miércoles, enero 25, 2012

Recuerdos de olvidos tallados

Después de un año, tres días y una noche que parecía eterna, Carmina Valle Gaz encontró la aguja que buscaba en el pajar de su tía Romina. Al día siguiente falleció. Marcelo Carabanchel, un buen amigo de Carmina, trató de ponerse en contacto con la tía Romina Gaz, pero ésta desapareció del mapa el día que quiso encontrarse en él. Así se lo contó su compañera de residencia Fernanda Coto, con la que al parecer compartía memorias. Ahora Fernanda y Marcelo son lo único que queda de la familia Valle Gaz.

Ambos están jubilados y tienen tiempo y ganas de relacionar la búsqueda de la aguja (de la noche eterna) de Carmina con la desaparición (por querer encontrarse) de la tía Romina. Primero intercambian perfiles, describen a sus amigas y tratan de ser rigurosos y exactos. Marcelo posee la aguja, Carmina se la legó; y Fernanda la llave del pajar y de la casa de Romina. Así que deciden desplazar la búsqueda al lugar de los hechos, una pequeña finca difícil de encontrar; de hecho, el desvío que lleva hasta allí no está dibujado en el mapa.

Una vez ahí se sitúan en un rincón confortable y sugerente, entre el horizonte y el pajar, ante un anaranjado y cálido atardecer... La una frente al otro y ambos sin nada detrás, ni maletas vacías llenas de peso culpable. Un porche con techumbre de madera y pajizo, y una mesa improvisada sin orden ni soporte original (con superficie dispuesta a sostener una historia por completar) dan forma al contexto. Marcelo saca la aguja, Fernanda las memorias. La aguja palidece al entrar en contacto con algunos recuerdos de la desmemoria, pero destapa (como un bolígrafo de cristal tallado con chuleta) una secuencia de palabras, unidas a una frase que alguien escribió para evitar su olvido.

Las palabras decían: Si me encuentras, no me has olvidado. Si me buscabas, te reconoces. Has elegido, ahora decide.

Había más texto, pero desapareció cuando Marcelo y Fernanda cambiaron de tema. Sin embargo un déjà vu les sitúa en el mismo sueño y cuado despiertan recuerdan al mismo tiempo, pero cruzados. Fernanda descubre el momento en que Carmina comenzó a buscar y Marcelo encuentra la conexión con el mapa de Romina. Aquella aguja había cosido la infancia de Carmina a la esperanza (entonces por construir) de Romina, pero nunca llegaron a entenderlo. Con la trama sobre la mesa y todos los detalles todavía por juntar, Marcelo y Fernanda vuelven en sí y se alejan del no que acabó con Romina y Carmina.

Ya no queda nada de ellas, pero Fernanda y Marcelo van a escribir su historia. Lo han decidido, es su elección. Sin entrar en los porqués, saben que no anochecerá hasta que no la cierren. No tienen prisa, y cada vez descubren más de ellos en las coordenadas que les sitúan en el pajar y la finca. No les importa salirse del mapa, porque saben que alguien, a la vez, está tallando sus pasos en una entrada.  

viernes, enero 20, 2012

El trayecto secreto

Creo que salió de un secreto y ahora tiene forma humana. ¿Es lo que ocurre cuando un boca a oreja se extiende más allá de lo previsto, que algún sujeto (que no predica) sale expulsado al limbo y termina atravesando el oído de un cuerpo extraño? Cuento y me pregunto esto porque mi amigo Hernán me pide que lo hablemos (que lo escriba). No sé cuánto hace que nos conocemos (mucho), sin embargo ni él ni yo sabemos cómo nos conocimos. Tras un lapsus compartido hemos llegado a la conclusión de que uno de los dos ha surgido de un secreto ajeno. En algún momento alguno cayó de una voz y terminó por convertirse en "amigo de" sin proceso previo de amistad.

Casi puedo asegurar que yo no soy ningún secreto a voces, pero Hernán me está haciendo dudar a susurros. Durante el viaje del lapsus perdí la pista de mí mismo y ahora es todo muy confuso. Un día soñé que Hernán estaba siendo tapado por un grito mudo y él a su vez soñaba que yo partía de un dicho. Tras sendos sueños nos acojonamos de día, nos llamamos al instante y quedamos en llegar a la verdad del asunto, no sin miedo de desaparecer en el intento. Desde que empecé esta entrada, hace unos días, me vienen flashazos a la cabeza, imágenes de personas que hablan sobre Hernán; susurran. Y cuando junto las voces encuentro una trama en la que el sujeto (yo) termino por lo suelos al no ser asumido por quien me imagina.

Nos sentamos en el Banco54. Repasamos los hechos, nos reimos, recordamos los grandes momentos, y poco a poco vamos retrocediendo en el tiempo. Sin perder la concentración caminamos de puntillas hacia al pasado... No sabemos donde llegaremos. Como funambulistas equilibramos el paso para no perder el hilo. Las palabras empiezan a escapar, los recursos nos abandonan, nos hacemos pequeños, muy pequeños... 'Insignificamos'. Dejo de escribir y el post termina. Dos personas, con tendencia a mascullar, hablan de lo sucedido en secreto. Viajan en metro, entre las estaciones de "Dos amigos" y "Fenicia". Alguien les oye sin querer y empieza a dudar de su existencia. El lapsus y los flashazos continúan su trayecto.

miércoles, enero 18, 2012

¡Haz de luz!...

...Y él se convirtió en una bola de fuego. Después desapareció, dejando en su lugar una humareda color plomizo y olor a una vida sin combustión. Ella, Daniela, no podía explicarse lo que había ocurrido. Ramiro se había fundido en un imperativo incandescente. Quiso morir, pero no tenía palabras para hacerlo, así que se conformó con buscar sentido a lo sucedido mientras terminaba de respirar el rastro de un Ramiro ya sin rostro.

Un año después Daniela no sale de su asombro ni de su casa. Vive en un combate de lucha libre contra sí misma -cuerpo a cuerpo- con la culpabilidad como agitadora de masas internas. Se pasa el día rastreando sin éxito el mundo en busca de palabras que liquiden su existencia. Está atrapada en aquella explanada desde donde se podía ver el mapa de su ciudad y donde Ramiro se consumió.

Un año antes un Ramiro sin empuje intentaba hallar un argumento que atrajera a Daniela hacia la historia que quería escribir, sin darse cuenta de que aquella era su película y no la de Daniela. Ella, por su parte, estudiaba la fórmula de hacer compatible su energía con la escasez vital de Ramiro; quería convencerle de que no podían convivir en una superficie llena de papeles sin base. La inercia de lo inevitable les arrastraba sin remedio hasta aquella explanada. Ni la película sin guión de Ramiro ni los intentos de Daniela por alumbrar sus callejones oscuros evitaron el desenlace. 

Ramiro citó a Daniela en aquella explanada, conocida como El repecho de los Dioses mudos; donde su tio "el equilibrista aprendió de niño a hacer la pata coja", decía Ramiro con orgullo de sobrino. Después de un abrazo y de un enérgico "voy a decirte algo", Ramiro se desinfló antes de argumentar. Se oscureció sin remedio. Pero volvió a intentarlo y logró lanzar personajes al viento, papeles para una vida sin vida... Y como la sombra de nuevo devoraba a Ramiro, Daniela quiso defenderle con un Haz. 

Con Ramiro en sus pulmones, Daniela decide terminar la historia. Se sube hasta El repecho de los Dioses mudos para gritar y tratar de esfumarse del argumento. Al no conseguir la combustión... esporádica, salta al vacío y cae sobre una cuerda. Queda tendida, un señor que resulta ser el tío de Ramiro, le pide por favor que le deje seguir su ruta, "¡Ésta es su cuerda, mujer!" Vuelve a saltar y finalmente cae al suelo. Ya en tierra, más calmada, empieza a toser... Un señor antiguo con acento argentino le sugiere que se saque a Ramiro de los bronquios. Ella ríe, pero no puede parar de toser. Finalmente Ramiro es esputado a tierra firme y exclama: "¡Vaya viaje, ahora te entiendo, Daniela! Te toca".

miércoles, enero 11, 2012

Subordinado a una orgía verbal

David vive subordinado entre un punto y una coma dentro de una frase sin fin. De vez en cuando se refugia en silencios, pero no saca nada de ellos, porque sólo se refugia. Antes de llegar a este papel pasó por muchos párrafos que terminaban cerrando sin conclusión, lo que le sirvió para construir una visión de la vida tan delimitada como condicionada por las frases hechas y los textos con planteamiento y punto final. Cuando llegó aquí ni se imaginaba que sus palabras fueran a resultar tan determinantes para seguir, parar, pausar o para cerrar significados. 

Se había acostumbrado David a que otros redondearan el sentido mientras él aportaba sus exclamaciones, dudas o sujetos sin arraigo a la palabrería. Digamos que nunca pensaba en el significado del conjunto, sino en tratar de paliar su propia insignificancia. Sabía que tarde o temprano alguien externo pondría punto y final a la frase, lo que le llevaría a empezar a navegar (aparentemente de 0) por otras latitudes verbales. Sin embargo, sin ser consciente de ello, se había metido en una nueva ruta compuesta por más que palabras. De una frase con estética decadente surgía una subordinada que daba un giro radical a sus mermados significantes; de una pausa sepulcral de pronto brotaban onomatopeyas despampanantes que levantaban las ánimas más negadas; incluso irrumpían en escena versos irreversiblemente rayados pidiendo rimas desordenadas.

David se encuentra en una fiesta permanente de oraciones desbocadas, ideas en el aire, tachones a la deriva y borrones sin cuenta nueva. Tras abandonar (para aligerar el 'barco') el derecho a la insignificancia, ha llegado a dudar de su propia existencia. En este texto en el que habita todo parece figurado, todos parecen figurantes, y es el hecho de pisar arenas movedizas pero extremadamente tangibles el que le mantiene cuerdo. Poco a poco va entendiendo que el final de este cuento depende él mismo. Y por supuesto sabe que tiene que encontrar el dorso al asunto. Otra cosa es que decida agarrarse algún recurso para dar esquinazo al final. Ahí queda.

jueves, enero 05, 2012

La memoria, mis 'cosas' y la mujer estructurada del profesor

Me he encontrado un pendrive. Al principio he pensado devolverlo, pero como estaba en la calle y no tenía a quién... ¡Tampoco lo iba a dejar en una repisa con la esperanza de que el dueño volviera a por él! Seguramente no haya notado la falta! Una vez perdí uno lleno de 'cosas' y nunca apareció. Tardé en enterarme. Después sentí dentera al visualizar mis 'cosas' siendo visualizadas por los ojos de otra persona. No había nada especial ahí dentro, pero eran mis 'cosas'. Textos, fotos impersonales, canciones disueltas, algún que otro sueño transcrito y un par de huesos de aceituna con deseo digerido.

Al llegar al trabajo he dado unas cuantas vueltas sobre mí mismo antes de abrirlo. He pensado en formatearlo sin curiosear en el interior; pero cuando uno es periodista de vocación sabe cómo sublimar su lado cotilla por omisión... Así que no he podido evitar lo que me habría gustado que evitara el que encontró mi 'memoria' de bolsillo, y he entrado en mundo ajeno. La sorpresa no ha tardado en llegar. He hallado 'cosas' que jamás comprendería... Mis propias 'cosas' almacenadas entre las de otros. Sí, las mías.

En un archivo llamado Bumas he encontrado parte de algo que pensé en 1º de EGB mientras me escondía de algo, sin saber que me escondía. En un principio no lo eh reconocido como propio, pero al leer el documento textual, esas palabras se me han pegado a los brazos con ganas, como reclamando su sitio. Después me han llevado junto ese algo que pensé en el colegio. No importa qué fue, pero sí que parte de una idea ha vuelto a su lugar. ¿Pero cómo ha acabado en este pendrive que no es mío?

He seguido pinchando en otras carpetas. La mayoría contienen fotos de 'cosas' que nunca se fotografían, como una suela de una zapatilla que jamás ha pisado el suelo; pulgares hacia arriba sin ánimo de posar; pelillos a la mar; un calendario del 87 sin gracia; tres ajos con gracia pero poco fotogénicos; o un cordón que se niega a atarse los machos... No sé qué capacidad tiene esta memoria, pero parece infinita. No me canso de entrar en tanto mundo archivado.

De nuevo he entrado en una carpeta que me resultaba familiar, pero no es mía. Es una carpeta azul y la llevaba siempre mi profesor de 'Estructuras' durante épocas estudiantiles. Siempre tuve curiosidad por conocer qué guardaba en su interior... Jamás la abría ni sacaba nada de ella. Al fin lo he hecho, la he abierto, y me he encontrado con él dentro. Eso es lo que había, él mismo 'a escondidas'. Hemos estado charlando un rato, después me ha presentado a su mujer, que curiosamente es una maestra en el arte de dejar pendrives en repisas y otras superficies. Se llama Mihret y con ella cerramos este círculo que dará paso a otro. Pero antes, desconecto para reestructurar la memoria. ¡Gracias, Mihret!

lunes, enero 02, 2012

Posos de paso pensados

Justo Talla ha nacido el 1 de enero de 2012 con 32 años de fábrica. Ha sido concebido por la suma de restos de lapsus, recuerdos, sueños, pesadillas ideas muertas o despropósitos de mucha gente. Nadie es consciente de ello, salvo él, que a diferencia del resto de personajes y seres humanos, sabe de dónde viene desde el principio. Tiene tantos padres y madres como restos de material de pensamiento ajeno que terminan cada día el váter o en el aire. Por alguna razón imposible de conocer, una red (o colador) desplegada en alguna parte -entre lo tangible y la autopista de ideas- ha capturado la meteria de todo ese circulante y ha terminado por tomar la forma de Justo.

 No tiene aspecto de Golem, pero es una mezcla de rasgos de Antonio Banderas con Fredo (John Cazale), el hermano mediano sacrificado por el pequeño Michael (Al Pacino) en El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972). Pasa desapercibido por la calle. Mientras se adapta a la existencia, intententa dar sentido y estructura a todos esos desechos de los que está compuesto. Hay de todo: lapsus imprudentes o sencillamente geniales pero no apreciados por el autor; atajos de una comedura sublime de tarro; buenas ideas que al no ser apuntadas cayeron en el olvido; malas ideas que afortunadamente cayeron en el olvido; deseos censurados; deseos no cumplidos; notas no verbalizadas, huérfanas de forma y fondo; palabras no escritas pero que estuvieron dispuestas a ser pronunciadas; sueños no recordados; cruces de cables; caras que parecen conocidas; tentaciones delictivas; intenciones ocultas; ideas tumbadas por otros...

Poco a poco, a medida que camina sin rumbo va poniendo caras y nombres propios. De vez en cuando se para en un escaparate, se toca la cara y comprueba su materia para seguir analizando el material del cual está hecho. También se agarra a asociaciones sin catalogar, algunas le llevan a sentarse en una barra de un bar y escuchar; otras le hacen valorar la circunvalación de vínculos que hay entre la gente que le ha parido sin querer... queriendo (como diría El Chavo del ocho). Y a las 24 horas de nacer empieza a sentir la necesidad de encontrar algo propio entre tanto cúmulo como respuestas/cura ante la certeza de que es fruto de un abandono inmaterial y colectivo. Es consciente de que nadie sabe que está ahí, de que nadie le reclama, su nacimiento ha pasado tan desapercibido como ignorada es su presencia en el mundo de los hechos. Saca del bolsillo una pastilla que ayuda a digerir estas cosas...

Ahora está aquí, le he invitado a un café de Etiopía. Y mientras le voy haciendo una transferencia ficción, saca un recuerdo (que nunca ha tenido) del bolsillo y se pone a dibujar a carboncillo un cruce de ideas propias. Después, le haré la entrevista 1002 y primera de 2012.