miércoles, diciembre 31, 2014

Se acabó, a seguir

En esta travesía entre fines e inicios los personajes se mueven con los que entran y con los que salen, entre los que se paran, los que separan, los que pegan cabos por soltar, los que viven su eterno retorno, los que sufren y los que frivolizan por no saber sufrir a gusto, los que manejan su azar y los que remueven interiores. Son los que están aunque no sean todos. Son los que han tatuado este blog, que cada día distorsiona más la cara B de la crónica ficción. Desde Casimiro, Rubén El Mago, Martínez Asesinado, Justo Ahora, Rosa la florista, las monjas del estanque oxidado, Franca La Puta, el mimo idiota, el tuno bobo o Ramiro y sus parquímetros. Y cómo no, El Pegador freudiano. Pobladores de Castrunteriza, traficantes de adverbios, contracturados verbales, antenistas fiscales o arremetidos con bajos sin resolver...

Midnigth in Paris (Woody Allen, 2011)
Se acabó, a continuar sembrando el mundo adulto con alteraciones asimétricas. 2015 es el año de la recuperación geométrica, el año que va a ser tajante por no dejar de estar pendiente de los días contados. Tiempos transversales armados de paralelismos con ecos inconexos. Época de inquietudes inquietantes y deliciosas nebulosas. Y sobre todo va a ser lo que tenga que ser. Eso sí, cada uno va a ir a lo suyo, que es lo propio. Y en esa carrera por travesías separadas existe un canal que comunica la duda con la pregunta adecuada. La palabra con su amante el silencio.

La meta sólo la cruzarán los asuntos, las cosas y los personajes que más de atrevan a reventar las seguridades más imberbes. Aquellos dispuestos a partirse en dos, en tres y en los segmentos que haga falta para no tomarse en serio lo suficiente. Porque lo suficiente sólo se toma en serio con calma. La digestión es la clave de un trayecto coherente.


Ahora veo que llegan los primeros. Pero quedan muchos días para que terminen de pasar quienes decidieron trazar sin borradores. Ella es una de las últimas que cruza como pionera. Ella no quiere nombres, sólo hechos; por eso está ahí. Más allá del aquí de partida. Un logro. Se acabó, sigamos. E insisto con el último poso de fuerza que queda en la batería de 2014: ¡Seamos de esos!

martes, diciembre 30, 2014

Intención de cruce de ideas, de perfil...

El mismo amor, la misma lluvia (Juan José Campanela. 1999)
Todo ocurrió en un cruce interesante de intenciones. Ella encontró un gesto cercano y él la cara de la ilusión. No hubo postre al principio, decidieron concentrarse en el aliño de las primeras impresiones. Unos días después pasaron a una sala contigua donde nada pasa porque sí ni porque no, sino porque toca. O no. Proyectaban una película que ambos tenían pendiente. Un relato salvaje que hablaba de los miedos, de las ilusiones, de las frustraciones, y cómo no, de la autodestrucción de serie (de la positiva y de la 100% destructiva). Las sensaciones estaban en el aire, se podían respirar racionalmente; pero la emoción de uno se pegó un atracón irracional y casi acaba con las existencias de la otra. A la salida del cruce se lo tomaron con calma. También un vino, una cerveza, más vino y tantas palabras como invitaba el patio de butacas verbales que nunca abandonaron.

Lo relativo al relato sugirió: "Seguid por ahí". Lo racional del asunto contestó: "Id con cuidado, pero id". El pretérito por su parte dimitió, el presente se ofreció a recordar y plantear, y el futuro pasó un as por debajo de la puerta por la que entraron juntos la primera noche. Lo dicho dijo: "Mirad". Lo planteado se sintió ninguneado por el circulante. Lo prudente quiso jugar con su yo más imprudente. Todo era cuestión de tiempo, y en cuanto al espacio, tomaba forma invirtiendo en el fondo. La planilla de posibilidades (todavía sin postre) estaba en proceso. No había peros ni cuándos y sí muchos porqués por definir, diseñar, dibujar y escribir (al derecho y al revés).

Cuando llegó el momento se despidieron. Él pensó "cuidado que tiembla el suelo". Ella escribió un trazo al ritmo de la lógica y se marchó con una de esas sonrisas que tatúan recuerdos. Ambos habían colocado la primera raíz. Nada de piedras, cero losas. Sólo raices y sonidos emocionantes. Aquella noche fue especial en aquel cruce de tildes sin acentuar y espacios ante exclamaciones irreales. Nada se sabe sobre lo que va a pasar. "Así estoy yo sin ti o contigo", pensó él; "así está la media (nunca entera) maratón", suspiró ella.

Pasado el prólogo se plantea: Despedirse no es fácil. Recibirse tampoco. Estar es una utopía. Estar entre líneas, un placer obligado. Ser, una obligación. Pero querer es cosa de dos, el postre. Y querer querer es una cuestión de actitud que se resuelve en un restaurante japonés, en el cine o viajando a ese lugar en el mundo. "Seamos de esos", apostilló lo suyo

viernes, diciembre 19, 2014

Sin ánimo de luto, Escríbelo si agita

Su idea es sencilla: fundar una funeraria sin ánimo de luto. Un centro donde no sólo se gestione la muerte sino la defunción de intenciones e interiores; de ideas o de conversaciones empezadas. Para Carlo Parole la muerte tiene un precio exacto y emancipado de la justicia. Parte de una promesa, que no premisa: "Si no puedo devolver la vida a aquel recuerdo que tanto me acompañó durante... tantísimos años y que maté una noche sin nubes, al menos velaré con ganas procesadas por sus mermados intereses. Merecerá la pena. Se llamará Escríbelo si agita".

Tríptico (Crucifixión). Antonio Saura

Pero la idea a veces desaparece, como Carlo, que se mete para adentro y de paso se va hasta el fondo para reencontrarse con el sentido del invento; incluso con el extremo de sí mismo. Luego sufre un episodio de amnesia y vuelve a su intención fragmentada. Así son las ideas, fugaces, esquivas, traviesas, fieles, abiertas, sutiles. Saben tomar la forma adecuada en el fondo idóneo y en el momento correspondiente. Algunas se lo toman con más calma, otras, más ansiosas por cosificarse, pujan y empujan. Así es Carlo, mitad tranquilo, mitad nervioso; mitad adulto, mitad niño... Y en la mitad de la mitad se encuentra otra mitad (Escríbelo si agita) y que es más de vida que de muerte, aunque a veces tontee con el bueno de Tánatos. 

Enterrado el ánimo de luto junto al hacha de guerra, sepultada la rabia por saberse (a veces) incapaz, Carlo ya ha colocado la primera piedra para escribir y velar lo que agita. Pocos le comprenden, nadie le para, todos le animan y él se entiende. La piedra está echada. Y en el fondo del plano observa cómo se aproximan desde distintas perspectivas varias urnas llenas de frases descompuestas, de pensamientos huérfanos o en coma; de ocurrencias a medias, de vistazos torcidos o de ideas fraguadas que perdieron el hilo. Carlo se anima, tiene mucho trabajo que hacer, muchas respuestas que exhumar y más preguntas que plantear a medida que llegan las palabras. Esa es la idea.


viernes, diciembre 12, 2014

El día siguiente de la noche que viene

La noche fue mágica. Él consiguió escapar del cartel para el que había sido pensado. Ella abandonó toda desesperanza. Y ellos, que iban con 'ellos',  lo pasaron en grande mirando las luces que desprendía la música del espectáculo. Hasta entonces todo parecía destinado al proceso. Roto el cartel, abandonada la desesperanza y conectadas las luces de la música, el escenario ya nunca sería el mismo. Él lo sabía, ella lo intuyó y ellos hicieron las conexiones adecuadas. La magia, en ocasiones, consiste en desestructurar los trucos que le dan sentido. Y la noche, al menos la que cerró aquel viernes de diciembre, quiso despojarse de su sostén estructurado.
Elreferente.es / Circo Price

Cuando ella pensó que era el momento de pinchar el globo, él cogió aire y ellos se dejaron llevar por la fuerza de las luces con música. Después él contuvo el aire ajeno mientras sacudía el propio. Se trataba de habitar el trapecio pero sin el riesgo de caer al vacío; suficiente con que exista el suelo. Porque el suelo se puede entender de muchos modos. Se puede entender desde su misma horizontal, desde cierta perspectiva gravitatoria, desde un plano cenital o por la tangente más transversal. El suelo es capaz de sostenerte o de reventarte; según el contexto desde el que aterrices en él. Y ellos, él y ella, tenían que mirarlo bien todo desde arriba para entender la superficie que iban a pisar.

Caballos de mar, espacios en blanco con sentido, equilibristas en do mayor, bailarinas con parche en el ojo, trucos por colores, letras emancipadas de su frase, dobles direcciones y todo por venir. El escenario estaba lleno de argumentos para construir y diseñar la historia del espectáculo a la medida indicada. Indicada entre el sentido común y la dirección aparentemente inadecuada (una flecha dibujada con semillas en un restaurante pensado para fabricar listas de cosas por hacer; una flecha que apunta y apuesta). La noche fue mágica. Al día siguiente fue difícil asumir que no todas podrán serlo. El secreto está en las listas. El desenlace, en las manos de 'ellos' y su pisada ocurrente.