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El arte de la boquita cerrada (FIN)

Hay quien se lamenta amargamente de los palos. Esto que suena muy flamenco (por aquello de los lamentos y los palos) es pura obviedad, lo sé. Cómo no te vas a lamentar por un palo recibido. Claro, que hay palos y palos. Está el palo por suspender un examen, el palo de la baraja, la soledad del palo ya sin helado, el palo por una mala conducta, el palo de la vida misma o el palo por abrir demasiado la boca. Y éste es el palo que ocupa su sitio en un extraño capítulo de Periodismo ficción. La crónica que hoy me lleva a escribir desde otro… Palo (permitidme el chiste fácil), es una historia que me ha inspirado un diálogo ajeno en el Metro entre dos amigos. No lo voy a reproducir, extraeré e interpretaré la raíz de su conversación.


 El amigo 1, al que llamaremos así, Amigo1, se lamenta porque se ha pillado por una chica de una manera desorbitada. Apenas la conoce, pero afirma a Amigo2, que con lo poco que sabe de ella le ha reventado por dentro. Se ríe al mismo tiempo que se le escapa una lágrima de rabia cuando dice: “¡No son mariposas lo que tengo en el estómago, tío, son elefantes, canguros, rinocerontes, abejonejos, estorninos, periquitos, velociraptores!”. Y añade un sufrido: “Me cago en todo”. Con la misma exclamación. Amigo2 le escucha con atención y le pide que le cuente qué ha pasado. Quiere conocer la naturaleza de los hechos, porque pocas veces ha visto así a Amigo1. 

Amigo1 a partir de aquí pasa a llamarse él, y ella, lógicamente, ella. Se conocieron por casualidad, al salir de un cine al que ambos fueron solos y el azar les ubicó en dos butacas parejas de la misma fila. Se reían en los mismos puntos, resoplaban en los mismos giros, asociaban con alguna idea propia en idénticos intervalos… Era evidente que había casualidad y conexión. Cuando acabó la película se quedaron hasta el último crédito. Y cuando ya no quedaba nadie en la sala decidieron que era el momento de partir. Él le cedió el paso a ella y ella le cedió una parte de sí misma cuando le preguntó por el lugar donde situaría la película. Él contestó ¿“A qué lugar te refieres”?

El siguiente escenario
es un pequeño restaurante al que naturalmente el guion les llevó. Disfrutaron con la cena, con las palabras, con las coincidencias, con lo bueno de vivir una experiencia así. Él afirma a Amigo2 que ambos parecían sentir lo mismo, es decir, una clara conexión prometedora. De hecho, hablaron claro del... hecho y pronto salió la propuesta de volver a verse. En otro cine, como no podía ser de otro modo. 

Dos días después él estaba inquieto. Ella seguía riéndose en los mismos puntos de (ya) otra película. Él estaba más pendiente de comprobar el cableado de la conexión que de la historia que tenía delante. Deseaba explicarle lo que sentía, con cables o sin ellos. Sin esperar a otros argumentos ni guiones ni a ella. Estaba feliz con sus rinocerontes recorriendo venas y estómago. Inquieto, sobrepasado, agitado, tembloroso… Y ella, también parecía feliz disfrutando de la película empezada. Cuando llegó el último crédito él sintió que era el fin. Sin embargo llegaron a la barra de un sitio poco especial. Sólo ellos podían convertirlo en escenario prolongado de una película propia y excepcional…

Él abrió la boca. Ella escuchó. Él no se dejó ni un as en los pulmones; como mucho, un trébol sin suerte en la manga sin planchar. Ella aguantó hasta el último crédito de la peli de él… Y cuando la palabra fundió a negro, le dio un beso en la mejilla y se marchó.

Amigo1 se lamenta, se golpea repetidamente contra el asidero del Metro. Amigo2 le pide que lo acepte y le recomienda clases de arte de la boquita cerrada. Me dan ganas de intervenir, pero estoy demasiado pendiente de retener la historia para escribirla con más o menos detalles. Con más o menos matices, con más o menos implicación. Así que cierro la boquita con arte  y me pongo a teclear en el mismo escenario (escuchando flamenco a través de mis auriculares), en el mismo Metro... En la misma línea. Espero haber aprendido algo. Esta frase, la escribo ya desde mi sitio y con la boquita pequeña.

PD.: No me saco el consejo de Amigo2: "Acéptalo". 

                                                                  

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