Ir al contenido principal

¡MALDITA MULTA!

Sin querer cuando escribí este post PRADO, 28 Y OTRAS MULTAS, di con un indicador infalible; un contador que se dispara de vez en cuando. En este post me 'descargaba'/desahogaba a mi estilo tras pagar una multa de tráfico por haber caído en un punto/trampa de Madrid: la Calle Prado, 28. Allí un cartel, tan camuflado como invisible, te advierte de que vas a ser multado como entres por esa calle.

Lo cachondo del asunto es que desde que lo escribí, cada vez que hay una oleada de multas expedidas por el Ayuntamiento de Madrid, el cabreo llega al blog. ¿Cómo lo sé? Porque de vez en cuando las estadísticas se disparan y en los motores de búsqueda me encuentro con decenas de personas que han llegado a PERIODISMO FICCIÓN lo han hecho buscando en Google: Multa Prado, 28. Algunos comentan, otros no, pero todos llegan... cabreados. Como yo cuando escribí aquel post. Como decía, todo un indicador de ánimos.

Y lo más curioso, es que esta ruta de búsqueda suele coincidir con otra combinación de palabras bastante habitual, por cierto: "Ganas de llorar sin motivo".

Comentarios

Punkisher ha dicho que…
A mi me acaba de llegar ya la segunda multa de prado 28 y mira q esta vez hiba con los ojos como platos mirando a un lado a otro.. O_O

son unos hijos de la gran profesional...
Laura ha dicho que…
A mí me multaron el sábado del orgullo gay... íbamos perdidos al no haber podido girar en Cibeles y seguimos al tom tom hasta el parking de santa ana, q estaba lleno, y acabamos en el de sevilla... Y ahora vete a reclamar al maestro armero, a saber dónde está el ticket! Os podéis figurar cómo estaba de gente eso, y de noche...pues la señal ni la vimos... a pagar como dos pringados más y, por mi parte, a no dejar ni un duro en Madrid: el transporte público por la noche es de coña (viviendo fuera de la capital) y con coche te dejas una pasta en aparcar y encima esto. Manda huevos.

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza.

El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- el co…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…