Ir al contenido principal

Sí habrá paz para los malditos losers

Vengo del videoclub. Hacía más de un año que no me pasaba por ahí... De hecho, pensé que ya no existía. Lucía, su propietaria, ha cumplido 20 años en 5. Por ahí sigue sin pasar nada, a la vez que pasa todo. Los argumentos de las pelis (estrenos o descatalogadas) conviven con la vida de una persona que decidió fantasear. Lucía es una soñadora que no puede soñar, porque su película está en un estuche perdido entre comedias y dramas, y que asoma por bulerías... Y eso que odia el flamenco; aunque sigue rodando.

No sabía  muy bien qué hacía ahí. Hace mucho que no tengo una peli en mente que ver. Y más desde que el cine quedó en un segundo plano... Y yo, como maldito loser que soy, de reparto. Pero ahí me he plantado delante de una parte de mí que desconocía y que se llama Lucía, como la canción. Seguro que yo también represento algo en ella, mañana lo sabré porque antes de terminar este post hemos quedado para hablar de cine sin estuche. Y esa peli aún no sé de qué va, pero sé que es del género que más me gusta. 

Antes de entrar en el local de Lucía pensé en culparla de mi frustración, por no haber podido escribir el argumento que siempre me rondó el estómago y la cabeza. Cuando iba más a menudo a verla, dejaba que me recomendara la película que más me convenía. Depositaba en sus manos mi estado emocional, el presente y el que estaba por venir. Eran los días de estreno adulto. Por ejemplo, ella puso título al primer viernes que no salí con mis amigos: Comer, beber, amar. Tenía sudores fríos y miedo ante ese vacío... Mi piso, yo y un DVD. Y por si acaso, una versión remasterizada de Quadrophenia. La jodía sabía que aquella noche temblaba tanto como Jimmy ante los acantilados de Brighton.

Eligió bien. Y pasé la prueba. Ahora, casi dos décadas después, Lucía necesitaba su película, y por eso pienso aterricé entre tanto título descatalogado... Yo entre ellos. Pero como estaba dispuesto a reestrenarme, entré en este nuevo escenario. Lucía dio el acción y la cinta empezó a recoger cada plano, cada estímulo. Nos pusimos a buscar por autor, por género, por escenas, por países, por escenarios... Y al final, como pasa en la ficción, nos dimos cuenta de la realidad: queríamos estar juntos, pero no sabíamos desde qué fotograma ni secuencia. Dos malditos losers sin catálogo. En estos momentos estamos en ese raro proceso de montaje de un filme sin nudo, alérgico a los desenlaces, pero con un interesante planteamiento.

Comentarios

sem ha dicho que…
Qué buena esta entrada
copifate ha dicho que…
Cuidado con el montador. Estamos en sus manos. Te puede hacer héroe o rufián. O desaparecer del video club

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

La crónica borradora

Borró tres archivos por la mañana, el eje de la crónica que tenía que entregar al día siguiente. Cada uno correspondía a un asunto pendiente. El cúmulo le pesó más que el deseo o la necesidad de resolverlos. Salió a la calle en busca de respuestas aleatorias. La calle -cansada de su rol de eterna transición- contestó con más preguntas. Ella en parte se enteraba de lo que ocurría y en parte lo evitaba. Lo mismo había sucedido con aquellos archivos. Uno fue borrado a conciencia, dos sin querer. O al revés. Nunca lo sabrá con toda certeza.

El día anterior se había registrado un breve temblor de tierra. Pocos grados, pero los suficientes para sentir lo fino que es el asfalto y el vértigo de la fragilidad. El movimiento brusco le dejó algo mareada. ¿Qué relación existía entre el miedo a caer al abismo y el borrado -accidental o no- de archivos propios? ¿Había alguna relación? Mientras paseaba sin destino marcado -sintiendo y recuperando la firmeza del suelo con sus nuevas sandalias- el co…