Ir al contenido principal

PRÓLOGO DE UN CONJUNTO

Sale a la calle en busca de una coartada y se encuentra con un motivo. En éste se puede leer que el bar más cercano había cerrado sus puertas sin más. Nadie le reclama la coartada, pero ella la necesita como película a su argumento. El motivo no es suficiente, porque un bar cerrado es mala señal. Sigue buscando y empieza a encontrar salidas. Demasiadas para decidir si esconderse, escudarse tras la coartada inexistente o salir para entrar por fin.

Como retroceder no está entre sus planes y sí entender qué relación hay entre coartada y tirar pa'lante', toma una decisión: salir de cuentas. Entonces rompe aguas y empieza a parir. Primero nace una mano tendida, después asoma un prólogo y finalmente saca a relucir una coartada. Empapado el conjunto en flujos razonables y excusas sin usar, se abraza a él. Llora desconsolada, mientras la piel adopta el estatus de gallina. Se emociona y encuentra la salida.

Cuando llega a su casa, no hay puerta sino esclusa. La abre. Apaga la tele y desconecta el adsl. Tiende la ropa tendida y expone su conjunto en la mesa del salón. En la mesilla de noche permanece el sueño que apagó al despertar. Con todo en su lugar sigue con su vida, que sin ser nueva sí ha entrado en un capítulo nuevo y eso es lo importante.
----------
*En la imagen: "La Rueda de Falkirk", llamada así por el cercano pueblo de Falkirk en Escocia, es una esclusa giratoria que funciona como un ascensor para buques y conecta el canal Forth-Clyde con el canal Unión".

Comentarios

¿hacefaltafirmar? ha dicho que…
aunque parece que aquí no sobran las coartadas aunque probablemente sí los motivos, juntando un poco todo, pares un conjunto sin excusas (y con esclusa).
Y a mi me emociona en lo ajeno, digo yo que por esa capacidad tuya de apuntar en lo propio.
Daniel Seseña ha dicho que…
No hace falta firmar, pero afirmo que me encanta este comentario ajeno tan propio. Gracias!

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

El recorte tendido

Cuando Carlos se levantó todo estaba en su sitio, menos él, que se sentía de vuelta y media. Echó de menos el recorte de periódico que la noche anterior había tendido en la cuerda de las historias pendientes; junto a la ropa que no usa pero lava. Con el ritual del desayuno tuvo que combinar tostadas con hipótesis. La primera consistía en cuestionar la existencia del recorte, ¿habría sido parte de un sueño? La segunda, en desestimar la primera duda, ya que recordó que había escrito una nota en su móvil que aludía a la historia recortada. Tercera, pensó que se había levantado de madrugada y en un acto surrealista se la había ocultado a sí mismo. Y en la cuarta se preguntaba, si se lo había ocultado, ¿por qué lo había hecho?

Concluido el ritual y el desayuno, la respuesta llegó de forma natural. Sentado en el inodoro observó la posible escena delante de él. Se veía a sí mismo levantado de madrugada. Leía la historia del recorte entre la consciencia y el sueño. Su cara reflejaba dolor, rab…