles. Lejos de ser un motivo de angustia, para David ha supuesto la liberación de su vida... y obra. No ha tardado ni dos días en montar su propio laboratorio.

Hace no mucho me comentó que estaba trabajando desde hacía tiempo en un ser superior a todo lo que conocíamos hasta hoy. Un mutante llamado Gusano capaz de traspasar los límites físicos y penetrar en la piel de las personas. Y desde ahí remover las entrañas a su gusto; acceder a los pensamientos, intenciones y frustraciones de quien quiera. De las pruebas, si las hizo con seres humanos, no me dijo nada. Tampoco fue muy claro en relación con el fin ni con los efectos del 'bicho'.

Ahora estoy en su casa-laboratorio. Y…

Observadores observados

8:00 AM
Mira, esa cara tenías cuando en este lugar me jodiste la vida. No fue mi intención, lo sabes. Tarde, tarde, tarde, me amargaste para siempre. Lo siento. Vete al infierno. Lo haré. Ya estás tardando...

10:45 AM.
Aquí, ¿te acuerdas? Fue aquí donde lo hicimos por primera vez. Estaba borracha. Ya, me vomitaste encima al final. Lo siento. No pasa nada, aquí estamos.

12:25 AM.
No sé si eres consciente, pero cuando decidiste seguir por tu cuenta, yo estaba aquí tirada con el mundo encima y asumiendo la muerte de mi tía; Aquí, en este mismo banco. Y fíjate, aquí me tienes, sin embargo, volviendo sin esa cuenta de independencia.

Hacía mucho que no decía nada sobre el Banco 54. Pero eso no significa que no hayan pasado cosas sobre él o a su alrededor. Ahí os dejo estos tres titulares que albergan historias muy diferentes, pero todas con mismo nexo. Y una más que desarrollaré más tarde, en cuanto pueda sentarme un rato tranquilo sobre mi propio banco. Ésta nada tiene que ver con las pincelad…

¡La ficción de una cuarta temporada!

Permitidme la licencia de hacer un 'cut and paste' del post que acabo de subir a rtve.es sobre la cuarta temporada de Cámara abierta 2.0. Los contenidos, creo, merecen la pena. Ahí va:

Empiezan a quedar lejos aquellos ¡¡100 programas!! (ya vamos por 232); y más lejos todavía queda el 12 de noviembre de 2007 en que arrancamos el primer programa. Una aventura a caballo (...de batalla 2.0) entre la tele 'de toda la vida' y la selva de internet (con sus redes sociales adjuntas y todo). El sábado 17 de septiembre estrenamos la CUARTA TEMPORADA. Las mayúsculas, disculpad, van unidas al entusiasmo por la continuidad. Espero que lo entendáis. Y traemos nuevo grafismo, sintonía de cabecera (Nude, Radiohead) e intenciones renovadas... ¡Ya nos diréis qué os parece!

Y sin más dilación, paso a adelantar los temas y links que completan este primer "minutado" de la temporada. Ahí van:

Nos situamos en Sillicon Valley (San Francisco). Allí hemos pasado por Google y hemos seguid…

Verbos ensangrentados... sin modo

Imagen
Cuando te encuentras un verbo abandonado en mitad de un charco de sangre no te queda más remedio que recogerlo. Por lo menos a mí me ha dado por ahí. Se llama Rogelio y renunció a su modo infinitivo y quisieron despedazarlo a golpe de desuso. Pero en este caso la víctima no es Rogelio, sino el portador. No me ha contado nada de él, aún está entumecido y en estado de shock por lo ocurrido. Pero queda claro que quiso proteger a su verbo y acabaron con su vida.

De momento lo he guardado en un viejo diccionario sin tapas ni cartón que tengo por ahí. Uno de esos que usaba en B.U.P. Ahí estará a salvo. Sin embargo, páginas más atrás descubro, por cierto, un trozo de servilleta marca Taberna del tío Fausto donde, con letra muy ilegible, hay escrito un verbo: Embrear (Untar con brea). Hay más: cerca del índice me dejé en su día un billete falso de mil; una carta de amor que no leí -no sé por qué-; y una entrada del concierto del 87 (tocaban U2, The Pretenders y UB40 en el Santiago Bernabeu).

El…

Entre la tele y los demás

Imagen
Mientras compro el periódico a las 7:15 de la mañana, un grupo que está pegado al kiosko de Paquito dialoga sobre lo que vieron ayer en la tele o por internet. Incluso, en otros formatos emocionales. Están esperando a que abran el gimnasio, otros simplemente se enganchan a la conversación antes de empezar su jornada laboral y alguno no sabe pero contesta. Excepto a una, que el encantó la versión española de Cheers, el resto se reían de lo mala que era la nueva serie de Telecinco.

La mayoría optó por centrarse en La1 y ver El Ultimátum de Burn (Paul Greengrass, 2007); a Paquito el Kioskero se le olvida darme el cambio; la minoría se decantó por West Side Story (Robert Wise, 1961) en La Sexta; uno con ceño fruncido defiende algo de Intereconomía que no llego a entender (habla muy bajo); la del chándal difícil y la bolsa de Prada asegura haber visto un ovni; Paquito el kioskero se disculpa, me devuelve el cambio y me cuenta que él vio el último capítulo de Verano Azul (Antonio Mercero, 19…

Ernesto gusano poeta, el economista

Ernesto mantiene el tipo, pero ha perdido el interés... Dice ser un experto en Economía, pero se pasa todo el día haciendo el troyano por la calle y después se queja de que le llamen mísero gusano. Hoy me he cruzado con él en mitad de la frutería y me ha dado tiempo a escuchar su... poético susurro:

Mi impuesto se cotiza al alza
Mi identidad nadie ensalza
Por supuesto, por supuesto
Me voy de caza, soy de raza

Soy yo quien suma fruta en este puesto
Troya y Cuenca se rinden a Ernesto
Ese soy yo... Ernesto
El que abruma con lo puesto

Después ha llegado mi turno, el 056 y me he... puesto (todo se pega) a seleccionar fruta. Pero lo mejor ha venido al final. Después de pagar, se me acerca Ernesto y me dice:

No soy ningún gusano
Troya muere por mí y eso es sano
La economía me necesita
...toda respuesta...
...está en mi mano.

Algo hay

¿Me sigues? Te sigo. Pues sigo. Tú mismo. Como te decía llevo tres días sin llegar a ese punto de sueño que hay que alcanzar para descansar. ¿Me sigues? Te sigo. Pues sigo. Tú mismo. No sé qué es... Nada me altera en el mundo real, no hay motivo aparente que me altere el sueño. Estoy alteradamente relajado y no veo caras que me sacan del descanso. Ni recuerdos recurrentes que escuecen. ¿Me sigues? Te sigo. Pues sigo. Continúa...

Se me ocurre un hecho, pero no termino de dibujarlo con claridad. Veo una actitud de mala leche. Perdón, no la veo, la huelo, la siento, me llega. Pero es tan suave, tan sutil, que apenas puedo aislarla para analizarla. ¿No será eso? Tú que piensas. Que puede ser. Pues sigue. Sigo. Después de dejar a mi hijo en casa de su amigo Luisma recibí una llamada de un 'primo segundo'. Lo llamo así, porque es el típico pardillo que ni siquiera ocupa la primera fila de la estupidez. Y al terminar la conversación sin contenido, se despidió con un poco frecuente &qu…

Septiembre en la Plaza de la Pubertad

En la Plaza de la Pubertad Sara y Rosalía discuten sobre "lo mal que está la cosa". Rosalía, más optimista, tiene esperanza en que "la cosa vaya a mejor"; por el contrario Sara se teme que España no tiene salvación. En el extremo un grupo de candidatos a la adolescencia hablan e intercambian mensajes cortos; Lorena le manda uno privado a Fernan y al mismo tiempo comparten las experiencias de verano y ponen a caldo a los "chungos de sus padres".

Manolo Queipo sacude una alfonbrilla de bienvenida cerca de la esquina con la calle Tempestad, mira la tienda de Don Jorge, de chatarra (llena de antigüedades al peso), y se siente impotente al comprobar cómo su ex mujer se ha deshecho de los marcos barrocos que durante una vida envolvieron sus motivos de caza. A pocos metros Martín Pescador acude a la farmacia para intentarlo de nuevo; esta vez probará con el pitillo electrónico en detrimento del mentolado.

Nerea y Agustín guardan cola para intentar hacerse con el n…

Él, ella y la mesilla sin noche

Aquella noche acudió con tantos reproches en los bolsillos que se sentía invulnerable. Llevaba semanas recopilando hechos con sus contextos correspondientes; y cómo no, con decenas de asociaciones de apoyo bajo el brazo. Lo tenía todo para ganar a los puntos el último conflicto con su novia. Acudía al restaurante con la cabeza tan alta que casi podía soplar las nubes de septiembre. Se veía en la piel de un abogado de película que a punto está de ganar el juicio previo al The End.

Ella le esperaba con el rostro relajado y con los párpados dispuestos al diálogo. Él sonreía, ella también. Y cómo son las cosas... Cuando él empezó con su exposición se dio cuenta de que la mirada de ella no era la pared a la que se había enfrentado mientras recopilaba hechos. Y a medida que hablaba, cada vez con menos convicción, se iba dando cuenta de que había olvidado algo importante en ese proceso de búsqueda de reproches. Se había dejado el contraplano en la mesilla sin noche.

Y los hechos, las asociac…

El último golpe

Con una mano le sujetaba la cabeza y con la otra apuntaba y amenzaba con darle el último puñetazo. Pero Pascual estaba inconsciente, no oponía resistencia y su cara era un poema deforme y ensangrentado. La respiración de Damián, sin embargo, mantenía el agitado ritmo del corazón. Las ganas de darle ese último golpe tardaron en desaparecer, pero terminaron por difuminarse. Soltó la cabeza (desde la cruceta) y Pascual Marioneta besó la acera de la Calle Rencor.

Así terminaba una enemistad sostenida durante décadas. Una relación nada maniquea con un origen extraño. La pelea zanjó el asunto. Nunca hablaban, sencillamente se dedicaban a putearse mutuamente. Una vieja historia de un céntrico barrio madrileño sin principio, con mucho nudo y desenlace reciente.

Les unía la soledad. Eran dos viudos huérfanos, sin hijos ni amigos. Sólo se tenían el uno al otro. ¡Son buena gente! Me dice Samarita, una vecina. Y añade: ¡Tenía que pasar... Demasiados años así, son muchos años!¿Así, cómo? Le preg…

Argumento de un nombre movedizo

Imagen
Llevo tres días intentando acordarme del nombre de un viejo amigo al que hace más de 20 años que no veo. Todo empezó la otra noche; en mitad de un brindis se coló su recuerdo en el presente a través de una grieta de mi subconsciente. Nunca fue un "mejor amigo", ni siquiera uno de los habituales del "grupo". No, él era uno de esos personajes que ocupan un palco de honor durante una leve (pero intensa) temporada de tu vida.

Nos hicimos muy amigos en aquella época. Por circunstancias los habituales no estaban, tampoco los suyos. Y ambos estábamos saliendo tortuosas relaciones. Con él descubrí tugurios a los que jamás habría entrado si no fuera porque en aquellos días 'todo me daba igual'. La prioridad era 'salir'; salir de ahí, de aquel sitio en el que mi cabeza se había metido y cuyas oscuras arenas movedizas llenaban mis pies de plomo pegajoso. Beber, fumar y hacer del absurdo una ideología completaban el improvisado equipo de salvamento.

En aquel añ…

La carta de Fausto

Imagen
En la Taberna del Tío Fausto quedan cuatro personas que no parecen muy dispuestas a abandonar el local*: un peregrino al borde de los 40 desengañado pide su tercer tinto; tres amigos que renunciaron a seguir al grupo intentan convencerse de que pueden cambiar las cosas; Fausto Cruceta, el encargado y hijo del fundador, lee Los detectives salvajes de Bolaño.

El peregrino desengañado se llama Ernesto y ha tirado de la cadena al mismo tiempo que ha dejado caer la Fe. Ver al Papa pasar de largo a toda velocidad le llevó a descubrir un agujero por el que había perdido el tiempo. Entonces decidió beberse la sangre de Cristo como despedida. Fausto, por favor, lléname la copa. Fausto hace una pausa en su lectura y procede.

Los tres amigos se regocijan en ese deseo típico de septiembre de querer abandonar sus insulsos trabajos para montar algo. Se han bebido 12 cervezas y han comido berberechos con salsa de bohemia más unas aceitunas con mensaje, peso sin moraleja. La idea que nunca llegará a …

Barrer, partir sin pensar en llegar

Imagen
Ella sabe cómo barajar las cartas en su favor. Carla me enseñó a barrer y desde entonces he logrado hacerlo en el sentido de mi casa. No es fácil, creedme. Para barrer, primero hay que saber qué limpiar, por dónde empezar y bajo qué objetos se esconden las motas más significativas. Pero Carla, que conoce las claves de los movimientos de cartas, ha sido una maestra formidable. Ella localizó el primer motivo que yo debía arrastrar. Que lo hiciera hacia dentro o hacia fuera ya era cosa mía.

Ayer jugamos al mentiroso con dados. Cada cual con su as bajo manga. Maestra y aprendiz en el mismo pulso, en la misma pulsión. Nos pillamos en los mismos renuncios, ganamos las mismas bazas, empatamos en todo. No había manera de mentir sin sacrificar una verdad; era imposible ser sincero sin colar una soberana bola.

Por agotamiento decidimos parar y algo más. Decidimos barrer en la misma dirección, a ver qué sentido encontrábamos. Así que hacerlo hacia fuera o hacia dentro ya no dependía sólo de mí. …

Dudas como piedras

Ayer le pegué una patada a una piedra y salieron tres dudas corriendo. Una de ellas, la más segura de sí misma, no se lo tomó como algo personal. Pero las otras dos corrían pensando que la patada iba por ellas. Apenas tuve tiempo de disculparme. Se las llevó el viento. Y yo me quedé con una mosca, de montaña y muy cojonera, detrás de la oreja que no paraba de decirme, a su modo zumbón, lo imprudente que había sido mi actitud.

Lo que me faltaba, ¡que una mosca me hable de imprudencia! Seguí caminando por el monte. Solo y mojándome gracias a esa lluvia que nadie acertó a predecir. Unos 30 metros después, en mitad de una cuesta muy pendiente de mis pasos, me asaltaron las dudas. Una, la más segura de sí misma me robó la prudencia, y las otras dos, directamente se vengaron a base de patadas a mi conciencia. No sé por qué le di esa patada a esa piedra. Desconozco el motivo que me llevó a hacerlo. Fue un acto reflejo.

De pequeño pisaba caracoles sin pensar en los pobres invertebrados. Era c…

Fijos y fijados

Imagen
Cuando estás de vacaciones, en modo desconexión, no esperas subir un monte y encontrarte con un cerrojo atado al aire. Y sin embargo, te lo encuentras. Es la imagen que ilustra esa entrada. Tengo más fotos. Todas enfocadas a montes, picos (de Europa), platos, caminos, paisajes fusionados (verdes y azules), nubes o aguas (más o menos rizadas), y muchas más; pero ninguna como este candado sujeto a pastos, oxígeno, libertad y a libres interpretaciones. No sé por qué me fijé en él, pero lo hice y como consecuencia, quedé fijado en él. Ahora no hago más que pensar en lo atados que estamos a nuestras estructuras particulares. Aferrados a algo fijo que no sabemos por qué se ha fijado en nosotros. ¿O que se ha fijado a nosotros?



Parir, dudar, disfrutar del asilo

Pasaba un par de días en el cortijo de mi amigo Amos. Necesitaba salir un poco de cuentas para parir algo que tenía rondándome la cabeza. Amos es muy generoso, me deja sus llaves y vía libre para ocupar su casa blanca con techo recto. Creí que la calma y la magia del desierto me dilatarían la salida, pero no fue fácil. De hecho, ahora mismo... ya da igual.

Me explico. Salí a dar una vuelta la misma noche que llegué, me apetecía perderme un rato entre cáctus y tierra seca. Tropecé con algo sólido que no era ni una piedra ni un saco de carbón. Aquello que me levantó una uña era una idea abandonada. Traté de abrirla como una nuez, me ayudé de una llave maestra, pero fue imposible.

Y digo que ya da igual el motivo por el que pedí asilo a mi amigo Amos, porque al abrir la idea encontré una duda. Todo el mundo anda como loco por vender deudas y yo voy y me adueño de una duda. Y mientras la alimento noto como me endeudo con aquello que me rondaba la cabeza. No me importa, desde el asilo disfru…

Mi Errata y lo nuestro

En su sueño me decía que no le diera más vueltas. Y en el mío, la respondía que haría lo posible. Dos pesadillas más tarde nos encontrábamos en el banco de aquella orilla de agua insegura. Marga Errata y yo, Tomás R. Sistilo, nos conocimos en un cruce de sueños aquella noche del 82, en pleno mes de agosto. Yo soportaba las fiestas de mi barrio como podía y ella luchaba por salir de una condena familiar.

Chocamos en esa fase en la que el silencio reina por encima de imperios impuestos. Y nos sonamos en esa frase subordinada que ninguno de los dos pronunciamos. Ella llegó sofocada y yo, confundido. Nos sentamos en un banco, mitad piedra, mitad adobe. Era una noche cerrada sin estrellas ni estrellados (de eso yo sabía mucho), pero llena de tranquilidad. Nos pusimos a hablar de lo uno y de lo otro, pero sobre todo y ante todo, de lo nuestro. Sin intermediarios ni intérpretes de palabras (de esas que vuelan con el viento), sin explicaciones sobre nuestras procedencias. Era visible que cada…

Un cadáver sonriente para los desórdenes

Había un cadáver sentado cómodamente en el banco del portal de mi casa. Todo el mundo lo observaba. Sonreía. El sujeto, unos 35 años y metro ochenta, tenía todo el aspecto de haber muerto de risa. Yo volvía de un paseo reflexivo; de buscar respuestas. Mi ordenador me había desordenado tanto que necesitaba encajar tantas piezas como palabras e ideas. Pero el jovial cadáver y su séquito de periodistas, camarógrafos, vecinos cotillas, policías y médicos... me impedían cerrar mi recorrido. Abandoné la escena del 'crimen' al no poder entrar en mi casa.

Cuando regresé, a eso de la una de la madrugada, todo se había despejado. Todo menos mi desorden. Al entrar en mi casa vi una carta en el suelo. La abrí y me encontré una nota escueta que decía: No me lo tengas en cuenta. No entendí nada, y con mi desorden me hice la cena. El portátil, encerrado en una caja, no era una amenaza. La desconexión me estaba permitiendo centrarme en algo. Aunque ese algo fuera desorden y demás desórdenes. L…