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Mostrando entradas de diciembre, 2011

El secreto

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Había logrado que la escuchasen en el súper. El charcutero era su última esperanza, sólo éste podría llevarle hasta la bodega donde se escondía el secreto mejor guardado de su historia. Eulalia le contó con todo detalle en qué consistía su argumento. Pero hasta entonces la tomaron por loca el pescadero, la ferretera, la verdulera, la responsable de los emparedados y el domador de carne picada con el mundo. Luis Lombía, el charcutero, tenía un punto de sensibilidad por encima de la media. Un día decidió aprovechar los lapsos (entre corte y corte, entre las múltiples impertinencias y caprichos de los clientes) y rasgar un poco más en las ideas que se le pasaban por la cabeza superficialmente para ver hasta dónde le llevaban. Además, esta práctica le servía para detectar a los auténticos listos y listas de la compra. Eulalia era una de ellas.
Eulalia Santadealta se llama. Y junto a su pensión y otros seguros de vida, sabía que su familia tenía un secreto a voces que terminaron ocultando.…

El charco de Benet (existente o borrador)

Viene de Benet el mafioso y la entrevista ficción 1001...

...El principio de la historia de Benet se encuentra en un charco. Me cuenta que cuando abrió el ojo izquierdo no tardó en comprobar que su ojito derecho le había abandonado. Estaba tirado en aquel charco, rodeado de despropósitos propios y un montón de años perdidos. Algunos emprendedores se encomiendan a un mecenas para sacar adelante su proyecto. Otros buscan muchos inversores para no depender de ninguno. Mario Benet apoyó su vida en un escudero llamado Javier Retablo.
Le pagaba bien y a cambio hacía del hijo que nunca tuvo y acometía para él pequeñas y comprometidas gestiones mafiosas de barrio. Una extorsión por aquí, un cobro extra por allá, sutiles intimidaciones y algún que otro artículo escrito para un par de periodistas corruptos. El pequeño Javier valía para todo. Las arcas de Benet lo notaron desde que le rescató de aquel centro juvenil de mala muerte. Eran como Sonny y Calogero en Una historia del Bronx (Robert D…

Benet el mafioso y la entrevista ficción 1001

Hoy he hecho mi entrevista número 1001 como periodista ficción. Se la he realizado a Mario Benet, un mafiosillo de barrio que ha decidido cantar. Su época de esplendor tuvo lugar entre finales de los 70 y mediados de los 90. Dio conmigo a través de una voz perdida que procedía de un teléfono ajeno en "el 52" (autobús regular de la EMT). Aquella voz hablaba de mi supuesta hablilidad para cominicarme con personajes borrados o directamente inexistentes. "No, no está loco, ni es un medium; sencillamente se interesa por ellos y después ellos le hablan, le putean o le presentan a terceros", decía aquel... tercero. Aquello conectó a Benet con la conversación. Después, a pesar de su tercera edad, Benet recordó su agilidad en el arte de la sustracción y se apropió de aquel 'móvil' para llamarme.

Acostumbrado a dicha costumbre no me sorprendió su llamada. Desde el principio me interesó su historia. Hablaba de decadencia; de buenos momentos; de reflexiones mafiosas mez…

Raúl y el 600 verde

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Se llamaba Raúl, mi amigo durante 3º y 4º de EGB, allá por los 80s. Como muchos compañeros dejaron aquel colegio, el San Juan Bautista, para entrar en las filas educativas de otro centro. No tengo un recuerdo muy nítido de aquellos años, pero sí sé que Raúl siempre ha ocupado un lugar especial en mi cabeza. Entrañable, simpático, compañero, generoso, educado, rápido, listo, llevaba adjuntos estos y muchos más adejetivos, y muchos más que amplificó con los años. 
No hablaba con él desde 6º de EGB hasta que un buen día, tras colarse en un recuerdo y pasar a protagonizar un post en Periofismo ficción después, Facebook nos volvió a juntar. Así son las cosas, de pronto se te cruzan los cables, rescatas un nombre y al instante te ves charlando (en formato adulto pero con las estructuras de la infancia) con tu amigo de entonces. Le busqué después de escribir aquella entrada (que no consigo encontrar), la foto de su avatar no dejaba lugar a dudas. Era él, la misma cara pero con el gesto de lle…

El papel tras el buzón con voz

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Llego cansado (muerto) después de una semana muy intensa. Cuando abro el buzón (el de siempre, el que alberga cartas en sobres de papel y panfletos publicitarios) una voz sale del fondo. Impostada, tenebrosa, pero conciliadora. Me invita a palpar bien el interior del buzón, porque hay mensajes sin leer; correspondencia que no ha sido correspondida. Me quito los guantes y meto la mano hasta el fondo. Descubro una compuerta que jamás había visto. Apenas llevo unos meses en mi piso, es viejo y paso poco tiempo en él. Y francamente, hace mucho que he abandonado la costumbre de abrir el buzón. Desconocía la existencia de esa entrada profunda.
Como si me poseyera el mismo Inspector Gadget, alargo el brazo hasta una distancia que jamás habría alcanzado sin no es por esa intriga que tanto estira. Abro la puertecilla y paso. No sé cómo, pero logro entrar; seguramente me he convertido para la transición en agua (my friend). Entonces salgo de mí... "para volver en sí", sugiere la voz…