miércoles, enero 11, 2012

Subordinado a una orgía verbal

David vive subordinado entre un punto y una coma dentro de una frase sin fin. De vez en cuando se refugia en silencios, pero no saca nada de ellos, porque sólo se refugia. Antes de llegar a este papel pasó por muchos párrafos que terminaban cerrando sin conclusión, lo que le sirvió para construir una visión de la vida tan delimitada como condicionada por las frases hechas y los textos con planteamiento y punto final. Cuando llegó aquí ni se imaginaba que sus palabras fueran a resultar tan determinantes para seguir, parar, pausar o para cerrar significados. 

Se había acostumbrado David a que otros redondearan el sentido mientras él aportaba sus exclamaciones, dudas o sujetos sin arraigo a la palabrería. Digamos que nunca pensaba en el significado del conjunto, sino en tratar de paliar su propia insignificancia. Sabía que tarde o temprano alguien externo pondría punto y final a la frase, lo que le llevaría a empezar a navegar (aparentemente de 0) por otras latitudes verbales. Sin embargo, sin ser consciente de ello, se había metido en una nueva ruta compuesta por más que palabras. De una frase con estética decadente surgía una subordinada que daba un giro radical a sus mermados significantes; de una pausa sepulcral de pronto brotaban onomatopeyas despampanantes que levantaban las ánimas más negadas; incluso irrumpían en escena versos irreversiblemente rayados pidiendo rimas desordenadas.

David se encuentra en una fiesta permanente de oraciones desbocadas, ideas en el aire, tachones a la deriva y borrones sin cuenta nueva. Tras abandonar (para aligerar el 'barco') el derecho a la insignificancia, ha llegado a dudar de su propia existencia. En este texto en el que habita todo parece figurado, todos parecen figurantes, y es el hecho de pisar arenas movedizas pero extremadamente tangibles el que le mantiene cuerdo. Poco a poco va entendiendo que el final de este cuento depende él mismo. Y por supuesto sabe que tiene que encontrar el dorso al asunto. Otra cosa es que decida agarrarse algún recurso para dar esquinazo al final. Ahí queda.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

El hombre interior es el único que en verdad existe el único lugar donde lo que se ve es tan pequeño y pobre como grande y significativo.
Uno se encuentra con al menos dos pensamientos contrapuestos mientras perfila una frase,¿como empezar y finalizar en tanto o en tan poco?¿como no dejarte en el aire el pensamiento inconcluso?todos los pensamientos son inacabados,si no fuese así no existiría la felicidad momentanea tan necessaria y de la que uno se nutre.
¿Que hay de malo en vivir en el aire?¿por que hay que significarse?
Si uno se conoce tanto,que le dejas a el otro de tí que no sea una copia de ti mismo.josakos.

Anónimo dijo...

Gentes como David hay muchos, si no he entendido mal su caso. Son esos que dicen bueno, bueno, bueno, etc, hasta 12 veces he llegado a contar. Creen que están hablando pero están ganando tiempo para que alguien diga algo con sentido porque ellos no son capaces de encontrar las palabras.
¿Me equivoco?
(No, si ya se sabe...)
Son mudos funcionales. ¡Con lo bueno que es el silencio!

Daniel Seseña dijo...

Me temo que todo es más sencillo... Un tipo atrapado entre un punto y una coma; en una frase que no sabe cómo terminar hasta que se da cuenta de que todo es un cuento que sólo él puede terminar. Y cuando toma consciencia de ello, termina por debatirse entre si seguir hacia el desenlace o tirar hacia el nudo. "Aquí queda".

Anónimo dijo...

No es por discutir pero, eso de sencillo, nada. Yo tiraría hacia el enlace. Igual conozco a alguien y me indica...

Daniel Seseña dijo...

Puede que por ahí se abra camino. A veces los vínculos llevan a nuevos contextos necesarios para saber se qué frase estás hecho. No es mala idea. Queda.

Anónimo dijo...

Bueno, en cualquier caso, este post está lleno de significados y del descubrimiento de que somos producto de frases, de silencios, de sobreentendidos, nuestros y ajenos.. Lo he leído varias veces y cada vez me gusta más.
Estoy leyendo un libro en el que al prota y narrador le dicen que se atreva a nacer de nuevo, que siempre es posible para quien se atreve. ¡Que cambie de nombre!
Copifate

Daniel Seseña dijo...

Me gustaría conocer el título. Queda.

Anónimo dijo...

Yo recomiendo a Karl Popper,cualquiera de sus escriros.josakos.

Anónimo dijo...

El libro se llama 'El quinto en discordia' de Robertson Davies. El título alude a ese personaje que en las tramas no está emparejado y es usado por todos los personajes principales para enredar la madeja. Hasta el desenlace...

Daniel Seseña dijo...

Apunto agradecido!

laquintaendiscordia dijo...

Ya no se lleva mucho, pero yo he impreso este grandísimo post para poder navegar por sus latitudes verbales siempre que me apetezca. También por los siempre necesarios tachones a la deriva

(copifate, ya estoy acabando.. No te digo más)

Daniel Seseña dijo...

Gracias 'laquinta...' por apreciar las latitudes, porque a veces uno se tambalea en ellas, y estas frases y pausas dicen que la dirección no es mala.

Anónimo dijo...

Poesía urbana, poesía con 'recochura', como las mejores letras de un Sabina que escuchas mil veces, y en cada una de ellas descubres un significado nuevo. Palabras maravillosamente entrelazadas. Equilibrio perfecto en el uso de la gramática emocional. Me ha encantado y no digo más.

La Vieja del visillo