domingo, febrero 17, 2013

Sí habrá paz para los malditos losers

Vengo del videoclub. Hacía más de un año que no me pasaba por ahí... De hecho, pensé que ya no existía. Lucía, su propietaria, ha cumplido 20 años en 5. Por ahí sigue sin pasar nada, a la vez que pasa todo. Los argumentos de las pelis (estrenos o descatalogadas) conviven con la vida de una persona que decidió fantasear. Lucía es una soñadora que no puede soñar, porque su película está en un estuche perdido entre comedias y dramas, y que asoma por bulerías... Y eso que odia el flamenco; aunque sigue rodando.

No sabía  muy bien qué hacía ahí. Hace mucho que no tengo una peli en mente que ver. Y más desde que el cine quedó en un segundo plano... Y yo, como maldito loser que soy, de reparto. Pero ahí me he plantado delante de una parte de mí que desconocía y que se llama Lucía, como la canción. Seguro que yo también represento algo en ella, mañana lo sabré porque antes de terminar este post hemos quedado para hablar de cine sin estuche. Y esa peli aún no sé de qué va, pero sé que es del género que más me gusta. 

Antes de entrar en el local de Lucía pensé en culparla de mi frustración, por no haber podido escribir el argumento que siempre me rondó el estómago y la cabeza. Cuando iba más a menudo a verla, dejaba que me recomendara la película que más me convenía. Depositaba en sus manos mi estado emocional, el presente y el que estaba por venir. Eran los días de estreno adulto. Por ejemplo, ella puso título al primer viernes que no salí con mis amigos: Comer, beber, amar. Tenía sudores fríos y miedo ante ese vacío... Mi piso, yo y un DVD. Y por si acaso, una versión remasterizada de Quadrophenia. La jodía sabía que aquella noche temblaba tanto como Jimmy ante los acantilados de Brighton.

Eligió bien. Y pasé la prueba. Ahora, casi dos décadas después, Lucía necesitaba su película, y por eso pienso aterricé entre tanto título descatalogado... Yo entre ellos. Pero como estaba dispuesto a reestrenarme, entré en este nuevo escenario. Lucía dio el acción y la cinta empezó a recoger cada plano, cada estímulo. Nos pusimos a buscar por autor, por género, por escenas, por países, por escenarios... Y al final, como pasa en la ficción, nos dimos cuenta de la realidad: queríamos estar juntos, pero no sabíamos desde qué fotograma ni secuencia. Dos malditos losers sin catálogo. En estos momentos estamos en ese raro proceso de montaje de un filme sin nudo, alérgico a los desenlaces, pero con un interesante planteamiento.

sábado, febrero 09, 2013

Aquí, un gilipollas en su sentido

Se paró en un semáforo y se dio cuenta de que era un gilipollas. Después avanzó un paso más y continuó pensándolo, y cruzando la calle a la vez. Era 6 de marzo. Una fecha que no dice nada para alguien que sentía habérselo dicho todo sin haber intercambiado palabra alguna consigo mismo. Y además ese día, cumplía 45. Aquel cruce le destaponó tanto que tuvo que echarse las manos a las orejas para contener el ruido que procedía de dentro. Ruido de llantos no llorados, de pataletas estériles o silencios tan agudos que retumbaban tanto como los más graves. Y todo en mitad de la calle. Simplemente pasó. ¡Pero qué gilipollas que soy!

Aquí un cruce, aquí un gilipollas. Hecha la presentación quiso conciliar el sueño que nunca tuvo; dormir despierto para no despertar a la misma bestia que le estaba insultando por fuera y por dentro... Por tierra, mar y caspa. Y en este cruce de cruces seguía parado, bajo un semáforo que marcaba las horas, ignoraba a los segundos y perdonaba a los minutos. Entonces le cayó un tributo del cielo para dejarle inconsciente en plena consciencia. Se acordó de su platónica amante y de la ama de llaves que perdía los papeles de su padre; pensó en el libro que siempre cita como su favorito y que nunca ha leído. Aquí la consciencia, aquí el gilipollas del libro abierto.

Acto final:
Asumida la gilipollez decidió tomar una dirección. En ese sentido se encuentra hoy. Resentido por el tributo que le cayó del cielo; dolido por los segundos ignorados o los minutos pasados; entristecido por no llorar en su día; inquieto como un niñato que no recibe su merecido. Claro, que siempre puede volver atrás. Pero esa, dice, no es una opción. Al menos para él, por muy gilipollas que sea. Si está en este sentido es por algo, así que el problema no es que sea gilipollas, sí lo sería el hecho de no averiguar el porqué del sentido elegido. Gilipollas y cruce se ponen de acuerdo, estrechan la mano y abren el tráfico. Todo vuelve a la circulación.