Ir al contenido principal

CON LA ESCOLIOSIS AL CUELLO

Partidaria del buenrollismo, ususaria de sí misma y resuelta sólo con lo resuelto -nunca con el nudo previo al desenlace-, Tatiana del Lago y Blue quiere demostrar que internet no sirve para nada. ¿Cómo lo va a hacer? En dos palabras: De espaldas. Se sabe sabia, se conoce más que su madre; pero menos que mañana... Lo que no le impide vivir del cuento que ella misma creó y subió a la red por lo bajini.

El cuento se lo abonaron al peso. Y sacó mucha pasta por ello, pero dejó de sacar el resto. Eso la hundió en la miseria y sin llegar a ahogarse empezó a sufrir desequilibrios. Primero vino un tumbo hacia un lado y después al otro... Ahora, aunque en medio, está más torcida que nunca. ¡Pobre! Hacía caja cada vez que pasaba página. Y ahora, que el marcador no tira; ahora que no hay vuelta de hoja, pretende apostatar en su propia Iglesia; hora que está de espaldas, con una maquillada escoliosis ante la vida...

...Quiere convencernos a todos de que internet no sirve para nada. El problema (uno de ellos) es que se ha girado tanto que no se ve ni la cara, porque lo único que ve es la nuca. Y no mirarse el ombligo la desequilibra más, la aturde. Y lo peor es que se le llena la garganta de concongoja y es alérgica a la angustia. El desenlace es un misterio, pero pinta fatal.

Comentarios

CYBRGHOST ha dicho que…
Se le ha visto bien el plumero. Me gustó. Hay muchas Tatianas de esas por ahí suelt@s.
.:Marta:. ha dicho que…
Mission: Impossible.
La Zapateta aprieta ha dicho que…
El desenlace pinta fatal, pero tú lo haces fenomenal. Además estoy seguro de que ésta es capaz de girar su espalda varias escoliosis para decir y contradecirse al mismo tiempo y encima tener siempre razón. Hay columnas pa to.

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

El recorte tendido

Cuando Carlos se levantó todo estaba en su sitio, menos él, que se sentía de vuelta y media. Echó de menos el recorte de periódico que la noche anterior había tendido en la cuerda de las historias pendientes; junto a la ropa que no usa pero lava. Con el ritual del desayuno tuvo que combinar tostadas con hipótesis. La primera consistía en cuestionar la existencia del recorte, ¿habría sido parte de un sueño? La segunda, en desestimar la primera duda, ya que recordó que había escrito una nota en su móvil que aludía a la historia recortada. Tercera, pensó que se había levantado de madrugada y en un acto surrealista se la había ocultado a sí mismo. Y en la cuarta se preguntaba, si se lo había ocultado, ¿por qué lo había hecho?

Concluido el ritual y el desayuno, la respuesta llegó de forma natural. Sentado en el inodoro observó la posible escena delante de él. Se veía a sí mismo levantado de madrugada. Leía la historia del recorte entre la consciencia y el sueño. Su cara reflejaba dolor, rab…