Ir al contenido principal

Descalzos

Decidieron descalzarse para siempre, andar de puntillas y caminar con pies de plomo. No pensaban morir aquella noche de domingo, y no lo hicieron, pero se encomendaron a la pausa del coma antes que a la muerte sin remedio del punto final. Ya no había signos aparte... Todo estaba sobre el papel; en el mismo plano y a la deriva. Sólo queda dejar que el viento, el tiempo, la corriente, las corrientes, los remos y los elementos hagan su trabajo. Ellos ya han hecho el suyo: descubrirse, crearse, creerse y transformarse. Desde que se calzaron la primera vez no habían dejado un renglón sin su sentido correspondiente. Habían caminado sobre espacios en blanco incandescentes, huecos tipográficos japoneses; asomado a puertas (entreabiertas) a contextos continentales; visitado exposiciones de situación; y pensado en todo lo vivido. 
 
El suelo quema, no abrasa. Se clava, raspa, pero regala solidez e invita a recorrer, investigar sus corrientes y aguas subterráneas. El suelo duele, pero sin él sólo queda el vacío. Los neuróticos creamos e imaginamos castillos en el aire, los psicóticos los habitan. Dicen que una tarántula nunca te pica cuando la estás sosteniendo en tu mano porque, salvo que sea una suicida, intuye que si daña la superficie que pisa, acabará en el hoyo. Aunque el Tánatos temprano hace estragos por ejemplo entre los marsupiales,  si se salen del tiesto (de la bolsa materna en este caso), y se caen, la madre no les rescatará, por débiles. Así que el suelo puede ser la salvación, pero también el final. Lo que está claro (sin confusos sentidos subordinados) es que un castillo en el aire siempre terminará engullido por la gravedad (...de un asunto no resuelto).

Hoy he visto en contextos independientes a dos personas descalzas. Ambas llevaban ladrillos con cimientos divididos, y elementos para dar forma. He tenido una enorme tentación de hacerles una foto para ver qué pasaba después. Pero casi mejor que sean ellos los que den forma al fondo sobre el que han decidido caminar en estado de coma. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Salidas emergentes, manos que pintaron

Madrid, agosto, primero. Metro poco vacío. Algunos/as quedamos entre líneas, ‘peatoneando’ entre contenidos y olas de calor. Y en medio, esa crónica que asoma cuando otras son arrancadas de su espacio. Los pasillos narran de cuajo. Palabras, avisos y sentidos se unen en direcciones contrapuestas para mostrarse a un público que mira de reojo...
...O en contraplanos que son poco dados a la exhibición explícita, porque prefieren las historias bajo relieve visto. Unas manos que escenifican un gesto, una actitud de relajación tensa. Es lo único que queda de un contexto que pasó a mejor brida; atado a la superposición de tramas, ideas y decisiones.  Una sonrisa de salida que no permite encontrar la entrada.

Y quienes miramos sentimos un calor frío que recorre el objetivo de la cámara antes disparar. Luego llega la captura, la descarga de resultados y emociones en bandeja de salida. Y al final del recorrido, intentamos reconciliarnos con la lógica caótica de fotografiar con un teléfono que…

Murió en lugar de la palabra

El cadáver aún tenía mucho que decir, pero no había nadie al alcance a través del cual poder expresar... Se mordía la lengua con los últimos suspiros. Las ideas que nunca sublimaron se desvanecían. La sonrisa se iba transformando en relieve, el rock en adagio y el mito en una frase por decir. Los músculos ocultaban poemas escondidos entre líneas. La rabia y el sosiego tonteaban. Quería expresar, usar su codo izquierdo para hablar lo que no estaba dicho.
...El telón caía y el público tenía un pie en la cena. Y él, como cadáver, perdía su peso como actor. Se acababa el tiempo entre vivos por mucha palabra que tuviera pendiente. Su identidad era ya lo de menos; de la pausa pasaba al corredor del olvido. Nadie estaba pendiente de él. Lo que no expusiera en ese momento se desintegraría con él para siempre. Hasta pronto, hasta nunca. El tiempo seguía su curso y no parecía hallarse ningún traductor de cadáveres por su causa en la escena.
Estaba muerto y además, muerto de miedo. Acojonado po…

El recorte tendido

Cuando Carlos se levantó todo estaba en su sitio, menos él, que se sentía de vuelta y media. Echó de menos el recorte de periódico que la noche anterior había tendido en la cuerda de las historias pendientes; junto a la ropa que no usa pero lava. Con el ritual del desayuno tuvo que combinar tostadas con hipótesis. La primera consistía en cuestionar la existencia del recorte, ¿habría sido parte de un sueño? La segunda, en desestimar la primera duda, ya que recordó que había escrito una nota en su móvil que aludía a la historia recortada. Tercera, pensó que se había levantado de madrugada y en un acto surrealista se la había ocultado a sí mismo. Y en la cuarta se preguntaba, si se lo había ocultado, ¿por qué lo había hecho?

Concluido el ritual y el desayuno, la respuesta llegó de forma natural. Sentado en el inodoro observó la posible escena delante de él. Se veía a sí mismo levantado de madrugada. Leía la historia del recorte entre la consciencia y el sueño. Su cara reflejaba dolor, rab…