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Mostrando entradas de abril, 2012

Enviados en bandeja 'expropia'...

El despertador dejó de sonar y Julio entró en coma. ¡Qué punto, pensó! Siempre ha sido de humor fácil. Ayer me escribió -no sé cómo lo hizo- desde su propio Estado (poco dado al intervencionismo emocional). Debió de darse por dentro una expropiación de cosas por decir. El email estaba lleno de silencios tan escandalosos que irritaban los tímpanos mejor acorazados. Reconozco era la palabra más usada, casi tanto cono lamento. Pero también se reconocía detalles que había tenido y que jamás nadie se los había reconocido. Gestos tan eficaces para terceros como invisibles en el retorno propio. Se trataba, en definitiva de un texto que buscaba una reconciliación con la carpeta de Pendientes.
No es la primera vez que recibo un correo enviado desde el subconsciente de otra persona. Pero sí, la primera que me lo manda alguien que está entre la vida y la muerte. O eso dice. No tengo referencias; únicamente lo que me manda desde Estado intervenido desde dentro... Y por supuesto no me pide que i…

La humedad subjetiva del cuadro

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Del muro más seco de su piso surgió una tenebrosa humedad con cara de pocos amigos, que no de Bélmez. Entonces comenzó a dialogar con la pared. El gesto de aquel rostro mohino no cambiaba, pero Mario intentaba que al menos se pronunciara. Le habló del jardín donde perdió la virginidad y donde se dejó una historia que no volvió a encontrar. También le contó cómo se las apañó para salir de la primera vez que se hundió en un vaso sin agua. Le confesó que no era el tío más honrado del mundo. Lloró cuando se acordó de la muerte de su lagartija Pancho... Más que nada, porque no fue una muerte sino un homicidio involuntario; dejó a su alcance una idea suicida que no supo procesar. Agotado, se quedó frito sobre la alfombra marrón.
Al despertar comprobó que la humedad estaba seca y con una semi sonrisa a medio esbozar apuntándole directamente. Le preguntó por su cambio de actitud, a lo que la humedad seca respondió con un llanto sincero. Cuando dejó de lloriquear le contó que no sabía qué hací…

Nota de una historia y 100 estaciones olvidadas en un bloc de notas

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Había escrito una novela completa en el bloc de notas de su smartphone. Idea a idea, personaje a personaje, trama tras trama, las había parido entre las estaciones de metro que Román transitaba a diario. Con esa plácida y necesaria ambivalencia de cariño y rabia fue dando forma durante meses a una historia formada por cientos se afluentes e influencias. Algunas venían de fórmulas interiores, otras directamente importadas del exterior y otras tantas procedían de un espacio desconocido... Era su esfuerzo, su trabajo personal.

Una vida paralela que alimentaba de vagón en vagón y que un buen día al encender el teléfono se llevó la fatal sorpresa de descubrir que la novela había desaparecido. No había rastro de ella, ni en la nube ni en las entrañas del teléfono. Como consecuencia inmediata Román se reencontró con el asma y como daño colateral se pasó dos estaciones y tres pueblos. Confundido, sin aire y con sudores fríos (netos) se bajó del vagón en una parada virgen para él: Palos enter…

Me cuento por dentro...

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De nuevo en el metro me encontré conmigo, pero en versión chunga. Me explico. Salgo de un vagón vago; se había parado porque sí. Entro en otro ¿Por qué no? ¡No me iba a quedar entre vías (de escape)! Y cuando entro, me siento junto a mí. Tengo cara de pocos yos; me lanzo una mirada de superioridad a nivel del hombro (por encima, imposible) y voy y me respondo con amabilidad (al enemigo ni agua, eso sí, con una sonrisa).
Vamos en la misma dirección, pero en distintos sentidos y por supuesto a diferentes estaciones. Veo que hago un amago de bajarme aquí y después allá... También sé dónde tengo que pararme. Sigo sonriendo, aunque temo quedarme con cara de gilipollas de tanto forzar (para reforzarme frente a mi propia hostilidad y ansias de individualidad).
Me gruño, me insulto, me entiendo... Juego mi propio derbi en el qué sé con quién voy a pesar de jugar contra él. Por supuesto sé quién ganará el partido. Y aunque en esta cancha el perdedor no desciende a segunda... ni deja de competi…

El terrorista de la célula madre

...Cuando despertó se levantó en una comisaría donde le acusaban de ser un terrorista y de pertenecer a la célula madre. Confundido hizo la llamada de rigor, marcando un número -tirando de subconsciente-. Pero no había nadie al otro lado. Volvió a la celda donde siguieron interrogándole. 
Él lo percibía todo con una capa de neblina como filtro ante el exterior. Similar a ese momento en el que el despertador te saca de golpe de una fase profunda del sueño. La diferencia es que este estado empezaba a prolongarse demasiado y su identidad no aparecía por ningún rincón de su cabeza. Mientras tanto los policías seguían friéndole a preguntas sobre su pertenencia a la célula madre. 
Se miraba las manos, examinaba con detalle cada pliegue, cada poro; se miró de reojo en un reflejo de la mampara de aquel cuartucho. Esa no es mi cara, pensó. Pero no sé qué cara tengo. De dónde he salido. Y así, palpándose poco a poco iba aumentando su angustia. 
El poli bueno trató de hacerle entender que la ha…