martes, diciembre 29, 2015

La foto desarraigada

Quería ir a aquella exposición de la que tanto había leído. Llevaba dos meses intentándolo. Soñaba con ella; aparecía en conversaciones propias y ajenas. Se colaba en los recuerdos y en las ideas más absurdas; incluso entre palabras que nunca pronunciaría estando solo en mi salón. Ahí estaba, dando guerra​ una colección de fotografía que no me quitaba ojo. Instantáneas que cambiaban de fondo según la forma de mirarlas. Una sala a la que, deseando ir no podía ni acercarme. Lo intentaba, llegaba incluso a poner la directa, pero  algo ​siempre terminaba expulsándome de la ruta. Un mensaje, 140 caracteres, un link vacío, acordarme de un asunto pendiente, de una llamada... Todo valía para no ir.



Y así un día tras otro... Noche tras noche. Las fotos con fondos cambiantes me llamaban, pero no podía estar delante de ellas. Era todo un boicot a mi intención.



​Ayer, sin embargo, en una jugada consciente -mientras me desvelaba a las 4 de la mañana- encontré una fórmula para engañar al engaño con mentiras sinceras y distraerlo durante unas horas. El problema fue que la exposición había terminado y en su lugar di con una sala llena de información inconexa que agitaba por dentro al observarla. Se titulaba El dato de reojo y consistía en un conjunto de hechos, datos (netos y brutos), noticias que nunca habían sido comunicados. De todas la formas y fondos. Me quedé perplejo, no podía parar de leer, de mirar, de interpretar, de preguntarme por ésto y lo otro. Y así pasaron las horas hasta que me quedé solo y cerraron; casi tuvieron que echarme.



Decidí volver dando un paseo. Tenía una extraña sensación de desarraigo difícil de procesar. Sólo haciendo el camino al andar -pensé- podría depurar este malestar; porque es lo que era, puro malestar. Una agria sensación de ser pero no estar o de estar pero no ser del todo. Y para colmo se mezclaba con la típica paranoia de que la gente me miraba, en concreto los mayores. Mayores imaginar​ios que me decían: “Tú eres de por ahí”. Tras tanto contacto con los datos; con tanta pregunta surgida de la nada cuando me dirigía a un todo anhelado y prohibido, aquellas fotos con fondo variable; con tanto esfuerzo realizado contra la parálisis propia... Me había quedado, de pronto, sin sitio. El camino a casa se había convertido en una huida, en un regreso, en un progreso, en una afirmación, en una búsqueda del origen ​que consolidara mis decisiones. 



Lo más absurdo y esperanzador de este trayecto es que cuando llegué, con cierta ansiedad, alguien me había dejado en la puerta de mi casa una foto sin marco y con contexto por escribir. En el reverso una nota decía: “Por ahí se llega al fondo del instante. Fdo.: Una desarraigada de libro”.
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* Entrada inspirada en este "tuit" de la periodista Violeta Molina: "No pareces andaluza, tienes pinta de 'por ahí' acaban de decirme en mi pueblo #Desarraigo. Gracias @violetamolina!

domingo, diciembre 27, 2015

Soul

Levantarse, autoconvencerse, reanimarse, no lamentarse, mirarse, palmearse, sentarse, dirigirse a, puntuarse, afinar, dejar de prepararse, reaccionar... Son reglas que Ella gestiona cada mañana. O en mitad de la noche. Da igual 'la trama' horaria. Lo importante es construir cada día ese fuerte que sostenga su estructura, porque la coyuntura se hace. Se lo repite una y otra vez, siempre añadiendo un elemento nuevo, una nota más. Ella es así, muy de incorporar y reciclar, nunca de aniquilar.

Todo este ritual empezó cuando perdió a su hermana pequeña en un accidente de tráfico. Viajaban juntas, pero sólo llegó ella. Lo superó con cada centímetro que compone el tiempo. Pero todavía le cuesta entender que su gran amiga y hermana no va a ser su cómplice nunca más en tiempo real. Gracias a los infinitivos y las subordinadas que nunca pronuncia puede con ello, que no con todo. 

Aquel viaje que nunca empezó iba a ser el despegue para ambas. Un trayecto por convicción a la tierra prometida del soul. Lo habían preparado durante todo el año. Durante toda la vida. Les esperaba el escenario más anhelado. Ahora está sola ante un público ansioso por escuchar sus conclusiones, envuelta en la penumbra de la luz azul, entre viento y percusión, rodeada de letras que se abstraen por su cuenta. Ajenas al suelo.

Esta noche es el concierto. Está lista. Con ella comparte escena su banda, su fuerte, su parte por el todo reconstruido, una batería de recuerdos vivos y un alma dispuesta a ser reeditada por la nueva ola de sí misma. Ante el espejo funde su cara junto a lo verbalizado en el reflejo. Se aferra a su saxo barítono y llora por dentro, emocionada, porque sabe que ya no puede retroceder, sólo... ¡Tocar!

jueves, diciembre 17, 2015

Rescoldos archivados

Se había quedado dormido mientras concentraba su mirada en el fondo de la forma. En la primera parte del sueño viajó a una ciudad que flotaba en mitad de una idea, más o menos pensada. Antes de llegar al ecuador construyó dos castillos en un aire poco respirable. Antes de despertar tuvo una pesadilla consigo mismo: se levantaba prematuramente y en lugar de tobillos tenía el mundo a sus pies; pero era... todo un mundo caminar por él. Así que sólo podía andarse con rodeos. Y cuando despertó se había transformado en un rumor. Y eso ya no era un sueño.

El día anterior la chica que tenía interés por él giró la cabeza (mirada incluida) y del quiebro le provocó un esguince cerebral. Quizá de ahí que mutara de cierto a rumor. Se sentía cierto, pero muy de pasada y como no podía confirmarlo se cosió a una duda tan sólida como razonable. Ella, la chica, no era consciente porque nunca vivió el vínculo con la misma intensidad que él aplicaba a cada momento de su vida. Y era más de negar que de dudar. Eso sí, cuando le abandonó empezó a afirmar. Sabía que no podía caminar junto a un rumor que se dejaba sus días entre actos oníricos. Así es él, se justificaba ella. 

Días después un sueño se hizo autónomo y puso una sede alternativa de sí mismo. Segúramente se trataba de un leucocito sublimado que decidió por su cuenta, más allá de rumores. La cosa fue tomando forma, con la nutrición adecuada. Incertidumbres y afirmaciones discutían en todo tipo de formatos: sueños, canciones, pensamientos, frases, diagramas, vasos, frases (poco) hechas... Dialogaban, se gritaban, hacían pactos. Y así, poco a poco él volvía a ser él sin la obligación/necesidad de ser el mismo. Lo importante era estar en el sitio, en su lugar. 

Y ahora yo -un servidor, un glóbulo aclarado, alguien que escribe sin resistencias- he decidido apagar un rato la luz para trabajar con aquellos rescoldos que nunca debí archivar.