Ir al contenido principal

SEÑORA LADRONA Y EL TUIT CAÍDO

Ayer se me cayó un tuit al suelo y una señora de Facebook me lo mangó. Traté de que me lo devolviera por todos los medios dialécticos posibles, pero fue... Imposible. La señora, con unas zapatillas de carrera de fondo, echó a correr con mi tuit encerrado en su puño. La frase no llegaba ni a los 140 caracteres; la había dejado en 110, por el simple hecho de confundir la (nueva limitación de) velocidad con el tocino. Hacía referencia a la estupidez, esa fiel acompañante ocasional de todos y adornada (negada y camuflada) por muchos con parafernalia de autoimportancia. No sé que interés podría suscitar en la señora de Facebook mi autocrítico comentario, pero lo protegía con saña y huía de mí, que se las pelaba. La seguí, aún me quedaba fondo; y como la estupidez, me camuflé entre la gente. Ella frenó en seco. Me buscó. Cuando se sintió confiada abrió la mano...

...Sacó el tuit y lo metió en un monedero ad hoc para frases cortas de Twitter. Lo trató con cariño, después lo agitó como a un cóctel y volvió a sacarlo. Los caracteres habían perdido carácter y hablaban de ellos mismos. Después me lo devolvió. Sabía que estaba ahí. Se despidió con un sincero "A veces lo estúpido es perseguir a una señora que corre más que tú con sobrepeso de 110 letras robadas", y antes de desaparecer, añadió finalmente: "Tuit, yo soy tu madre, ven conmigo al lado opuesto de Facebook". Aún trato de digerirlo, hace mucho que abandoné la fuerza.

Comentarios

Esteban ha dicho que…
¡Ánimo, me has alegrado la mañana!
Anónimo ha dicho que…
La señora del tuit te ha secuestrado y llevado al lado opuesto, ¿verdad?.

Coge fuerza y vuelve, anda.

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza.

El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- el co…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…