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Intención de cruce de ideas, de perfil...

El mismo amor, la misma lluvia (Juan José Campanela. 1999)
Todo ocurrió en un cruce interesante de intenciones. Ella encontró un gesto cercano y él la cara de la ilusión. No hubo postre al principio, decidieron concentrarse en el aliño de las primeras impresiones. Unos días después pasaron a una sala contigua donde nada pasa porque sí ni porque no, sino porque toca. O no. Proyectaban una película que ambos tenían pendiente. Un relato salvaje que hablaba de los miedos, de las ilusiones, de las frustraciones, y cómo no, de la autodestrucción de serie (de la positiva y de la 100% destructiva). Las sensaciones estaban en el aire, se podían respirar racionalmente; pero la emoción de uno se pegó un atracón irracional y casi acaba con las existencias de la otra. A la salida del cruce se lo tomaron con calma. También un vino, una cerveza, más vino y tantas palabras como invitaba el patio de butacas verbales que nunca abandonaron.

Lo relativo al relato sugirió: "Seguid por ahí". Lo racional del asunto contestó: "Id con cuidado, pero id". El pretérito por su parte dimitió, el presente se ofreció a recordar y plantear, y el futuro pasó un as por debajo de la puerta por la que entraron juntos la primera noche. Lo dicho dijo: "Mirad". Lo planteado se sintió ninguneado por el circulante. Lo prudente quiso jugar con su yo más imprudente. Todo era cuestión de tiempo, y en cuanto al espacio, tomaba forma invirtiendo en el fondo. La planilla de posibilidades (todavía sin postre) estaba en proceso. No había peros ni cuándos y sí muchos porqués por definir, diseñar, dibujar y escribir (al derecho y al revés).

Cuando llegó el momento se despidieron. Él pensó "cuidado que tiembla el suelo". Ella escribió un trazo al ritmo de la lógica y se marchó con una de esas sonrisas que tatúan recuerdos. Ambos habían colocado la primera raíz. Nada de piedras, cero losas. Sólo raices y sonidos emocionantes. Aquella noche fue especial en aquel cruce de tildes sin acentuar y espacios ante exclamaciones irreales. Nada se sabe sobre lo que va a pasar. "Así estoy yo sin ti o contigo", pensó él; "así está la media (nunca entera) maratón", suspiró ella.

Pasado el prólogo se plantea: Despedirse no es fácil. Recibirse tampoco. Estar es una utopía. Estar entre líneas, un placer obligado. Ser, una obligación. Pero querer es cosa de dos, el postre. Y querer querer es una cuestión de actitud que se resuelve en un restaurante japonés, en el cine o viajando a ese lugar en el mundo. "Seamos de esos", apostilló lo suyo

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
“...juro que yo había escrito ya un comentario a esta entrada. Esta mañana; de madrugada y escrito en la cama, como Onetti.

Bien pues no está y recuerdo que era laudatorio. Un reconocimiento a esta capacidad de Daniel para encontrar a las palabras sus rincones, para darles cuerpo y lengua, para concebir diálogos entre verbos, para convertir los rígidos latiguillos en frases de misterioso significado...

Es mucho...

Que el 2015 te reconozca.

Abrazos,

Tapón.

Y del otro comentario, que era más sutil quizá, ¿qué se hizo?”
Daniel Seseña ha dicho que…
Qué decir, más allá de las "gracias" de turno. Es un halago, una emoción y un incentivo incalculable que me dediques tus palabras en relación a las mías y a sus latiguillos misteriosos, como dices. Como digo en el último post: Sigamos. El reconocimiento llega con opiniones como la tuya y las que otras personas comparten en otros espacios. Es un lujo inspirador. Feliz año, Tapón.

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