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Mostrando entradas de enero, 2016

El verbo y el tren coloquial

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Esperaba subirse a un verbo que le llevara lejos. Lejos del último adjetivo que le arrastró hasta el reverso del suelo que pisaba. La mente en blanco y un mapa por recomponer, una geografía por reubicar. La frase de su amiga fue letal. Cada letra iba cargada con verdades que ni él mismo había valorado. Las comas, las pausas, los silencios y lo malditos puntos suspensivos quemaban. Así esperaba ese vehículo redentor. Inquieto, teneroso, tembloroso, entusiasta del desaliento, sabedor de sus miserias, conocedor accidental de las verdades que le dan cuerpo a la mente...
...Y en su maleta tan sólo llevaba un verso contagioso que no escribió. Un texto que recibió por azar de un sueño a través de un diálogo que no sabe cómo empezó pero sí adónde le llevaba. 
El murmullo del vagón susurraba desde el fondo del plano. Podía oler el reflejo de su escapada. Imaginaba una huída para empezar, no de cero, pero sí desde un quiebro de sí mismo. Enraizar en su propia vida a partir de un fallo de siste…

El epílogo de un link al agujero negro

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Lleva dos días perdido en internet. Nadie sabe nada de él. Nada sabe él de sí mismo. Está ahí, pero no. Dicen los que le conocen que ha pasado por una plaza cercana a la gran plataforma de ventas. Los que no le conocen comentan que hace un rato que se le ha visto por la librería del Tres. Él lo niega, pero no del todo.Una amiga "de sie mpre" sabe algo más. 
...Se vieron en una bandeja de entrada. Estuvieron repasando diálogos archivados. En uno de estos había un sueño adjunto. El que tuvo ella sobre él en los años de universidad. Veía un parto de una novia inexacta e inexistente que daba a luz un preámbulo. Él abrazaba a los dos y completaba el epílogo (aparentemente) innato. Después cambiaba la secuencia y todo se convertía en un ventanal desde donde se apreciaba cómo el panorama ganaba en nitidez. Y todo el sueño era parte de otro. Qué cosas.

Pero la realidad, al menos la que dicen los expertos en perdidos, es que pinchó en un enlace que ocultaba un agujero negro…

Sangre con buena letra

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"Aquí no ha pasado nada", dijo el propietario de la Taberna Imposible. Minutos antes dos hombres sin motivos, que no desmotivados, habían roto su palabra. Cinco letras que no tenían culpa de nada, más allá de su formación. Se ensañaron sin contemplaciones con ella. Un corte por la mitad, una patada en todo su acento, aplastamiento en su agudeza vertebral, puñetazos al núcleo del diptongo... Y así, agresión tras agresión hasta dejarla rota, moribunda, despedazada y despojada de su sentido. Apartada de su lugar, expulsada del espacio en blanco. 
Ejecutada la pena, nadie quiso hablar, salvo el propietario... Que lo hizo para callar y hacer callar. Sin embargo, en la escena había un tipo ciego, ciego de alcohol y mudo, mudo porque alguien, horas antes, le quitó la palabra en una reunión. No había visto nada obviamente, y deseaba articular argumento. No tenía miedo de los tipos aquellos. Sólo temía perder palabras no dichas. Su depósito de letras. Se expresó, vomitó…

Resistencia balística

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Mario salió a la terraza de aquella casa que no era suya. Hizo una pausa en la serie policíaca que no quiso ver. Miró a la calle y vio una secuencia real que no debió presenciar. Como ocurre en tantas pelis, un tío se baja de una furgoneta verde y le pega un tiro al conductor que tenía delante. Después mira hacia arriba y ambas miradas se cruzan. Cuando Mario quiso procesar lo que estaba pasando tenía una pistola apuntándole a la cabeza y al segundo una bala en el cerebro. El malo se fue y Mario se quedó tendido en la terraza donde empezó esta historia. 
Tuvo suerte. Cuando el proyectil iniciaba su introspección destructiva se topó con una idea sólida que frenó su paso y le salvó la vida. Fue una idea que se había fraguado noches atrás, empapada en vino chileno e impulsada por la proyección de una ocurrencia temporal. Tenía tejido a prueba de balas, elaborada con altas dosis de empeño. Resistente y reticente. Cada noche, desde hace un año, Mario salía a su terraza a proponerse planes…