Ir al contenido principal

REENCUENTROS POR EL SUMIDERO

Estaba fregando -por avería del lavaplatos- cuando me encontré con Valentín; aquel tipo al que le 'cantaba el ala', el mismo que me llamaba gafotas desde la última fila de clase y me daba collejas. Emergió, así por las buenas, del sumidero y se plantó ante mí cuando estaba a punto de lavar el último cucharón de la jornada. El tío quería que le devolviera la mala hostia que vertió sobre mí durante los años mozos. ¡La necesito ya! Exigió con espuma en la cara.

Es difícil entender que pasara algo así... Un tío que surge, cual genio cabrón, del desagüe, ante mí cuando estoy a punto de dar lustre al último cucharón de mi pequeño reino; con las gafas que siempre criticó Valentín -ahora empañadas por vaho del momento- y con mi ex compañero recién salido del sumidero que yo mismo atornillé. A mí no me grites, Valentín. Me permití ponerme gallito por mi clara posición de ventaja. Se le quedó enganchado el pie entre dos platos y un exabrupto caido durante a comida. Además... Estaba desesperado por recuperar su mala leche.

No sabía cómo hacerlo. Ante todo esa era la cuestión. ¿Cómo se devuelve algo así a alguien? ¿Dónde ha quedado, dónde la encuentro? ¿Cómo me lo saco de mis recuerdos? Que yo sepa, lo que se da no se quita... Aunque en este caso, ya me gustaría haberme librado durante mi infancia de este gañán. ¡Devuélveme lo que es mío! Insistía.

Ahí estaba. Ofendidísimo entre platos, con los años mal llevados y una exigencia que me afectaba directamente. Te jodan, le dije. Agarré los guantes de goma, improvisé un tirachinas y le metí un hueso de aceituna en el ojo. Después desapareció por donde había venido. No fue una venganza... Mi cubertería me necesitaban y Valentín no era lo suficiente fantasma como para hacerme pagar por los platos rotos que nunca rompí. Me sequé las manos y me fui a revisarme al espejo, a ver si quedaba alguna colleja pendiente.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Qué ternura me produce este post. Supongo que nos pasa a los que éramos pelín pardillos de pequeños. Si en mi sumidero apareciera ese que me pidió mi BH azul y luego me la tiró por una cuesta, yo también querría acertar con el hueso de aceituna en su ojo. Y en mi caso por venganza, sí. :))

Fdo: una guay con restos de alguna marca en el cuello
Daniel Seseña ha dicho que…
Estimada guay, gracias por esa empatía. Si no fuera por el hueso, efectivamente habría sido una venganza en toda regla.
Anónimo ha dicho que…
Bueno, bueno, bueno... Yo ya soy mayor para estos trotes, no me sale nadie por el sumidero porque se me ha olvidado el cole, pero como me saliera el vecino del 5º A, se tragaba el guante, la espontex, el cepillo de las sartenes, y el detergente ecológico. Qué genial, pero qué susto, oye! Y si saliera con su mujer que parece la madre de perkins en psicosis, no te digo...
Daniel Seseña ha dicho que…
El ecosistema del fregadero es una mina, nunca se sabe. Y los sumideros lo asumen todo... hasta las peticiones e intenciones más absurdas. ¡Qué te voy a contar!

Entradas populares de este blog

Un cruce figurado

Bloqueado, sin respuestas ni preguntas, con vista cansada y voz sin fuerza, como un fundido a negro (como se diría en modo audiovisual) y sin opción de empezar de cero en otra pantalla. Más o menos es el atuendo emocional con el que esa mañana se levantó Alexander. Y eso que el día anterior había sido de esos que enriquecen y dejan recursos para una larga temporada. Por ejemplo había vendido su última novela (El crimen y la gestión aparte) a su editora; la película de North, su mujer, titulada Sabias con más de un tema, estaba triunfando entre crítica y taquilla; la gotera del salón se había convertido en agua pasada; y por fin había llegado la lámpara alemana de los años 30 que compró a una "retroanticuaria" virtual. Pero la mente manda, con sus normas y tiempos.

North había salido temprano a una rueda de prensa y él tenía que terminar un artículo sobre ironía de la vida. Así que asumido el bloqueo bajó al Nitty a desayunar. En el fondo de un charco se encontró …

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Sin estridencias

En mitad de la carretera, a pie de asfalto... Ya no pincha, ni mucho menos corta. Pero toma postura y digiere la curva peligrosa.