jueves, julio 28, 2011

En una dirección

Para que luego digan que las señales no brotan. La foto es tan real como mi escepticismo antes las señales. O sea, que el plural soterrado al que apunto se refiere a mí. No creo en las señales y sí en los hechos y cómo no, en los indicios. Sin embargo, últimamente la señales brotan en mis narices y no es que no me entere, me entero, pero paso de darles más categoría de la que tienen. Las señalo, las apunto y punto.

La que ilustra este post es tan real como el sentido de la flecha, sólo que algo retocada por los efectos estéticos de mi Instagram. Pero no importa, la dirección a la que apunta es la misma. Apunta maneras, posturas, iniciativas, resonancias sin resuello, contradicciones, discusiones. Subraya vínculos sin lazos y enfatiza sobre aspectos dispersos. Indica una opción y renuncia al otro lado, ese para el que siempre podemos mirar para no mirar al debido.

Hace unos años me encontré en mitad de la carretera de Castilla (paré a un lado para comprobarlo, unas obras me lo permitían) un girasol que emergía del asfalto agrietado. Ahí no había señales, sólo una cabeza llena de pipas que encontraba resquicio propio y apuntaba en una dirección. Le hice una foto que no sé dónde metí. Y aunque entonces el verbo digitalizar no se llevaba, sé que estará en alguna parte, en algún cajón. Recogiendo ese momento único. Hoy es una señal de metal la que emerge entre los arbustos... O son ellos quien la van ocultando. No importa. Es posible que ambas partes de la raíz estén de acuerdo en una cosa: mirar para otro lado, en otra dirección, no sirve para nada. Al menos, para el lado 'opuesto' al que realmente quieres mirar.

1 comentario:

Juana dijo...

Ya aparecerá en el momento que corresponda .... siempre miro en la dirección señalada, incluso cuando no me gusta ....