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Martín y su tierra conclusa

Martín no es el tipo más inteligente del mundo, ni falta que le hace, porque es tan audaz y sensible que cede la inteligencia al bien común. Es tan imperfecto como quiere ser y tan feliz como su yo adulto le permite; y eso es mucho. Martín es especial por su naturalidad; y excepcional por su capacidad de expresar los miedos y valentías a contracorriente. Ayer sufrió el ataque repentino, y directo al ojo, de una coma; inmediatamente después su cuerpo respondió con un indeleble moratón... de esos que avisan para evitar la traición. Tras el golpe y forzado por la lesión se guiñó un ojo a sí mismo. Un acto reflejo que le llevó a recordar aquellos momentos en los que su madre le insuflaba ingentes dosis de valor para su propia autonomía. 

Acaba de heredar un pequeño terreno familiar aparentemente estéril. Impulsado por el valor y su querida imperfección vital no ha dudado en remover hasta las tierras más ensimismadas y petrificadas con el fin de sacar vida de debajo de las piedras. Comas, puntos, pausas, palabras en desuso, sujetos huérfanos, verbos con ganas o frases por hacer... Martín acaba de sembrar el campo con sus manos y con todos los recursos que tiene a su alcance. Estás sembrado se dice orgulloso. A los 5 minutos nace una intención de maduras raíces, acompañada de un ramo de hondas y reversibles abdominales (preparadas para amortiguar todo golpe provenga de fuera o de dentro). Martín observa cómo crece todo lo que nace de él. Un bosque de autonomía fundamentada en la imperfección de su vida. Sonríe encantado por lo que no deja de pasar. 

Se mira las manos teñidas de referencias que ha transformado en suyas. El saldo está su favor. Observa su espacio. Se tumba y se abraza al territorio; escucha sus entrañas, mide sus fuerzas y absorbe las réplicas de todo movimiento interior con el fin de darle su propio toque. Construído y agradecido por poder estar ahí disfruta con la realidad de saber que puede liberar energías e ilusiones sin temor a quedarse vacío o estéril como un terreno protegido en suspensión. Actúa y ejerce de él mismo gracias al valor manufacturado por su audacia en comandita con su sensibilidad. Y en medio de todo -ahora mismo y dentro de un rato- espera esperar más allá de lo esperado porque sólo así, deduce, podrá unir cada peldaño consecuente que ha pisado hasta llegar a su anhelada conclusión.    

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
No me parece bien que vidas tan ejemplares como la de este Martín que donó su inteligencia al bien común quede sin un comentario de al menos este lector solitario y nocturno.
Aunque he de advertirle que las conclusiones no son sino premisas de nuevos hallazgos. La vida no para, somos planetas girantes que aparentamos repetir pero cambiamos imperceptiblemente como las plantas.
(Y los tubérculos ....)
Patata

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