Ir al contenido principal

Entrada de párpados para adentro

Mañana me voy a encontrar mal, hasta entonces, tengo tiempo para estar mejor. Me pondré un libro en la cabeza para paliar la cosa. No dejes para un rato lo que no puedas dejar de hacer en extrañas circunstancias, me decía mi abuelo; después cerraba los ojos y se echaba una siesta de dos horas. Estoy y soy un enfermo, portador de una enfermedad que no figura en los mapas, sin embargo yo la padezco, por eso sé que mañana me voy a encontrar peor que hoy. Lo jodido sería que no te encontrases, bromea siempre mi amigo Pol Regata. Lo que no sabe es que me ocurre a menudo; en concreto, las noches de luna menguante, después del pis de media noche. Me miro al espejo y en mi lugar hay una taberna inglesa llena de gente que se encuentra bien.

Me gusta encontrarme mejor sin dejar de hacer esas cosas en extrañas circunstancias que decía mi abuelo. No me molesta perderme invisible en esta tasca llena de humos cargados de notas sin narrar en inglés. No sé qué relación tiene mi malestar con esa ausencia ante el espejo, pero reconozco que no me importa padecerla si me permite ver más. El mejor encuentro, es el que uno disputa consigo mismo antes del campeonato mundial de los adultos, decía antes de despertar Carmencita, la restauradora de brazos a torcer.

Hoy estoy con todos en la taberna. No sé cómo, pero he pasado al otro lado y tengo una jarra de cerveza azul agarrada con mi mano izquierda; desde aquí lo veo todo en plan zurdo. Qué cosas. Miro hacia mí y me veo, pero lo que no termino de visualizar es el reflejo del espejo que me trajo hasta aquí. Estás quedao', me dice un irlandés con gesto de intervenido. Será eso, pienso. Me encuentro mejor. Debe de ser por tanto, que me he quedado en este lado. No sé qué queda a los lados de la taberna, pero por lo pronto voy a empezar esta cerveza y brindar con la gente; después ya buscaré mis nuevos límites.

PD.: La imagen viene del blog Amigos del Kraken.

Comentarios

capitán garfio ha dicho que…
Hola, cuanto tiempo...
No sé a ti, pero a mí ,me ha recordado que nos hacemos mayores, pero siempre será bueno, el poder encontrarnos...
un saludo y un abrazo

Capi
Daniel Seseña ha dicho que…
Sí señor, mucho tiempo. Nos hacemos mayores afortunadamente. Esto es un gran torneo reflejado!
Un abrazo!
Anónimo ha dicho que…
Ese comienzo tan rotundo, literario y tan diferente a lo habitual, a mi me ha hecho encontrarme muy bien, por qué no decirlo.

Y brindo con complicidad algo difuminada por el humo, por esas enfermedades que no sólo permiten ver sino también, contar más. grp
Daniel Seseña ha dicho que…
Rotundo brindis! Cheers por las narrativas ficcionadas! Grp
Anónimo ha dicho que…
Hallazgo histórico en la historia del lenguaje: 'gesto de intervenido' Genial!
Por cierto, ayer di mi brazo a torcer y aún lo estoy esperando. ¿Que puedo hacer, espejito?

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

El recorte tendido

Cuando Carlos se levantó todo estaba en su sitio, menos él, que se sentía de vuelta y media. Echó de menos el recorte de periódico que la noche anterior había tendido en la cuerda de las historias pendientes; junto a la ropa que no usa pero lava. Con el ritual del desayuno tuvo que combinar tostadas con hipótesis. La primera consistía en cuestionar la existencia del recorte, ¿habría sido parte de un sueño? La segunda, en desestimar la primera duda, ya que recordó que había escrito una nota en su móvil que aludía a la historia recortada. Tercera, pensó que se había levantado de madrugada y en un acto surrealista se la había ocultado a sí mismo. Y en la cuarta se preguntaba, si se lo había ocultado, ¿por qué lo había hecho?

Concluido el ritual y el desayuno, la respuesta llegó de forma natural. Sentado en el inodoro observó la posible escena delante de él. Se veía a sí mismo levantado de madrugada. Leía la historia del recorte entre la consciencia y el sueño. Su cara reflejaba dolor, rab…