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Mostrando entradas de 2014

Se acabó, a seguir

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En esta travesía entre fines e inicios los personajes se mueven con los que entran y con los que salen, entre los que se paran, los que separan, los que pegan cabos por soltar, los que viven su eterno retorno, los que sufren y los que frivolizan por no saber sufrir a gusto, los que manejan su azar y los que remueven interiores. Son los que están aunque no sean todos. Son los que han tatuado este blog, que cada día distorsiona más la cara B de la crónica ficción. Desde Casimiro, Rubén El Mago, Martínez Asesinado, Justo Ahora, Rosa la florista, las monjas del estanque oxidado, Franca La Puta, el mimo idiota, el tuno bobo o Ramiro y sus parquímetros. Y cómo no, El Pegador freudiano. Pobladores de Castrunteriza, traficantes de adverbios, contracturados verbales, antenistas fiscales o arremetidos con bajos sin resolver...

Se acabó, a continuar sembrando el mundo adulto con alteraciones asimétricas. 2015 es el año de la recuperación geométrica, el año que va a ser tajante por no dejar de e…

Intención de cruce de ideas, de perfil...

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Todo ocurrió en un cruce interesante de intenciones. Ella encontró un gesto cercano y él la cara de la ilusión. No hubo postre al principio, decidieron concentrarse en el aliño de las primeras impresiones. Unos días después pasaron a una sala contigua donde nada pasa porque sí ni porque no, sino porque toca. O no. Proyectaban una película que ambos tenían pendiente. Un relato salvaje que hablaba de los miedos, de las ilusiones, de las frustraciones, y cómo no, de la autodestrucción de serie (de la positiva y de la 100% destructiva). Las sensaciones estaban en el aire, se podían respirar racionalmente; pero la emoción de uno se pegó un atracón irracional y casi acaba con las existencias de la otra. A la salida del cruce se lo tomaron con calma. También un vino, una cerveza, más vino y tantas palabras como invitaba el patio de butacas verbales que nunca abandonaron.

Lo relativo al relato sugirió: "Seguid por ahí". Lo racional del asunto contestó: "Id con cuidad…

Sin ánimo de luto, Escríbelo si agita

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Su idea es sencilla: fundar una funeraria sin ánimo de luto. Un centro donde no sólo se gestione la muerte sino la defunción de intenciones e interiores; de ideas o de conversaciones empezadas. Para Carlo Parole la muerte tiene un precio exacto y emancipado de la justicia. Parte de una promesa, que no premisa: "Si no puedo devolver la vida a aquel recuerdo que tanto me acompañó durante... tantísimos años y que maté una noche sin nubes, al menos velaré con ganas procesadas por sus mermados intereses. Merecerá la pena. Se llamará Escríbelo si agita".


Pero la idea a veces desaparece, como Carlo, que se mete para adentro y de paso se va hasta el fondo para reencontrarse con el sentido del invento; incluso con el extremo de sí mismo. Luego sufre un episodio de amnesia y vuelve a su intención fragmentada. Así son las ideas, fugaces, esquivas, traviesas, fieles, abiertas, sutiles. Saben tomar la forma adecuada en el fondo idóneo y en el momento correspondiente. Algunas …

El día siguiente de la noche que viene

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La noche fue mágica. Él consiguió escapar del cartel para el que había sido pensado. Ella abandonó toda desesperanza. Y ellos, que iban con 'ellos',  lo pasaron en grande mirando las luces que desprendía la música del espectáculo. Hasta entonces todo parecía destinado al proceso. Roto el cartel, abandonada la desesperanza y conectadas las luces de la música, el escenario ya nunca sería el mismo. Él lo sabía, ella lo intuyó y ellos hicieron las conexiones adecuadas. La magia, en ocasiones, consiste en desestructurar los trucos que le dan sentido. Y la noche, al menos la que cerró aquel viernes de diciembre, quiso despojarse de su sostén estructurado.
Cuando ella pensó que era el momento de pinchar el globo, él cogió aire y ellos se dejaron llevar por la fuerza de las luces con música. Después él contuvo el aire ajeno mientras sacudía el propio. Se trataba de habitar el trapecio pero sin el riesgo de caer al vacío; suficiente con que exista el suelo. Porque el suelo se puede en…

La mirada del tuerto

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Anoche me miró un tuerto, al mismo tiempo me crucé con un gato negro al pasar bajo una escalera de color, con mi as de la suerte en la manga y tres dados trucados. Y sin cruzar los dedos. Pensé en dejarlo todo y agarrarme a la  parte más reconstruida... por mi parte. Tropecé, me caí, le di un beso tierno al suelo. Mis mentiras autoinmunes me sugirieron que no me levantara en un rato; querían que sintiera la textura del asfalto. Accedí y escuché a la superficie pisoteada. Me dijo cuatro cosas y yo contesté que no. Pero antes de levantarme, lo pensé mejor y amplié mi respuesta, le dije que el beso había sido sincero; había sido un beso de despedida. Mi último tropiezo en el mundo de los escondidos. 
Reconocí al tuerto por la calle, al día siguiente. Volvió a mirarme, pero esta vez con la cuenca sin ojo. Me mandó un guiño y casi se cae. Me alcanzó de lleno con una frase profunda, pero no me tumbó. Al contrario, me elevó hasta el término medio. Ese lugar que siempre pasa de mí y que yo si…

El acierto errático

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Venía de cruzar una línea que no podía cruzar. En medio pensé que tenía que llegar al cruce antes de nada. Porque en el cruce estaba el flujo de ideas que pierdo cada noche por no apuntarlas. Me encontré con varios capítulos sin terminar. El primero estaba mal planteado; el planteamiento del segundo era el mal del primero; y el tercero no tenía ni pies ni cabeza, pero sí un codo indefenso. Me gustó estar en medio, también cruzar aquella línea tan recta. Sabía que ya nada iba a ser igual y que no iba a verlas venir. Tenía que apañarme con los retrovisores orgánicos que me había construido en el trayecto y con las luces (algunas más largas, otras más de cruce).    
Me gusta la sensación de suela desgastada. Sentir las tomaduras de pelo del suelo; la abrasión de los pasos dados y no dados; el frío de una pisada firme; el calor de algunas huellas inevitables. Crucé la línea por algo, no para quedarme en la pausa eterna. Si me duele es porque puedo tolerar el aguijonazo de las cosas que …

Contracturas verbales en la fiesta de la casa subordinada

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Ayer me invitaron a una fiesta. No contaban conmigo en principio, pero alguien me lanzó un acento que me tildó de asistente.No estaba con mucho ánimo, llevaba unos días arrastrando una contractura en los tiempos verbales. Finalmente hice una pausa en las cosas que me cuento y pude decidir -sin interferencias- que iba a la fiesta sin previa idea de lo que me iba a encontrar. En la cocina elegí los temas musicales que me acompañarían hasta el cruce de la calle Desiempre con la avenida Puede que pase. Tardo unos 30 minutos en llegar si voy andando, que es lo que pienso hacer, caminar. Necesito ese espacio para  editarme a mí mismo un rato con mi música y mis cosas (esas que pasan por algo).
A saber: un poco de fondos marinos para creerme único en la respiración, un brote de soul para animar la descompresión, destellos guitarreros para rejuvenecer y ver público que me jalee, jazz para sofisticar el ante que estreno y ska para no olvidar que tengo mi parte de rudo y de cretino. Y así con …

La causa por el tejado

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Venía de escuchar un chiste muy malo. Llegaba de discutir a golpes consigo mismo. Regresaba de una vuelta atrás pensada hacia adelante. Había estado circulando en línea recta en torno a una idea con mucho recorrido circular. Pensó en ello y ello pensó en él; tanto como ella, pero hay cosas que pasan y otras que pasan de largo. Después se lo comentó todo (o casi todo) a la compositora de pausas y se guardó un tanto para consultarlo con el corredor de balsa (un auténtico salvavidas). Estaba en una travesía sin cuentos con muchos caminos para tomar en serio.    
Entre todos vieron lo que ocurría: tras dar el golpe en el banco de palabras para llevarse el botín más preciado (una maleta llena de respuestas), descubrió que... el gope de efecto había abierto un boquete en un cúmulo de sentidos con los que no contaba; y que estaban pendientes por ser propios. Incluso, dentro de este equipaje también había algunas de las ansiadas respuestas. En definitiva, motivos para hablar y razones para tr…

Martín, el chaleco anti-calas y la libertad anónima

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Después del golpeMartín estaba cansado, sin ganas de pensar y con la herramienta de la emoción bajo mínimos. Sin nauseas pero sin prisas. Con pausa pero sin tripas. Estaba agotado tras una operación que duró casi dos años.
El cirujano sentía admiración. Por primera vez extraía, por propia voluntad del paciente, una venda de los ojos con ramificaciones defensivas en cada extremidad interior. Un golpe a su estado vital. Una necesidad que, como sujeto, supo manifestarse, definirse y proclamar la autodeterminación. Pero la factura era alta y Martín lo sabía: Vivir sin la protección que traía de serie y por tanto quedar expuesto (con lo puesto y adquirido) a emociones; a favor y en contra. 
La operación comenzó en una exposición de Sebastiao Salgado, donde se invirtió la realidad para que fueran las fotos quienes contemplaran a Martín. Eran ellas, siempre instantáneas, las que veían cómo él iniciaba el preoperatorio. El cirujano, el doctor Posible, operaba desde un plano contiguo, mientras…

Cautivo y pronunciado...

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El agente de policía se encontró un mensaje corto tirado en el suelo. Era una frase hecha que se había deshecho. No había sangre ni huellas ni rastro de sentido. Sí había, en cambio, una convicción suelta sin sujeto, una palabra sin vocales y una vocal abocada al fracaso. La frase parecía haber muerto de asfixia por un suspiro exacerbado. Clamó por una oportunidad de ser escuchada, entendida y contextualizada, pero cayó sin remedio; borrada y abandonada por una boca cerrada y unos dedos desganados. 
Cuando llegó el juez al escenario, el agente temió quedar en entredicho. Sentía tanta lástima de sí mismo como del mensaje a la deriva. Terror, mucho terror. Pánico al abismo del desuso, al no tener una boca que pronuncie su necesidad de existir. Pavor al punto y aparte. Pero se aferró a un texto que almacenaba en el cofre mental para salvarse de sus fantasmas. El juez no juzgó y dictó (para adentro): "Hay ideas que no pueden pensarse por pensar para evitar matarlas por no decir"…

Próximamente en su videoclub

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La última vez que nos vimos fue en su regreso de las Montañas Llanas. Volvía de regresar dos veces al mismo punto, pero en este caso para partir; para marchar y para quebrarse por una parte, y por otra también. Pero como Él no es de repetirse, ha venido a buscarme para contarme que, aunque le ha costado 26 años, ha entendido de qué va su vida. Nos hemos sentado un rato en el banco del videoclub de las pelis descatalogadas (y de las sinopsis por encajar en su propio argumento). En este banco me siento cuando no veo nada claro (tirando a nublado). Me siento en él incluso sin sentarme para asentar ideas, deseos, desencajes, torturas, carreras, alegrías... Es el lugar perfecto para hablar con Él. Las conversaciones no son de las que se tienen habitualmente. Son de esas que hacen temblar, agitan, remueven, desalojan gilipolleces o pasan secuencias de cine interno. Es un banco para valientes, me dice Él. Es el banco del videoclub, contesto. Eso lo dice todo, amigo.
Hablamos de su vida y d…

El punto de sutura de las cosas habladas

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Las cosas no pasan y ya. Las cosas pasan, ramifican, enraizan con sus consecuencias; los sentimientos y las sensaciones son testigos (directos y participativos en el hecho). Aquel día tan surrealista pasó de todo. Una mirada, un canapé, una canción, un periódico (su titular), una frase acertada, una pregunta propia de la apropiación debida, el grifo, una mañana sin su tarde emancipada de la noche, una lista abierta y viva de cosas por hacer, una H con su D, una puerta sin abrir, un desfile de lugares, un salto de nivel en pleno desierto, dudas y la certeza de que todo... encaja. 
Después, las cosas que pasan necesitan que se hable de ellas. También requieren atención; llegar al espacio común. Comprobar que ese todoencaja. E incluso, que el verbo encajar cabe en sí mismo. Hablar, hablar, hablar. Y no por hablar; hay mucho que decir. A cada idea, mínimo, le corresponde un diálogo. A cada sentimiento, lo mismo. Aquel día fue surrealista, pero tan real como el surrealismo mismo. Aquel día…

El grifo y la mezcla de lo vivido

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Me incliné para enjuagarme los dientes. Pensaba en mis cosas -con todo lo que ello implica- pero por un milímetro de no sé qué espacio surgió un sutilísimo aroma que me recordó a ella. Una partícula superviviente de su perfume que flotaba por ahí. Entre dos mundos... El de mis neuronas y el universo de las tuberías internas en general. No podía, no quería, moverme de ese mínimo espacio, porque era lo más cerca que había estado de ella desde que decidimos marcharnos. Casi podía tocarla, sentir sus caricias sobre mi nuca, aquellos gestos de cariño con aleación propia. Olía, buscaba, me aferraba a la magia, recordaba, revivía aquella sensación de levantarme una mañana con el sueño a mi lado y serlo en realidad.
Entonces mi compañero de piso me dio una colleja para avisarme de que llevaba mucho tiempo bajo el grifo. En ese momento ella se esfumó. Y yo, sonriendo, pero inquieto por dentro al no saber cuándo podría volver a desequilibrarme con su presencia me reí y apagué la luz de la esce…

El médico muerto y las plantas que inhalan sueños

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Cuando Ricardo decidió matar a su médico de fondo, el Doctor Günter, ya era tarde. Rafaela, la propietaria de la floristería D'Abajo, se había adelantado. Ricardo debería haber adivinado sus intenciones. Sabía que Rafaela no pudo con el último diagnóstico, un hecho que se notó en todas las plantas del barrio de Orillas sin mar. Las plantas eran diferentes, las 'criaba' ella misma y tenían la peculiaridad de respirar sueños en vez de oxígeno. Lo hacían por la noche y durante el día exhalaban flores interpretativas. El doctor Günter le aseguró que el secreto de la peculiraridad de sus plantas estaba en un virus congénito. Pero Ricardo estaba tan centrado en sus ganas de acabar con Günter que no leyó el dolor de Rafaela; ya nunca podría matar a su médico de fondo.

Rafaela, feliz por dentro, horrorizada por fuera, consiguió que sus plantas no abandonaran sus intenciones mientras  permaneciera en la cárcel. Una de ellas quería estar junto a Ricardo. Ansiaba alimentarse de sus …

La pisada de la ocurrencia aspirante

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Nació de un dibujo inconexo en el poso de una cerveza maltrecha. En un principio fue mala idea, pero como pasaba de maniqueísmos, mutó en ocurrencia a secas. Consistía en generar opciones dentro de un ecosistema ocupado por las ocasiones y dominado por una falsa alternativa reina. Una alternativa a un todo de nada, por lo tanto a priori no había nada que hacer contra ella. Pero la inconexión del dibujo de la cerveza maltrecha también mutó y conectó posibilidades entre sí para parir esta ocurrencia luchadora.
Empezó tímidamente. Se posó en una mente, después en otras dos y así poco a poco hasta que consiguió repartirse por los huecos de ingenio y arrojo habitables. Necesitaba desarrollo, compromiso y continuidad. La tarea no era sencilla. Algunas mentes no la toleraban, pero las que querían darle cabida tenían mucho poder de agitación, así que fueron removiendo arenas petrificadas para preparar el terreno. La ocurrencia, por su parte, cogía más y más cuerpo frente a las ocasiones inm…

Estaciones y maletas comunes

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Fue en un pueblo con mar, una noche después de un concierto... Hasta aquí, todo normal. Una historia que surge de una canción. Pol (desarrollador de planteamientos) conoce a Sara (periodista especializada en altas tensiones) en un cruce de miradas ajenas. Pasaban por ahí y el planteamiento de dos personas 'exteriores' generó la tensión suficiente para llevarles a un encuentro de vista y porrazo. Como en un sueño se pusieron a hablar sin prejuicios, como si se conocieran de toda la vida y con la seguridad de que siempre "nos quedará despertar". Mientras tanto, la canción de Sabina continuaba en su propio bucle. Dieron las 10, las 12, la 1... Y Pol y Sara seguían en aquel puesto de horchatas de paso, dentro de la Estación
Él, muy profesional, entendía la vida como un perenne planteamiento. Ella, igual de profesional, era una experta en limar asperezas día a día. Pero en este contexto espontáneo y vacío de tensión, nadie planteó nada, sencillamente pasó todo sin que n…

Contextos por el rabillo del ojo

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Ayer estaba hablando con unos amigos en la calle cuando mi rabillo del ojo izquierdo enfocó un ángulo muerto. Por ahí pasó/encajó un tipo que no... encajaba (bajo no sé qué criterio) en el contexto. Tenía aspecto de gitano rumano. Vestía un chándal con piezas asíncronas; zapatillas sin puntera, pulseras doradas, barba por necesidad, mirada con historias detrás... Y el eje de todo, un cuadro de Dalí bajo el brazo derecho. Donde tenía que haber (por prejuicio o estadística visual) un kit de limpieza de parabrisas apto para semáforos hostiles, mi rabillo del ojo percibió una reproducción (con marco sin gusto) de La tentación de San Antonio de Dalí.
Como es propio de mí (o no), abandoné el contexto principal para pasar a un plano casi desapercibido. Entré por ese resquicio que deja a veces la percepción propia para buscar una historia ajena. Le seguí de cerca, luego se alejó para tomar perspectiva y finalmente le abordé en la frutería de Jacinta (la viuda del camello del barrio y vendedor…

Vuelta y vuelta por ese sentido

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Darío decidió hacerse un filete pensado a la plancha. Se cortó con una copa en estado de reposo y entre dos aguas. Los glóbulos, en un intendo de seguir un orden en su... pulsión, pensaron que lo mejor era lo peor que podía pasarles. Cortó la hemorragia y penó la pérdida de sus pequeños pensantes, expulsados de la circulación. Se hizo la luz (al baño maría), el loco (frente a sí mismo) y el filete (vuelta y vuelta). Por un lado halló un extremo y por otro, un punto medio poco hecho; pero acertado. Un glóbulo rojo que sobrevivió al proceso lo observaba todo. Pensó en no hacerlo, pero tuvo que mirar.
Con una nueva cicatriz, un glóbulo rojo inquieto observando y el hambre de entender el mapa de su propia asincronía, empezó a comer. Antes se sirvió un vino DO. Castrunteriza. Encendió una vela, abrió una caja pendiente. Brindó. Todo estaba en su sitio y el filete en su punto.  
Uno a uno iba digiriendo los motivos que le habían llevado a su tiempo. Los incontrolables y los razonables. Unos…

El hilo y los principios del fin

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Se pasó la noche haciendo cola. Antes, mimetizándose con un armadillo (que estaba por ahí de paso antes de su extinción), había probado a protegerse del mundo y de sí misma para intentar convertirse en una coraza con forma de bola. La cola no avanzaba muy rápido, pero no iba a abandonar. Y eso que desconocía la meta, pero sí dónde tenía que llegar... Y tanta (coraza) como deseos de no necesitarla; pero a veces las cosas son así. ¿Así, cómo? Así, contradictorias. Querer cuando no quieres o no quieres querer; o crees querer cuando crees más de la cuenta o no te crees lo que quieres cuando quieres demasiado... Perdió el tiempo en algún rincón. Junto a algunos principios. Ocurrió sin querer, sin creer, pero ocurrió. Pero los finales esperaban pacientemente su llegada de fondo.
Paso a paso, la distancia con el fin se estrechaba. Y entre el "no quiero ver", pero "lo miro", se agarraba inconsciente a esa fila de personas sin rostro. Era el único argumento de continuidad q…

Periodismo ficción y el libro del pelirrojo

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Escribo este post desde el más absoluto misterio de saber qué me voy a encontrar en la caseta 320 (Antonio Machado) de la Feria del Libro de Madrid. Mi viejo amigo, el que me dice que voy a estar más solo que la "menos una", me susurra con cariño al oído para darme ánimos y aguantar el golpe de humildad. Acabo de publicar mi primer libro (Periodismo Ficción), algo que nunca pensé que ocurriría. De hecho, no lo he hecho yo, sino una editora valiente llamada Elena P. Jiménez; que con todo su empeño ha montado editorial (esferaED), colecciones y un contexto de letras muy prometedor. Y en medio, un hueco para las pequeñas crónicas que llevo escribiendo desde hace un tiempo. No necesito un golpe de humildad. Estoy tan curtido, que parezco un puto sparring al borde de la jubilación. Es más, estar aquí es como estar en un podio. Ahora, tras este elogio a la pasión de la autocompasión, tengo la sensación de que hoy algo termina y comienza un nuevo y largo episodio de Periodismo fic…

Por la bocacalle desbocada

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Acabo de pasar por un cruce y mientras caminaba en cierto sentido, en otro (en dirección contraria) me he cruzado conmigo mismo. Venía precipitado, anacrónico... Y me he terminado atropellando. Ahora, en el suelo, veo cómo me fundo en un solo cuerpo de texto; por un momento temí ser testigo de mi propia fuga. De no prestarme ayuda y huir. Afortunadamente me he quedado. Y tirado en este cruce de ideas y caminos me entretengo ignorando el dolor del golpe. Venía pensando en todos los esquemas que se van rompiendo con los años; en los límites que caen a medida que consagras los tuyos; en la foto que me gustaría tener abierta en mi teléfono si me mato en un accidente; en el capítulo 107; en lo irónico que es todo...
Venía en un sentido, me cruzaba en otro. Volvía del súper también, con bolsas llenas de argumentos de supervivencia. Entonces mi cuerpo de texto me mandó un mensaje a través de un tipo simpático y legible. Debía borrarme de aquel camino, sin prisa, sin pausa y a doble espacio.

Cruzando la línea

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Se metió la última raya a cuadros que le quedaba aquella noche sin luna ni nubes ni claros. Rodrigo se metió sus rencores de una tirada nasal; pero también sus complejos, sus temores y las frases hechas que nunca hizo, pero que sí dijo. Era la despedida. El soplo del último momento. Tenía que irse puesto con lo puesto, sin mirar atrás y no rayarse en el intento. Tenía que romperle las piernas a ese contexto que había estructurado con empeño en los mejores años de su puta vida. Puta porque ella -la vida- fue la encargada de vender su cuerpo por "dos duros" a la misma muerte. Absorbió hasta la última mentira que él mismo amasó para no sufrir el ardor de crecer.
La raya, reconocida su cuadrícula, se rebeló por un momento y quiso bebérselo a él, pero Rodrigo sabía defenderse de la absorción ajena. Era un experto en meterse dentro de sí mismo, lo cual le proporcionaba una defensa perfecta contra los ataques de los aliados mejor disfrazados de aliados. Aún así, la geometría de la …

Cuesta

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El caso es que siempre hay cuestas. Salgas o entres, vengas o vayas, te sientes (cómod@) o trasciendas, te cagues en todo o en nada, asumas o cuestiones, barras o dejes acampar el polvo, corras o corras, huyas o viajes, planches o te arrugues, ganes o pierdas, te hundas o nades, vuelvas o te revuelvas, te alojes (en ese hotel) o desalojes la realidad... Siempre habrá una pendiente que hay que allanar. Aunque "cueste"!

Sal de dudas

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Entramos en Barrena para la entrevista. Rubén me contó que las últimas palabras que escuchó de ella, antes de que pusiera océano y montañas de por medio, fueron: Sal de dudas. El bar estaba lleno, pero se podía respirar. Las fotos naíf de las paredes y el cóctel de límites marcaban el ritmo y equilibrio entre ideas y palabras. Tardó en entender sus palabras. Sal de dudas. Pero en un tiempo razonable comprendió y entonces sazonó sus mejores recetas con la duda sobre sí mismo ante la muralla del océano impuesto.
Aquel día yo quería invertir los papeles y terminé por financiar una idea que Rubén no terminaba de verbalizar. Una inquietud más bien. No me molestaba, una entrevista es una entrevista. Lo curioso es que a veces yo no sabía dónde empezaban las respuestas y dónde terminaban las preguntas... Incluso muchas respuestas eran verdaderas cuestiones, y cantidad de éstas adoptaban el papel de contestación. Y sumando enteros diré que en más de un momento Rubén pensó que él era yo y yo …