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UN CORRUPTO QUE CAE

Con dos fundas en sus dientes de siempre y la intención de poner una pica en Perejil, pasó de malos rollos y siguió con su vida. Se había dejado corromper con cariño. Aceptó dinero por mirar aquí y allá en lugar de aquí y allá; se puso hasta las cejas de cocochas y ostras con D.O. Sumó hasta restar lo sumado y dividió en dos lo multiplicado por cuatro. Finalmente se declaró inocente.

Durante un tiempo fingió los Erasmus, pero luego volvió a su tierra natal. Las corruptelas salen a flote antes o después... Cuando finalmente emergió su caso, El Cebollino brillantina, lo pasó mal mal. Al poco tiempo decidió negarlo todo, después, ante las evidencias, comenzó a dudar... Finalmente se desnudó ante el espejo, vio que el quiste empezaba a tener un tamaño considerable y se hundió un rato en la bañera. Al salir, cantó y desafinó tanto que entendió que no tenía nada que hacer.

Y al tirarse por su propio barranco sufrió los golpes, anteriormente esquivados. Ahora, lleno de hematomas, sigue cayendo, pero lo lleva bien. Le salva ese deseo de plantar su sello en la Isla de Perejil. Para los demás, sencillamente ha muerto, incluso para los que siguen corrompiendo a peleles y para los peleles que siguen corrompiéndose. Para ellos, las fundas lo arreglan todo.

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