viernes, febrero 17, 2012

El papel de sus vidas

Ayer te quedaste con ganas de decirme algo. Ya se me ha olvidado. ¿Estás segura? Lo estoy, pero no del todo. Me dio la sensación de que te mordías la lengua. Puede, hoy me duele... pero ¿qué estabas diciendo para que apretase los dientes? No lo recuerdo. Pues mal vamos, Javier. Lo sé, Lucía. Tengo que ir al baño. Espero. Espero. Jajaja, no me pienso ir.

Por un momento pensé que no volverías. Quise desaparecer después de tirar de la cadena. ¿Por qué? Porque me gustas. Y tú a mí, menos mal que sacamos el tema, pero no entiendo que lo asocies a los deshechos. Porque no encajas en mi vida. ¿Por qué? Porque haces demasiadas preguntas. Me callo. Y porque te callas muchas cosas. No sé qué decir...

¿A qué hora tienes que irte? No tengo hora, hace mucho que cambió el tiempo para mí. ¿Y qué hacemos? Terminarnos el café. No sé si lo sabré hacer, ¿volveremos a vernos? No. Este café se me va a atragantar. Ya me acuerdo de lo que no te dije ayer. ¿Qué? Se me ocurrió una sinopsis para una película. ¿De qué iba? De un actor y una actriz que son contratados para una película y quedan encerrados en ella, tengo que ir al baño... ¿Otra vez?

Nos vamos a ir despidiendo, pero antes quiero darte un papel para mi película. Vale. Toma. Pero esto es del rollo del váter. Cuando me vaya, ve al baño, siéntate en la taza y termínate el café. ¿Por qué? Tienes que aprenderte el guión. No sé. Es un buen papel. Pero yo actúo como el culo. Me voy. No te vayas. Es mi película. Y ésta, mi vida. ¡Tu vida es una mierda! Lo sé. Vete al váter.

Cuando tiró de la cadena se quedó con la arandela en la mano y ella con el papel de sus vidas.

miércoles, febrero 15, 2012

Agotado

Ella insiste en que está agotado y él, cansado, se da cuenta de que en efecto ya no queda nada de sí mismo en ninguna parte. Se ha agotado. Ella busca en los grandes almacenes, pero la demanda ha acabado con sus existencias. Él, concentrado en esencia, no sabe. Sólo ella puede saber. No es la muerte, ni un ninguneo pactado. No es. Él ya no es, aunque en esencia permanezca en alguna parte descatalogada o inexistente. No es.

Antes de llegar a este estado gaseoso en el que se encuentran, Romaria y Esulio se dedicaban a recopilar frases no hechas y puntos aparte. Compaginaban imponderables y sopesaban los pasos a no seguir con el fin de continuar. Así un día tras otro sin contar las horas. Y en mitad de la noche se apropiaban de los sueños en común para discutirlos en el desayuno. Ante la evidencia de la recesión en las horas de sueño un día tomaron una determinación impopular: desaprovechar parte del día para ganarle tiempo al espacio. 

Pero el espacio empezó a torcerse. Intentaron apuntalar. Invirtieron energía en el proceso. Él soltó más lastre adjetivo y ella aflojó el petate del sujeto; entonces él empezó a agotarse y así poco a poco hasta hoy. 

Romaria le busca. Él empieza a perder la consciencia. La esencia se pierde, como el calor, por las extremidades. Romaria cree haber tocado algo que podría ser Esulio. Esulio vuelve a la vida como el que se ahoga y resucita tras un boca a boca. Romaria se agota del esfuerzo. Empieza a agotarse... Pero él, que se había guardado una coma en mitad de una noche, traza una pausa de contención y ella toma aire y coloca el punto y aparte. De vuelta a la vida, logran compaginar nuevos imponderables y sopesaban los pasos a no seguir... Objetivo conseguido, continúan.

miércoles, febrero 08, 2012

La sombra que hizo la frase

Está solo y comprimido en el mundo, es un ser tan trasparente que no hace ni sombra. Y por mucho que grite, no le oye ni Dios. Pero gritar no es lo suyo. Rodrigo Tarmo escribe novelas de más de 900 páginas (normalmente interesantes), para sintetizarlas después en 120 páginas y terminar comprimiéndolas en una sola frase sin subordinación posible. Finalmente las distribuye en su estantería sin estantes (pero llena de significados repartidos). Toma aire, alimenta su invisibilidad, aparca las inquietudes y vuelve a empezar. Así un día tras otro, más un minuto de cortesía y un encuentro casual.

Le conocí al amanecer, después de cenar con mis amigos del Barrio Flamígero. Entre el sueño, el cansancio acumulado y los caldos distribuídos por mi estantería particular -también sin estantes- lo veía todo a través de la nada de la niebla. A contraluz, por casualidad y tatuado en el vapor de aquel marco, se presentó Rodrigo ante mí y me preguntó si necesitaba ayuda. Hice un chiste, que no recuerdo, y que no le hizo gracia (de eso sí me acuerdo) y me dijo: Cuando empieces a escribir esta historia no te olvides del soporte, que son la niebla y los estantes.

Al día siguiente le entrevisté después de la siesta del sábado. Llevaba un tomo de 1.200 páginas, una palabra sin pronunciar y un adverbio que había perdido la rabia y, cómo no, la frecuencia. Decidió presentarse en mi casa porque decía que sólo en mi portal había encontrado una especie de sombra de sí mismo. Empezamos a hablar, descorchó el Toro que traía bajo el brazo, nos reímos e incluso lloramos...

....A medida que la botella cedía espacio al tímido vacío, ambos íbamos llenando estantes y escribiendo páginas. Volvió a insistir en el soporte. Bromee y le dije que la madrugada pasada le entendí "la insoportable niebla de los instantes". En ese momento su sombra surgió y estrechó la mano de la mía. Pero lo hicieron sin que nos diéramos cuenta. Yo lo sé porque llevo el soporte de la historia.

Me contó su vida, en un verso que superó las 1.000 páginas escritas entre ambos. Luego nos despedimos de madrugada y me dijo que ahora me tocaba a mí comprimir lo dicho en una frase, porque él ya tenía sombra y por tanto podía romper su transparencia a golpe de contraluces y niebla. Mi novela ha terminado, sentenció. 

Animado por el surrealismo mágico de aquel encuentro le hice caso. Primero repasé los hechos, lo dicho, lo escrito y los adverbios sin frecuencia (pero repletos de rabia); después quité aire al asunto y terminé llegando a la frase que encierra esta historia surgida de los vapores de la ilusión: Está solo y comprimido en el mundo, es un ser tan trasparente que no hace ni sombra. Y por mucho que grite, no le oye ni Dios.

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*Buscando "sombras a contraluz" llegué hasta la imagen que ilustra el post. La he tomado prestada de un blog titulado Sueños a contraluz y que casualmente contiene interesantes microrrelatos.

viernes, febrero 03, 2012

El Acomodado: Café y descansillo

En lugar de "besos" al final del email escribió "beoda"; antes de la "pauta" se le había caído la primera "a". Le dio a "Enviar" por error y su vida continuó de camino al traste. Pudo revisar el texto, pero le pudo la ansiedad por ser el primero en aquella selección online y así volver a la rueda laboral. Como se había puesto una copia a sí mismo, leyó al instante sus palabras en la bandeja de entrada, a continuación quiso lanzarse al vacío por la bandeja de salida y perderse en la basura con el resto del spam social que inundaba su entorno.

Gerardo Bueno Facto llevaba 5 años en paro. Llegó a ganar 4.000 euros al mes entre unas cosas y otras, pero una mala gestión de su vida y tres patadas continuadas en el estómago le llevaron al desastre. Se dedicaba a la venta de expectativas al por mayor y por las tardes recaudaba optimismo "en B". Los clientes se agolpaban en su puerta y el optimismo no se medía con lupa como ahora. Con lo cual, Bueno Facto se había construido un paraíso exclusivo libre de intrusos.  

Sandra Duquesa, la jefa de selección de TassDudaSA (una proveedora internacional de zonas libres y ocupaciones descatalogadas) estaba en el baño sentada cuando leyó el mail de Gerardo en la pantalla de su perspicaz e inteligente teléfono. Llevaba unos días constreñida a causa del volumen de vidas que dependían de ella desde su interior. Le hizo gracia Gerardo, una vida (de)pendiente más... Borracha y puta le llamaba en menos de tres líneas. Sabía que era un descuido provocado por la ansiedad de la desesperación. Estaba acostumbrada. Tiró de la cadena y le llamó para hacerle una entrevista. Le temblaba la voz cuando contestó.

-Soy tu puta ebria, dijo Sandra.
-Y yo el ser más patético del mundo, discúlpeme, he perdido perspectiva y mis expectativas... Carezco de optimismo con el que comerciar. Contestó Gerardo.
-Te entiendo, mientras tu haces de ti mismo, yo hago de vientre. Eso es la cadena, es el sonido de la presión que se aleja. Quiero entrevistarte. ¿Cuándo te viene bien?
-Desde ahora mismo hasta cuando quiera.
-Te veo en media hora en el descansillo del Acomodado.
-Me gusta ese lugar. Sirven el mejor café del mundo y tiene los baños más limpios.
-Te veo en el descansillo.

Gerardo se vistió con miedo y nervios. Verse a sí mismo en modo operativo le provocó una erección que se vio obligado a atenuar como pudo. Ella, de vuelta de casi todo (tirando a nada), deseaba darle el puesto. El descansillo del Acomodado ansiaba acoger la situación. Pascual Doble, el camarero "que siempre se anticipa" sirvió los cafés al mismo tiempo que entraban por la puerta. Y tras la puerta quedó el pasado cuando se estrecharon la mano en el descansillo. Después se abrazaron y poco después se fundieron en el tocador de señoras. El café del Acomodado gana después de un orgasmo laboral, dice Pacual.

Hablaron de la venta de expectativas y del pasado en general de Gerardo. Duquesa quedó admirada por su habilidad y entristecida por lo sufrido en 5 años perdidos. Recordó que ella en una ocasión le compró materia prima en un momento sin fuelle. Ese día comenzó a remontar y acumular vidas, y él a decaer. Había llegado el momento de reconducir las zonas libres y enriquecer expectativas. Sendos estómagos lo agradecerían. El café del Acomodado fertiliza el momento, dice Pascual.

Bueno Facto ha vendido su primera zona libre, su vida abandona la bandeja de los desahuciados, sale del traste y recupera su formato. Duquesa no se quita la presión, tampoco lo pretende, y gracias a Gerardo ha aprendido a aprovechar los resquicios que abre la ansiedad para liberar distancia. Él ocupa su lugar y ella el suyo, todo de un modo placenteramente descatalogado. El café del Acomodado siempre llega, concluye Pascual.

miércoles, febrero 01, 2012

Deprisa, parado...

"Cautivo, desvelado y desarmado el ejército propio, trato de entender mi amputación. Ya no oigo el piano, no puedo caminar y todo va muy lento. Me duelen los pies". Con estas palabras empieza la carta que me envía por... conductas postales Antonelo Sebastián Teco.

Antonelo es un maquinista que generalmente escucha a Bach antes de comenzar su recorrido por las vías férreas madrileñas. Si os fijáis en las noticias de deportes, cuando un equipo de fútbol llega al campo en el que va a disputar su próximo partido, muchos jugadores bajan abstraídos del autocar con enormes auriculares... Antonelo no quiere ser menos y hace lo propio previa entrada en el vagón de tren. En cada trayecto piensa mucho en lo rápido que pasa todo ante sus ojos. Su tren es uno de los más rápidos de la flota, muy sincronizado con el ritmo de la vida. 

Atraviesa campos de descomunales hectáreas y se da cuenta de que nunca se ha parado ni a escuchar sus aromas, ni a oler el peso de sus propias pisadas, desganadas sobre tierra firme. De regreso al piano Bach, al terminar su jornada prefiere evitar ahondar en sus miserias acumuladas y seguir protegido en su refugio de clásicas melodías. Lo que más le mata, pasar deprisa, es lo único que le da vida. Sin embargo, un cambio de dirección en la vía de ayer le frenó en seco. Se vio obligado a bajarse del tren y a caminar por un pedregal con lo puesto...

El resultado son miles de ideas sueltas, frases faltas de palabras, metáforas sin identidad y gritos impotentes plasmados en una hoja de cartón piedra disfrazada de papel que sólo se puede sostener con guantes especiales, porque abrasa. "Soy Antonelo Sebastián Teco y ya no puedo dormir".

Le despidieron y le obligaron a dejar sus piernas en la taquilla. Amputado quiso refugiarse, pero el piano Bach tampoco le pertenecía. Se las apañó como pudo para fabricar una superficie donde poder escribir su situación y lanzar la descripción al mar postal. Casualmente llegó a mi buzón sin remitente y ahora trato de recomponer el sentido de un recorrido sin resolver.