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Mostrando entradas de mayo, 2012

Ciencias Oníricas, un sueño significante

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Se llama José María Taneque, tiene 56 años y es ingeniero del sueño. Estudió Oníricas después de descartar Ciencias de la Excusa. No fue fácil la decisión, desde crío manejaba argumentos como nadie; era un virtuoso de la excusa aplicada, un experto de la no implicación, un mago del desvío de llamadas de intención. Tenía nota de sobra para estudiar lo que quisiera, pero finalmente cayó en un sueño que le despertó de la excusa.
Me cuenta que está trabajando en el desarrollo de una máquina que separa los símbolos de sus significados; los centrifuga y los estudia. Toman forma, también sueñan, se emancipan por momentos, absorben esperanza en plena desesperación metafórica; dejan los quicios para las sacas, que no las salidas. Viven y mueren en la misma tabla estratégica que los significantes iconos. Vamos, que se miran a sí mismos de reojo... Y eso que no tienen vista.
Confiesa que puede pero que no quiere. Admite que siente ser mejor sujeto cuando predica*. Vislumbra cosas que jamás habí…

El hábito que las hizo gemelas

Creían ser gemelas, pero eran hermanas de clausura. Monjas por devoción y huídas a media noche por la calle del medio (no como Lucía y sus botas que tíró por Final con Delirio). No se parecían en nada, de hecho no eran ni opuestas, lo que les habría otorgado al menos la similitud de la diferencia. Sin embargo, no se separaban jamás y cosían argumentos en un mismo telar con el que un día -soñaban- cubriría el hueco que la genética dejó.  
Tenían el hábito de refugiarse bajo una misma fe que no les daba para mucho. Algún armañac que otro y unas patatas fritas artesanalmente. Las magdalenas eran para las madres superioras. Había muchas, superioras. Nunca existió una misma madre para las dos. Esa era la ilusión que les alumbraba las noches cerradas; ese lapso que, al dormir separadas, aprovechaban para conectar apetitos y cohesionar confusas infancias. Cantaban al señor con recelo, aunque sabían sonreír para disfrazar el sentimiento. Rezaban por fuera, deseaban otra vida por dentro. 
Es l…

Tirando por Final con Delirio

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Es lo único que quedó de ella. Sus botas y una flor junto a un árbol sin ambición. Lucía era ambiciosa y sofisticada. Anclada en el posmodernismo pop de los 80 no supo gestionar sus ansias de absorción ilimitada. Eran tan intensas que, por ejemplo, cuando pronunciaba las haches aspiradas en público (o para sí), las dejaba sin sentido, sin aliento. La falta de ortografía y de autocontrol terminó absorbiéndola en sí misma. Y ahí está su féretro natural, el que podemos ver en la foto captada poco antes de la última lluvia. Ahora ya no queda nada. El epitafio corre a cargo del viento que todo lo transporta.
Lucía empezó su vida por la calle del medio. Renunció a apoyarse en referentes para no reconocer méritos ajenos. Tiró por la calle de al lado, donde abrazó ese posmodernismo ochentero del que ya sólo quedan las botas. Abandonada a su suerte pero llena de estímulos adquiridos y absorbidos como elementos de una colosa colección de valor incalculable, Lucía quería seguir luciendo por de…

Procesando

Este post es una respuesta. Ante la pregunta de el/la fiel lector/a apodado grp, sobre si estoy recortando... Contesto en modo entrada: Es posible que los efectos austeros contagien a las ocurrencias. Si bien es cierto que no cesan, porque siguen circulando entre ideas no expresadas, células, bacterias, nervios y pensamientos tan puros como impíos, igual de cierto es que encuentro más obstáculos (tangibles e inexistentes) a la hora de llevarlos al 'papel'. 
Tengo una legión de personajes atrapados peleándose por ser entrevistados. Hay de todo: dos hermanas que juegan a ser gemelas cuando sólo son monjas; un ingeniero del sueño, que no pega ojo; un niño con muy mala hostia que no hace más que buscar las cosquillas a todo el mundo, pero que él no responde a dicho estímulo; un vendedor de excusas; una aventurera muda que habla por los codos gracias a una aplicación; un inventor deprimido; una deprimida que comercia con activos de optimismo tóxico... En fin. Un mundo.
Prometo dar…

Ocurrió al invertirse

Tres digestiones cortadas, una bocanada de aire seco y dos caricias como bofetadas después, Gutiérrez El Poli, salió por la puerta grande para caer en saco roto. Siempre quiso invertirse, pero no contó con la posibilidad de colarse por su propio agujero. Así ocurrió. Y ahora está postrado en un suelo frío, solo y desamparado. Sin nada. Con el recuerdo de la mala digestión y las caricias tórridas del aire más áspero, capaz de susurrarle que no vale nada.
Gutiérrez El Poli es de los que nunca resbalan sin antes asegurarse de que pueden hacerlo. Nunca perdió ni un segundo, ni un duro, en desaprovechar los recursos que tenía a su alrededor. Fueran del tipo que fueran. Todo eran recursos, incluso él. Se miraba en los charcos y se encontraba atractivo. Entonces entendía que encarnaba un valor en sí mismo. El problema es que lo llevó demasiado lejos. Perdió la perspectiva y dejó de ver la línea que separa al saco de la vida; la piel de las vísceras; la masa gris de las ideas...   
El eco le…