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Mostrando entradas de diciembre, 2012

Direcciones sin embargos

Cuando empecé a alimentar este blog tenía 32 años, así que estaba más cerca de los 20 que de los 40. Para mí, alguien de 40 era como un jefe; una especie de adulto ejecutado por el hábito de serlo; un padre con aspiración a ser todopoderoso. A los 32 aún pensaba como a los 22 que a los 40 lo establecido se abriría paso entre lo inestable. A los 32 soñaba con que el cine era el formato definitivo junto con la novela.

Y ahora, recién cumplidos los 40, no sé qué viene mañana, pero sí qué toca ahora. Sé que una película sólo es el comienzo de una bonita multiplataforma de versiones narrativas y sé que por mucho que me empeñe en planificar todo, todo termina saliendo según lo no planeado; lo que no significa que haya aprendido a tomarme las cosas con más calma. Esa breva no caerá, al menos a los 40. Asumo mi contradicción de cine.

A los 40 he conocido a Julián Molino. Un señor de 40 a quien acaban de embargar sus palabras. Desahuciado de sus ideas y con el ombligo lleno de heridas, se en…