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OLVIDADO

Recomiéndame un camino y le mostró un atajo. Sin dudar Teodoro se metió por ahí y como no todos los atajos llevan a Roma, cayó enfermo al comprobar que no había salida al final de aquel pasillo. Sigfrido, el indicador de la ruta, se reía de lo ocurrido con algunos allegados. Siempre haces lo mismo; le reprochaban cómplices. Y él no paraba de mofarse de Teodoro.

Teodoro murió a los minutos de caer enfermo. No por la enfermendad sino por la caída. El atajo lo ha sepultado de inmediato. Teodoro ya no existe... Sólo en la mente de Sigfrido. Teodoro fue abandonado de niño; sus padres eran artistas de medio pelo locos por las variedades. Y un día se olvidaron en escena de que eran padres y siguieron de gira. Teodoro fue pasando de hijo de vecino en hijo de vecino. Pero todos se olvidaban de todo, de ellos mismos y en consecuencia de él.

Un día se encuentra con un gurú como Sigfrido; que practica con maestría el dogma de red y se camela a todos los internautas que se cruzan con él. Teodoro era carne de cañón y Sigfrido un pedazo de cabrón. Teodoro necesitaba una tutela y Sigfrido un pelele. Así que se juntaron el apetito con las ganas de devorar. El final ya lo conocéis desde el principio: Teodoro muerto sólo existe en la mente de su verdugo Sigfrido. Sus padres, de gira infinita; y los hijos de vecino... a lo suyo.

Comentarios

Candela Guevara ha dicho que…
"Teodoro murió a los minutos de caer enfermo. No por la enfermendad sino por la caída" Me parece sencillamente genial. Casi me caigo de la silla muerta de risa.
Daniel Seseña ha dicho que…
Sólo por eso ya ha merecido la pena escribir el post. Gracias, Candela.

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