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Mostrando entradas de octubre, 2012

Góndolas de secano

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Vengo de charlar con Pedro Turbio. Ha vuelto a España después de 20 años ejerciendo de gondolero en Venecia. Dice que ya no queda agua,  sino la impresión líquida de un elemento que nos hizo flotar; y en ocasiones, reflotar. Y ese elemento no soy yo. Como tiene un dinerillo ahorrado y muchas ganas en el agujero del bolsillo, va a montar un negocio propio de barquitas en Madrid. Dice que existen canales por donde discurre un flujo sin color, compuesto por millones de millones de palabras que nunca han llegado a pronunciarse; por falta de tiempo o por partir de ideas ocurridas fuera de lugar. Y ese flujo es 100% navegable, asegura.  Como ocurre con tantos personajes de Periodismo Ficción, Pedro Turbio quería flotar dentro de un contexto. Impulsado por la emoción de verse tan real como la ficción misma, no me ha dejado pagar ni una ronda. Es más, en esta ocasión me he permitido dar la vuelta a la película y le he pedido que me deje participar de su idea. No sé, me ha pillado desprevenido.…

Por el buen contexto

Ayer me encontré con Mariano Zas. Venía de su trabajo. Relaciona contextos y saca conclusiones, después las archiva en una memoria externa y recupera la suya. Así día tras día. Extraído de una idea que tuve hace mucho tiempo y que hoy reaparece en esta coyuntura extraña, de madrugada, a pleno sol de la noche, decidí sentarme un rato a charlar con él. Apagamos los móviles y desconectamos con el mundo exterior para centrarnos en la situación. 
Lo primero que me dijo, una vez pedimos los cafés y disparamos las frases de inicio, fue que debía resintonizar los canales. Qué canales, le pregunté. Los que programaste con el cambio. Qué cambio, repregunté. Aquel que empezaste cuando se te ocurrió que yo debía tener sentido. Me dejó de piedra, pero tenía toda la razón. De hecho, un relacionador de contextos como él que cambia de memoria en función de las circunstancias sólo podía tener sentido si establecía un nuevo sistema de canales dinámicos; pero el dinamismo en algún punto se paró, me vino …

Pulpos de secano y otras teclas no pulsadas

Salí con prisa de casa, sin mirar a los lados ni al frente, ni detrás. El resultado fue un fuerte golpe conmigo mismo al no verme venir, que me llevó hasta lo más profundo de la superficie del asfalto. Un señor con cara de pocos enemigos llamado Evaristo me levantó y me sentó en una banqueta de metal, junto a un puesto de pulpos extremeños. Tómese esto, le vendrá bien. Me ofreció un vino blanco y un pincho de pulpo de dehesa propia. El efecto fue inmediato. Como el mejor de los lexatines tomados a tiempo, dejé las prisas y me quedé charlando con este tipo. Me contó que en su día fue espía, pero que dejó de espiar porque terminó vigilándose a sí mismo. También yo me tropecé como usted, me dijo y se echó a reír. ¡Qué cachondo! pensé. 
Al tercer vino descubrí el punto a este tipo de pulpo de interior. Al principio cuesta de digerir, me decía Evaristo, pero luego entiendes que a veces el mar no lo es todo. Me lo decía él, un exespía de secano que había navegado por las aguas más turbulent…

De vuelta entre cambios

Vamos allá... Estaba en una especie de pausa bloguera (desde julio) cuando un señor se me acerca en la mitad del súper (entre las coliflores y los trigueros dubitativos) y se presenta como Sr. Percha. Me habla de él y de un hueco que se le había ocurrido en lugar de una idea. Metido en su propio resquicio me asomo desde un lado y trato de entender mi propia pausa a base de no escuchar prácticamente nada de lo que me cuenta. Entonces me sujeto a su nombre y comienzo (por fin) a escribir, y él a describirse (dibujarse) en un espacio desconocido. Caminamos entre secciones. El tiempo pasa despacio cuando entras en menaje y deprisa en pescadería. Se para en vinos, rebobina en yogures, se traviste ante el fiambre y se tuerce al final de todo. Condicionados por él -por el tiempo- el Sr. Percha y yo nos dejamos llevar por sus cambios inmutables. A veces me siento más cercano al espacio y dependiendo de la temperatura de mis ideas, me arrimaba más o menos al tiempo. El hueco es grande, pero n…