Nota de una historia y 100 estaciones olvidadas en un bloc de notas

Había escrito una novela completa en el bloc de notas de su smartphone. Idea a idea, personaje a personaje, trama tras trama, las había parido entre las estaciones de metro que Román transitaba a diario. Con esa plácida y necesaria ambivalencia de cariño y rabia fue dando forma durante meses a una historia formada por cientos se afluentes e influencias. Algunas venían de fórmulas interiores, otras directamente importadas del exterior y otras tantas procedían de un espacio desconocido... Era su esfuerzo, su trabajo personal.
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Una vida paralela que alimentaba de vagón en vagón y que un buen día al encender el teléfono se llevó la fatal sorpresa de descubrir que la novela había desaparecido. No había rastro de ella, ni en la nube ni en las entrañas del teléfono. Como consecuencia inmediata Román se reencontró con el asma y como daño colateral se pasó dos estaciones y tres pueblos. Confundido, sin aire y con sudores fríos (netos) se bajó del vagón en una parada virgen para él: Palos entera.

Vagaba con la mirada perdida y con la mente en triple partición (como un disco duro, muy duro): una parte, trataba de recuperar los datos de memoria; la segunda, se dejaba en manos de la desesperación; y la tercera quería buscar la forma de recuperarlos. Así que con un cóctel de desesparación, asma, dolor, tristeza, rabia, ansiedad, frustración, picores, retortijones cereblales, etc., empezó a retomar donde nunca lo había dejado.

Un señor (con pinta de 'reinventado digitalmente a la 2.0' y de saberlo todo sobre Román) le dice: No te preocupes, hombre, si lo importante es PARTICIPAR.Con el dedo izquierdo (de) corazón en alto, Román le indicó el camino de su comentario y le dedicó una sonrisa forzada. Román, sigue escribiendo.

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