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La prima de Riego

La conocí por casualidad. Unos amigos y yo comentábamos la vida mientras custodiábamos la barra del bar "De siempre". Entonces ella entró por la puerta por la que nadie pasa. Por esa que convierte en invisible al más pintado, pero por una extraña conexión yo la vi en todo su esplendor... Y ella a mí también, pero con menos brillo. Camuflados por el bullicio empezamos a hablar, no de la vida, sí de nuestras cosas. Se presentó como la prima de Riego, una republicada convencida (sí, con D) que necesitaba contrastar lo que mi viejo amigo Riego le había contado sobre mis personajes.

Aunque sabía con certeza que no era un personaje de ficción sacado de este blog, albergaba alguna sospecha de estar encarnando una posición ajena. Al parecer, un tipo de interés que le tiraba los tejos también le rondaba la cabeza: la intención de asaltar un hecho real y devaluar su moneda hasta taparle la cara con una cruz. Tienes motivos para dudar, le dije. Entonces abandonamos la barra y nos sentamos en la vieja mesa de madera que el tabernero había adquirido en una subasta del Norte.

 Me contó que Riego había emigrado después de perderlo todo. Una semana antes ella empezó a notar los primeros síntomas de irrealidad: bajadas alteradas de tensión; calambres en las piernas producidos por ideas no verbalizadas por Riego; cosquillas en un mal sueño; agujetas en el músculo del arrojo; picores en el tobillo del centro; ausencia de deseo canalla ante un mar de tentaciones; y la más clara de todas las señales, una ansiedad irrefrenable provocada por las frases recicladas por otros.

Años antes, Riego y yo salvamos la vida de un personaje que iba a ser ejecutado, Ramón Car. No supimos que era una ficción hasta el amanecer, con la última copa. Ramón había salido de una entreplanta en entredicho y nosotros nos habíamos convertido en parte de su obsesión. Nos buscaba en el momento en que Riego y yo nos dejábamos llevar por ese estado en el que la palabras salen sin censura previa. Palabras amables, vitales y dispuestas a tejer entredichos con tanta ficción como realidad de fondo; como ocurría en la entreplanta de origen de Ramón. Nos encontró o le invocamos, no lo sé, pero huía ante nosotros de un malo de cine que no aceptaba ser malo de libro y le responsabilizaba de su realidad. Matamos al malo y reescribimos la historia de Ramón Car...

...Y ese día, en ese mismo momento, la prima de Riego, después de 6 años militando en el Frente de Liberación Racional, decidió que ya había madurado lo suficiente como para saltar a la ficción. Así que, sin saberlo, Riego, Ramón y yo habíamos participado en otra realidad. 

Y ahí estábamos, la prima y yo buscando el sentido a las cosas, sentados en aquella mesa adquirida en la subasta del Norte. Entonces entró el camarero en escena con una bandeja llena de hielos. Probad uno, os va a gustar, nos dijo con exquisita profesionalidad. Saboreados los pequeños bloques empezamos a sublimar. Ella volvió en sí y yo salí del no, y finalmente nos encontramos en un punto común. Ese espacio/tiempo en el que no sabes muy bien donde estás, aunque pises suelo firme y dispongas de una hoja de ruta/vida tan sólida como la mesa del Norte. Ese rincón tan sublime por la ausencia de amarguras que da pena abandonarlo. Lo llamamos la Republicada, por lo mucho que nos gustaba releer lo reescrito por nadie.

Cuando nos despedimos ella desapareció y yo seguí trabajando en la construcción.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Al leer este estupendo post no sé si me entran más ganas de escribir ficción o de darle al drinking en esa sólida mesa. Es que hay dos frases en el post que brillan tanto que no consigo volver en sí para decidirme.

Periodismo-ficción, este si que es un fantástico binomio
grp ha dicho que…
Sin prisa, eh? :))
Anónimo ha dicho que…
¿Qué pasa con el bloguero?
Estamos en octubre y nada.
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