lunes, octubre 29, 2012

Góndolas de secano

Vengo de charlar con Pedro Turbio. Ha vuelto a España después de 20 años ejerciendo de gondolero en Venecia. Dice que ya no queda agua,  sino la impresión líquida de un elemento que nos hizo flotar; y en ocasiones, reflotar. Y ese elemento no soy yo. Como tiene un dinerillo ahorrado y muchas ganas en el agujero del bolsillo, va a montar un negocio propio de barquitas en Madrid. Dice que existen canales por donde discurre un flujo sin color, compuesto por millones de millones de palabras que nunca han llegado a pronunciarse; por falta de tiempo o por partir de ideas ocurridas fuera de lugar. Y ese flujo es 100% navegable, asegura. 
Como ocurre con tantos personajes de Periodismo Ficción, Pedro Turbio quería flotar dentro de un contexto. Impulsado por la emoción de verse tan real como la ficción misma, no me ha dejado pagar ni una ronda. Es más, en esta ocasión me he permitido dar la vuelta a la película y le he pedido que me deje participar de su idea. No sé, me ha pillado desprevenido. Por un momento he querido formar parte de una idea ocurrida en la volatilidad de un sueño olvidado; pasar de mí y engancharme a una góndola adaptada a un mundo que me pilla lejos por muy cerca que lo tenga. A favor de mi ocurrencia, Pedro Turbio no ha dudado en buscarme un sentido dentro de su barcaza. Y se lo he agradecido mucho, pero ha durado poco, justo lo que he tardado en dejarme llevar por la emoción de verme tan real como la ficción misma y pagar la ronda final. 

Con el cambio Pedro se ha esfumado. Pero ha sido interesante la experiencia. Conocer a alguien capaz de navegar por canales de secano sobre un caudal de palabras e ideas inadaptadas. Estoy pensando en construír una barca para reflotar un viejo sueño. A ver si tengo suerte y encuentro el mismo faro que le ha dado a Pedro Turbio la señal de entrada a un buen puerto.

sábado, octubre 20, 2012

Por el buen contexto

Ayer me encontré con Mariano Zas. Venía de su trabajo. Relaciona contextos y saca conclusiones, después las archiva en una memoria externa y recupera la suya. Así día tras día. Extraído de una idea que tuve hace mucho tiempo y que hoy reaparece en esta coyuntura extraña, de madrugada, a pleno sol de la noche, decidí sentarme un rato a charlar con él. Apagamos los móviles y desconectamos con el mundo exterior para centrarnos en la situación. 

Lo primero que me dijo, una vez pedimos los cafés y disparamos las frases de inicio, fue que debía resintonizar los canales. Qué canales, le pregunté. Los que programaste con el cambio. Qué cambio, repregunté. Aquel que empezaste cuando se te ocurrió que yo debía tener sentido. Me dejó de piedra, pero tenía toda la razón. De hecho, un relacionador de contextos como él que cambia de memoria en función de las circunstancias sólo podía tener sentido si establecía un nuevo sistema de canales dinámicos; pero el dinamismo en algún punto se paró, me vino a decir. 

Por tanto, una cosa quedó clara rápidamente. El encuentro no fue casual, por el contrario pertenecía a una de sus conclusiones consecuencia de la relación de contextos; los adecuados en este caso, en los que yo me había cruzado de algún modo. Después, seguimos hablando de fútbol para no dar pie con bola. Poco a poco fue desapareciendo hasta que me levanté de la siesta de un día que no figura en la semana y a una hora que siempre permanece al margen del reloj. 

Hoy me lo he vuelto a encontrar. Iba con prisa. Sólo me ha hecho un gesto de aprobación. Menos mal. Estas ideas que a uno se le ocurren con forma de personaje, a veces tienen más fuerza que otras aparentemente construidas.

domingo, octubre 07, 2012

Pulpos de secano y otras teclas no pulsadas

Salí con prisa de casa, sin mirar a los lados ni al frente, ni detrás. El resultado fue un fuerte golpe conmigo mismo al no verme venir, que me llevó hasta lo más profundo de la superficie del asfalto. Un señor con cara de pocos enemigos llamado Evaristo me levantó y me sentó en una banqueta de metal, junto a un puesto de pulpos extremeños. Tómese esto, le vendrá bien. Me ofreció un vino blanco y un pincho de pulpo de dehesa propia. El efecto fue inmediato. Como el mejor de los lexatines tomados a tiempo, dejé las prisas y me quedé charlando con este tipo. Me contó que en su día fue espía, pero que dejó de espiar porque terminó vigilándose a sí mismo. También yo me tropecé como usted, me dijo y se echó a reír. ¡Qué cachondo! pensé. 

Al tercer vino descubrí el punto a este tipo de pulpo de interior. Al principio cuesta de digerir, me decía Evaristo, pero luego entiendes que a veces el mar no lo es todo. Me lo decía él, un exespía de secano que había navegado por las aguas más turbulentas, las interiores. Esas putas mareas que sacuden con más fuerza que la bofetada de una madre o padre cabreado con razón por culpa de las inclemencias del niño. Al cuarto vino me contó que en una ocasión se cayó del barco, sin salvavidas. Llegó a tocar el fondo marino por no disponer de aire suficiente como para mantenerse en pie... a flote.

Durante el trayecto logró enfocar y ver la cantidad de especies que le acompañaban en su descenso. Seres que no figuraban en los documentales de la tele: peces portadores de mensajes de la infancia; serpientes con cabeza de toro que embestían a la mínima, nerviosas por falta de límites; boquerones caprichosos preocupados únicamente por saciar sus ansiedades; ballenas con pies de plomo; o cipreses con forma de cangrejo que no saben cuando arraigar... 

Pero supe emerger, suspiró justo antes del quinto vino. Después me contó como montó su dehesa. Así nos conocimos Evaristo y yo. Hoy somos socios. Y hemos ampliado puntos de mira. Por ejemplo, mientras él sigue aumentando la familia de pulpos bravos, yo he montado una granja de pensamientos no tecleados. Se parecen a los percebes de montaña en lo esencial, pero con arraigado instinto de sepia. Se comen y dejan comer. Son muy sabrosos, de hecho. Pero lo mejor de esta especie es que trabaja en la digestión. Pone en marcha el pensamiento crítico de los intestinos, que son, en definitiva, los que controlan el efecto salvavidas de cada uno. Evaristo y yo trabajamos bien en equipo. Y todo, gracias a ese golpe que me di contra mí.


lunes, octubre 01, 2012

De vuelta entre cambios

Vamos allá... Estaba en una especie de pausa bloguera (desde julio) cuando un señor se me acerca en la mitad del súper (entre las coliflores y los trigueros dubitativos) y se presenta como Sr. Percha. Me habla de él y de un hueco que se le había ocurrido en lugar de una idea. Metido en su propio resquicio me asomo desde un lado y trato de entender mi propia pausa a base de no escuchar prácticamente nada de lo que me cuenta. Entonces me sujeto a su nombre y comienzo (por fin) a escribir, y él a describirse (dibujarse) en un espacio desconocido.
 
Caminamos entre secciones. El tiempo pasa despacio cuando entras en menaje y deprisa en pescadería. Se para en vinos, rebobina en yogures, se traviste ante el fiambre y se tuerce al final de todo. Condicionados por él -por el tiempo- el Sr. Percha y yo nos dejamos llevar por sus cambios inmutables. A veces me siento más cercano al espacio y dependiendo de la temperatura de mis ideas, me arrimaba más o menos al tiempo. El hueco es grande, pero no infinito. Los límites nos susurran. Hacía mucho que no inventariaba límites. Yo al borde de los cuarenta y Sr. Percha con una década más de vetaja. De pronto se marcha, a la altura de los pimientos de piquillo abandona el escenario. Está contento porque ha dado forma al hueco con un gancho que asegura ha encontrado en este lapso.

Por el contrario, yo me reencuentro con un viejo boquete que pedía a gritos ser remozado. Pero pronto me doy cuenta de que todo ha cambiado, como en el súper. Al cual se ha incorporado, por ejemplo, un departamento de artes drásticas; un espacio para compra venta de pausas; o dos pasillos donde siempre te encuentras a alguien conocido. Todo ha cambiado. Hay más pasillos, pero menos ansiedad por conocer a dónde llevan; y hay menos prisa (dentro del ritmo brutal al que se mueve) para llegar a los fines. En este boquete hay mucho medio por descubrir y menos fines a los que llegar. De hecho, me doy cuenta de que este espacio, Periodismo ficción, también forma parte de la definida estructura del súper. Con la Prima de Riego compre una pausa, ahora, tras conocer a Sr. Percha, me dispongo a venderla.