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Mostrando entradas de julio, 2012

La prima de Riego

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La conocí por casualidad. Unos amigos y yo comentábamos la vida mientras custodiábamos la barra del bar "De siempre". Entonces ella entró por la puerta por la que nadie pasa. Por esa que convierte en invisible al más pintado, pero por una extraña conexión yo la vi en todo su esplendor... Y ella a mí también, pero con menos brillo. Camuflados por el bullicio empezamos a hablar, no de la vida, sí de nuestras cosas. Se presentó como la prima de Riego, una republicada convencida (sí, con D) que necesitaba contrastar lo que mi viejo amigo Riego le había contado sobre mis personajes.
Aunque sabía con certeza que no era un personaje de ficción sacado de este blog, albergaba alguna sospecha de estar encarnando una posición ajena. Al parecer, un tipo de interés que le tiraba los tejos también le rondaba la cabeza: la intención de asaltar un hecho real y devaluar su moneda hasta taparle la cara con una cruz. Tienes motivos para dudar, le dije. Entonces abandonamos la barra y nos sentam…

Un aplicado y latente asesino

Ayer leí un mensaje en un móvil ajeno. Se lo mandó alguien a alguien en el autobús y alguien como yo (un entrometido nato), en medio del asunto lo recibió sin querer. Hablaba de mí; describía cómo y cuándo debía ser ejecutado. Antes de bajarme del autobús miré los ojos de mi latente asesino para comprobar si me reconocería. Jugaba con ventaja, porque sabía -por lo que indicaba el mensaje- que no me mataría ahí, en ese momento. Ni me miró. No se inmutó. Era casi un treintañero con cara de haberlo suspendido todo sin aprobar más que lo justo, y mueca de desear romper sus primeros platos... Seguramente, acomplejado por ser un experto en pagar los rotos por sistema.
Volví a subir al autobús. Para no llamar la atención, compré el billete de nuevo. Sólo una señora al verme puso cara de déjà vu. Es más fácil así (volver a entrar); cómo va a pensar la señora que un tipo baja y vuelve a pagar para subir al mismo autobús. Para darle más emoción al asunto, me senté junto a mi latente asesino, des…

Fiscalía cuántica

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Fue Chuménez el fiscal, quien me lo advirtió. No se equivocó. Ayer a las 21:21h mi sombra me apuñaló por la espalda. Era un día luminoso y apenas tenía donde autopotenciarse, pero encontró un rayo sin luz del que sacó la energía suficiente para ejecutar un supuesto plan. Ahora, con el flexo apagado, trato de entender sus motivos. No es fácil. Está parcialmente desglosada y separada de mi talón;  su cobijo predilecto. 
Siembre la tengo en cuenta para todo. Le cedo el paso, chocamos las manos, contrastamos, peleamos, compartimos reflejos y siempre terminamos fundidos en la oscuridad de los sueños que no tenemos. Pero Chuménez, que es perro viejo en esto de la desconfianza por defecto, me invitó a practicarlo con mis propios pasos. ¡No te fíes ni de tu sombra! Pensé que no era más que un tópico, vertido por la típica necesidad de un letrado de retorcer el camino más recto. No le hice caso y ahora, como decía, intento entender.
Será porque debo de ser de los pocos que se para a escuchar a …